Hágalo usted mismo

Hágalo usted mismo

Cuanto más desarrollado un país, menos personas te ayudan a funcionar.

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16 de octubre 2015 , 06:33 p.m.

Avanzamos en la vida actual hacia un mundo autogestionado. El ciudadano es convocado de modo permanente a responder por su funcionamiento, sin otra ayuda que algunas instrucciones. Ciertas urbes del mundo ya viven hoy ese futuro en el que cada quien se vale de sí mismo, y en eso consiste esa nueva y exigente competencia ciudadana.

Tomo como ejemplo Zúrich, joya del buen hacer ciudadano, en donde las instrucciones, varias de ellas implícitas, proyectan su buen éxito colectivo. Fui invitado por el Instituto de Ciencia y Tecnología (ETH) a participar en un evento urbanístico, y como ciudadano experimenté en cada paso esa actitud de delegación de saberes institucionales hacia cada sujeto. Desde antes de llegar se me dio un código con el cual abrir la puerta de una hermosa casona, dispuesta para albergar investigadores invitados. Llegué luego de varias conexiones, también informadas por correo. Entré y un sobre me esperaba con nuevas indicaciones para uso de internet, más un mapa para desplazarme. Al otro día me levanté muy temprano para disfrutar el paisaje, y tomé el desayuno usando varias maquinitas que preparaban bebidas calientes. Seguí el mapa y llegué a un funicular que funcionaba sin conductor y me trasladó al tren que me llevaría al trabajo.

En una semana en Zúrich, no obstante mis esfuerzos, no encontré algún disfuncionamiento en sus sistemas operativos. Lo más impresionante son los trenes, coordinados como una relojería suiza. El último día dicté mi conferencia, y estuvo presente el embajador encargado de Colombia, lo que agradecí, y aún más cuando manifestó su interés en un proyecto de ‘Zúrich imaginada’ que se hará bajo mi orientación. Aproveché para preguntarle sobre su impresión de estos niveles de precisión de la Zúrich pública: solo dijo, muy diplomáticamente, que aprender de ello para Colombia sería parte de su apoyo al proyecto.

Al otro día regresaba, muy temprano, y no había servicio automático de funicular, así que utilicé el manual y yo mismo lo puse en marcha, hasta el tren que me llevaría al aeropuerto. Allí, nada de filas; con el código de barras de mi check in online crucé todas las puertas, hasta el avión que me traería a Colombia. Al llegar a mi ciudad sentí que las cosas cambiaban notablemente: cuanto más desarrollado un país, menos personas te ayudan a funcionar.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

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