Confusión sobre violencia

Confusión sobre violencia

Su autor presenta un libro sobre 5 autores que se han ocupado de la desoladora actualidad.

16 de octubre 2015 , 12:23 a.m.

Durante el siglo XX, los países hispanohablantes sufrieron (y aún siguen sufriendo) los efectos de innumerables tipos de violencia. Quisiéramos pensar que la violencia es algo lejano y remoto, pero en realidad es parte y da forma a la vida cotidiana de millones de personas. Y sin embargo, existe una inquietante paradoja respecto a la violencia. Estamos saturados de discursos, textos y -especialmente- de imágenes sobre la violencia con las que somos bombardeados a diario. Existen numerosos estudios sobre los distintos tipos de violencia. Sin embargo, a pesar de (o quizás debido a) esta abundante literatura, hay una enorme confusión con respecto al significado de la violencia, los diferentes tipos de violencia, la manera en que se relacionan entre sí y la relación con la no-violencia. Mi objetivo en este libro es modesto pero, al mismo tiempo, importante. En él analizo cuidadosamente la obra de cinco pensadores que han reflexionado profundamente sobre el significado de la violencia: Carl Schmitt, Walter Benjamin, Hannah Arendt, Frantz Fanon y Jan Assmann. Cada uno de ellos es provocador, polémico e influyente.

Un buen número de las discusiones contemporáneas sobre la violencia se apoya en alguno de estos pensadores. Mi pregunta es sencilla y directa: ¿qué podemos aprender de ellos sobre el papel de la violencia en la vida humana? En primer lugar, muestro que a pesar de los brillantes análisis de Schmitt, existen aporías y tensiones no resueltas en el corazón mismo de su concepción sobre ‘lo político’ y su famosa distinción entre amigo y enemigo. Schmitt nos enseña el camino hacia los problemas políticos y normativo-morales que debemos enfrentar si queremos evitar la violencia absoluta e ilimitada, pero, al mismo tiempo, socava la posibilidad misma de enfrentarlos seriamente. En mi discusión sobre el ensayo de Walter Benjamin ‘Para una crítica de la violencia’, me concentro en lo que él entiende por ‘violencia divina’ y examino varias interpretaciones de este concepto enigmático. La importancia del ensayo de Benjamin radica, no en las respuestas que ofrece, sino en las preguntas que nos obliga a hacernos sobre la violencia y la no-violencia. Por su parte, Hannah Arendt nos ofrece un acercamiento muy diferente, uno que se basa en la aguda distinción entre poder y violencia. El tipo de poder que a ella le interesa es aquel que surge cuando el pueblo actúa en conjunto: el empoderamiento. El poder y la violencia son antitéticos. La violencia puede destruir el poder pero jamás crearlo. Arendt fue una crítica implacable de la influencia de ‘Los condenados de la tierra’ de Fanon y de lo que a sus ojos era una creciente celebración de la violencia. Yo, sin embargo, considero que el libro de Fanon debe leerse como una crítica a la violencia y especialmente a la violencia del colonialismo. Su propósito es elaborar un argumento para mostrar por qué la lucha revolucionaria es indispensable para destruir la violencia colonial. Jan Assmann se ocupa de la violencia religiosa y su relación con lo que él llama ‘monoteísmo revolucionario’, es decir, el tipo de monoteísmo para el cual solo hay una religión verdadera y todas las demás son falsas. La lección que nos enseña es muy importante: la violencia religiosa es una posibilidad siempre latente que puede conducir a asesinatos, violaciones, tortura y genocidio. Esta es la razón por la cual debemos estar alertas ante los peligros de la violencia religiosa, y oponernos a ella.

A lo largo del libro también discuto el trabajo de otros autores que se han apoyado en las reflexiones de estos cinco pensadores, incluyendo a Jacques Derrida, Judith Butler, Simon Critchley y Slavoj ¿i¿ek. Por último, intento integrar sus puntos de vista en una comprensión dialéctica de la relación entre la violencia y la no-violencia. Aunque debemos estar comprometidos ética y políticamente con la no-violencia, existen circunstancias excepcionales en las cuales se justifica el uso de la violencia. Lo que no existen son principios o criterios abstractos para determinar cuándo la violencia es permisible. Cultivar comunidades comprometidas donde se estimule y promueva la discusión y el debate sobre la violencia es una tarea práctica permanente. La violencia desenfrenada triunfa allí donde el espacio de discusión público y comprometido se desvanece…

VIOLENCIA
Pensar sin barandillas
Ensayos sobre Schmitt, Arendt, Benjamin, Fanon, Assman
Richard Bernstein
Gedisa

 

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