Casas de madera y latas son la vivienda de 240 mil personas en Bogotá

Casas de madera y latas son la vivienda de 240 mil personas en Bogotá

Estudio revela que hogares en tugurios ascienden a 50.400. Su población tiene carencia en servicios.

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16 de octubre 2015 , 04:07 p.m.

Casas improvisadas hechas con plástico, pedazos de madera y latas, que a duras penas se mantienen en pie y a las que no llegan servicios públicos, son la vivienda de unas 240.000 personas en Bogotá, quienes, sin tener opción, decidieron construir cambuches en territorios no urbanizables. Esta realidad no es nueva y lo alarmante es que no ha podido ser contrarrestada.

Un estudio hecho por la organización Techo, encargada de trabajar en comunidades marginales, evidenció que en la ciudad existen alrededor de 50.400 hogares de este tipo, ubicados en 125 asentamientos informales, los cuales en su mayoría se encuentran hacia la periferia.

Ciudad Bolívar y Usme suman el 59 por ciento de los asentamientos que existen desde hace más de 60 años en la ciudad. De acuerdo con la investigación, entre las décadas del 70 y el 90 hubo un alto crecimiento de este fenómeno como consecuencia del desplazamiento forzado.

Incluso, los voluntarios que trabajaron en dichas zonas encontraron personas desplazadas por la violencia partidista entre conservadores y liberales, que tuvo lugar en la década de los años 40 y 50.

“Casi 60 años de conflicto demuestran que el desafío no solo se centra en el desarrollo rural y en el proceso de reconciliación, sino también en construir ciudades inclusivas”, explicó Daniela Carvalajino, directora social de Techo.

Escasos beneficios

De los 125 asentamientos informales que se encontraron, más de 80 tienen acceso a al menos un servicio público. No obstante, cerca del 40 por ciento de esta población tiene conexión irregular a redes de acueducto y energía y el 13 por ciento ni siquiera tiene acceso.

Se evidenció, además, que el acceso a servicios depende de la ubicación; por ejemplo, los asentamientos que están hacia el sur son más lejanos, por lo que es complejo que el transporte público llegue hasta allí.

En cambio, los que están en sectores centrales, como Chapinero, tienen más facilidad de encontrar transporte, por la cercanía a barrios legales.

La educación es el único beneficio que no flaquea, ya que los niños que viven en el 85 por ciento de los asentamientos tienen la oportunidad de matricularse en instituciones educativas. No obstante, la garantía de que ellos y los adultos tengan acceso a salud es muy reducida.

Por si fuera poco, las duras condiciones climáticas y geográficas empeoran la situación y generan graves enfermedades entre la población. Y, lo peor, los centros de salud son muy lejanos y la atención de ambulancias falla constantemente.

Lo anterior es una muestra de que las políticas públicas no han sido suficientes, aunque entidades como la Secretaría de Planeación han legalizado durante este año 20 barrios. Pero para la organización Techo estos esfuerzos quedan cortos ante la necesidad de quienes viven en estas áreas marginadas.

“Así como invertimos dinero en lugares legalizados, deberíamos invertir parte de ese dinero en los asentamientos para formalizarlos y garantizar un mejor hábitat”, concluyó Carvajalino.

BOGOTÁ

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