¿Por qué el fenómeno del Niño genera lluvias y nieve en otros países?

¿Por qué el fenómeno del Niño genera lluvias y nieve en otros países?

Pronostican que hasta junio del 2016 se soportarán sus efectos.

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16 de octubre 2015 , 09:35 p.m.

Las reses muriendo de sed en las sabanas, los caminos de piedra que antes eran ríos, los incendios de vastas hectáreas de bosques son las imágenes más comunes con las que se asocia el fenómeno del Niño en Colombia.

Pero este evento de la naturaleza, que hoy se ensaña con el mundo, también es el responsable de que la nieve haya regresado a los campos de esquí en Chile, que los corales pierdan su color en Australia y hasta que en el desierto de Atacama, el más seco del mundo, hayan vuelto a crecer las flores.

Los extremos más visibles e increíbles del clima están sucediendo este año, considerado por la Organización Mundial Meteorológica (OMM) como el más caliente desde 1880, cuando se empezaron a monitorear los registros del clima.
Además, de acuerdo con el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas (PMIC), copatrocinado por la OMM, el Niño de 2015 es el primero que se ha producido desde la rápida fusión del hielo marino y del manto de nieve del Ártico.

Por la presencia de aire cálido en el Pacífico se registran condiciones más secas en Australia, Indonesia y el sureste y sur de Asia. Incluso, el Departamento de Meteorología de India, por primera vez en su historia, difundió públicamente un aviso de sequía que pronosticaba precipitaciones monzónicas un 12 por ciento más bajas de lo normal.

La falta de lluvias también le pasa su cuenta a Centroamérica y a las zonas del nordeste de América del Sur. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió que varios países centroamericanos han perdido una gran parte de su cosecha de cereales por la prolongada sequía.

En Colombia se calcula que a lo largo del año se han presentado más de 3.900 incendios forestales. Archivo El Tiempo.



El escenario contrario lo vive el Cuerno de África y el cono sur de América Latina donde ocurren inundaciones producto de fuertes lluvias. Por ejemplo, después de ocho años de una sequía que dejó los campos secos y los centros de esquí sin nieve, una ráfaga de clima húmedo, posiblemente a causa del fenómeno del Niño, ha entrado en la zona central de Chile.

La inusual caída de agua, que azotó a la zona más árida del territorio chileno, trajo también como consecuencia la transformación del desierto de Atacama, donde ahora han florecido más de 200 especies nativas que impregnan el desierto de inusuales aromas y colores, según reportó el Servicio Nacional de Turismo en Atacama.

Pero no todos los efectos de este Niño son tan hermosos. Esta semana, investigadores de la Universidad de Queensland y la Agencia Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) de Estados Unidos, advirtieron que el Niño puede causar el próximo año serios daños a las barreras de coral del mundo, que pueden sufrir un efecto de decoloración sin precedentes. Se tratará solamente del tercer fenómeno global de decoloración o blanqueamiento en la historia, y zonas como la Gran Barrera de Coral de Australia se verán duramente afectadas.

Estos son los corales que han identificado pueden afectarse con el aumento en la temperatura del agua. Archivo particular.



De otro lado, las consecuencias de este evento natural también las padecerán los humanos. A comienzos de este mes, investigadores de la Universidad de Pittsburgh advirtieron que este fenómeno podría desatar una epidemia de dengue a gran escala en el sureste de Asia.

Los análisis que hicieron muestran que las temperaturas elevadas pueden crear las condiciones ideales para que se propague una epidemia de este mal a gran escala. Los investigadores analizaron 18 años de informes sobre dengue a lo largo del sureste asiático, de acuerdo con el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, una publicación científica revisada por pares internacionales.

Más allá de las enfermedades, desastres, cambios en los ecosistemas y pérdida de la agricultura, la alerta que siguen emitiendo las agencias internacionales de predicción climática y el mismo Ideam en Colombia es que el Niño ni siquiera ha llegado a su punto máximo. Se espera que entre diciembre de este año y febrero del próximo alcance su mayor nivel. Solo hasta junio del 2016 finalizaría esta temporada de lluvias y sequías que el Niño produce en el mundo.

‘Esperamos que no sea más fuerte que el Niño de 1997’

Eduardo Zambrano, investigador oceanográfico del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno del Niño, habló con EL TIEMPO sobre las características del actual fenómeno y las previsiones que tienen los expertos en el tema.

¿Qué está ocurriendo en el continente con el Niño?

En realidad, desde el año pasado, en abril, se presentaron las primeras alertas cuando se reportaron las anomalías en el océano, pero luego se atenuaron y disminuyeron. Estas alteraciones en la temperatura del mar se producen en distintas partes del globo y no son simultáneas. Por ejemplo, desde el segundo semestre del año pasado, Centroamérica comenzó a sentir la sequía que se mantiene hasta el momento. Eso le está ocurriendo al norte de Colombia, Venezuela y Brasil. En cambio, por el sur estamos reportando fuertes precipitaciones que golpean a la provincia de Buenos Aires (Argentina), Uruguay y Paraguay.

¿A qué se debe que en unas partes llueva y en otras no?

Las circulaciones atmosféricas se distribuyen de manera distinta. Las corrientes que llevan esas precipitaciones también difieren. Por ejemplo, lo que mueve las precipitaciones en Centroamérica y el norte de Colombia es lo que se conoce como la zona de confluencia intertropical, que se ha desplazado totalmente al sur y casi que está a la altura de Tumaco (Colombia). Eso está influenciando directamente el mar. Normalmente, debería estar al norte de Panamá. Lo que estamos observando es que el máximo de esta anomalía se dé a mediados de noviembre hasta enero-febrero del próximo. Ahí comenzará a debilitarse hacia mayo y junio del 2016.

¿Podría haber un cambio en ese curso?

Ahora todo depende del anticiclón del Pacífico sur, ese centro de alta presión que se ubica frente a Chile. Está un poco activo y soplando, lo que detiene el avance de las aguas cálidas del Niño.

¿Le está haciendo una barrera al Niño?

Aparentemente sí, aunque el anticiclón ya entró en una fase de debilitamiento, porque vamos a entrar en el verano del Cono Sur. Así se va a debilitar el anticiclón, los vientos alisios y la corriente de Humboldt. Esa barrera que estaba va a empezar a ceder.

Han advertido que este es el Niño más fuerte de la historia. Si es así, ¿qué seguimiento le ha hecho el Ciifen?

Este evento, como todos, tiene fases. Cuando estaba en la fase de desarrollo, era de 4 grados; sumando esa anomalía con el ciclo de verano, podríamos tener un fenómeno muy fuerte. Sin embargo, durante este proceso, de marzo a octubre, la acción del anticiclón se ha encargado de reducir esas anomalías. Además, hemos tenido una serie de huracanes categoría 4, que de una u otra manera le han ido restado un poco de calor al océano. No obstante, cuando llegue aquí va a seguir caliente, pero esperamos que no sea más fuerte que el del 1997. Ese es el mejor de los escenarios.

Si el anticiclón limitó al Niño, ¿por qué estamos viendo consecuencias tan críticas en nuestros países?

Resulta que la fase de formación del evento se dio en el Pacífico centro, donde tuvo la máxima intensidad. Eso, a su vez, altera la atmósfera y es lo que impactó a Centroamérica y al norte de Suramérica. Cuando el evento estaba desarrollándose ocurrió en la zona que más nos afecta, porque esa región es la que ocasiona los impactos conocidos como teleconexiones, que a su vez golpean tanto al norte del continente como a la región central de Chile. Por eso se han presentado las lluvias en el Atacama, uno de los desiertos más secos del planeta. Hasta ha florecido. En el centro del Pacífico, crece esa gran herradura que impacta de maneras distintas a toda la región. En el sur de Colombia, Perú y Ecuador estamos esperando su mayor impacto a finales de noviembre.

Aunque el Niño no es producto del cambio climático, ¿el Ciifen tiene evidencia de si el calentamiento global intensifica o cambia al Niño?

En la actualidad, no tenemos evidencia para relacionarlos. La última reunión del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático no ha dado señales claras sobre ese efecto. No conocemos que haya una relación. Aunque podría ser un factor que colabore con el Niño. Este año, lo que va de enero a la fecha se constituye como el año más cálido del que se tiene registro. Otro asunto adicional es que en el hemisferio norte, en el Pacífico, se presenta una situación conocida como la oscilación decadal del Pacífico. Cada 20 años oscila entre anomalías positivas y negativas. En este momento está en sus valores positivos.

¿Cómo está la situación en otros continentes?

El norte de Australia está en una restricción de aguas, tienen una fuerte sequía. En las regiones del sur de África también hay falta de lluvias. En el cinturón ecuatorial de ese mismo continente pasa igual que con los humanos, ningún Niño es igual a otro. Hay eventos cuando una región sufre más que otras.

Ahora mencionaba que el Niño existe desde que la Tierra es Tierra, pero aun así nos sigue impactando fuertemente.

¿Qué tanto hemos aprendido a conocer este fenómeno?

Este evento no es cíclico, sino recurrente. Va a venir siempre. A pesar de que sabemos que va a ocurrir cada dos a cuatro años, seguimos cometiendo los mismos errores. Entre el 2009 y el 2010 tuvimos un Niño, pero muchos no se dieron cuenta por las intensidades. Ha habido muchos Niños que para el común de las personas pasaron inadvertidos. Solo en esta década, tuvimos un Niño entre el 2004 y 2005, 2006 y 2007, y 2009 y 2010. Y si le pregunta al común de las personas, el último que recuerdan es el de 1997 y el de 1983, que fueron intensos como este.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Redactora de Medioambiente
laubet@eltiempo.com

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