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Efectos de las encuestas sobre el comportamiento electoral

Efectos de las encuestas sobre el comportamiento electoral

Es un error establecer lapsos de oscuridad estadística en periodo electoral.

15 de octubre 2015 , 06:51 p. m.

Es cierto que las encuestas influyen en las decisiones de los votantes. La posibilidad de medir la opinión pública transformó la forma como los ciudadanos hacen los cálculos para escoger a los gobernantes y por lo tanto el propio concepto de democracia.

La creencia generalizada indica que el candidato puntero obtiene ventaja porque el oportunismo del ciudadano promedio lo induce a apostarle al “caballo ganador”, mientras se ve mermada la autonomía del elector. Según este argumento, el gregarismo de que “Vicente va para donde va la gente” (o efecto bandwagon, en la terminología técnica) terminaría por contaminar el proceso electoral y en esa medida los sondeos serían antidemocráticos e indeseables.

Sin embargo, la literatura especializada muestra que los efectos de las encuestas sobre las preferencias electorales son mucho más ambiguos. Aunque es posible que en ocasiones refuercen el “efecto Vicente”, pueden tener consecuencias distintas e incluso opuestas a las esperadas. Para apenas mencionar un estudio, Riquelme (2012) encontró que en Chile los votantes que figuran como minoría en sucesivas encuestas, al actualizar su conocimiento sobre las tendencias del electorado aumentan la probabilidad de salir a votar en una proporción mayor que los que aparecen como mayoría, quienes se confían el día de elecciones. Se produce en este caso un efecto underdog que favorece el voto estratégico a favor del que va perdiendo. No obstante, la esperanza de ganar repercute en sentido contrario, por lo que este efecto opera mejor en competencias apretadas.

Aunque es imposible predecir unívocamente el impacto de las encuestas en el sentido del voto, existen al menos tres argumentos que especifican su valor democrático:

1. Las encuestas aumentan el interés de los medios y con ello la espectacularidad de la política, convirtiéndose en una herramienta de lucha contra el abstencionismo. Está probado que un mayor cubrimiento mediático aumenta la participación electoral porque el elector se entera más fácilmente de que hay elecciones y de su importancia (Geys, 2006).

2. Son un mecanismo efectivo de prevención del fraude electoral. Unas elecciones sin control estadístico previo son el escenario ideal para la manipulación de resultados.

3. Favorecen la realización de alianzas estratégicas que mejoran la representatividad del sistema. Es legítimo y deseable que electores con tendencias ideológicas afines, cuando advierten la inviabilidad de ciertas candidaturas, decidan promover alianzas para enfrentar en bloque adversarios más poderosos.

Es un error establecer lapsos de oscuridad estadística en periodo electoral. En Colombia está prohibida la publicación de encuestas durante la semana anterior al día de elecciones presidenciales. Lo único que se consigue con esto es impedir la validación de la calidad de los estudios con el resultado final. Muchos se quejan de los descaches de las firmas encuestadoras, que siempre utilizan como excusa por sus errores el argumento de que las preferencias cambiaron durante el tiempo de veto. La única forma de promover una autorregulación de la calidad de las encuestas es autorizarlas hasta el último momento (incluidos los sondeos a boca de urna) para que los empresarios de la opinión pública asuman el costo económico por sus malas predicciones. En un mercado abierto, los malos encuestadores sencillamente se quiebran porque cuando no aciertan pierden credibilidad, que es su mayor capital.

Por su parte, para las elecciones locales el único límite legal que existe es la publicación de encuestas el día de elecciones, pero se rumora que el Consejo Electoral está próximo a emitir una resolución que las prohíbe desde una semana antes. Este sería un grave error teniendo en cuenta los resultados tan disímiles que se han presentado sobre la carrera por la alcaldía de Bogotá. Con este veto se frustraría la posibilidad de evaluar la idoneidad de las firmas encuestadoras.

Muchos ciudadanos ingenuos afirman no creer en las encuestas. Pierden de vista que las elecciones son también una encuesta, solo que con una muestra más robusta. A decir verdad, no hay necesidad de “creerles” a las encuestas porque la estadística es una ciencia, y como toda ciencia puede (y debe) prescindir de la fe. Lo realmente importante es poder controlar su calidad y para este fin no hay nada más eficaz que autorizar su publicación hasta el día de elecciones. En este, como en tantos otros asuntos, lo deseable es el mayor grado de libertad.


José Fernando Flórez
Abogado y politólogo

@florezjose

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Bibliografía mencionada:

- Geys, Benny, 2006. “Explaining voter turnout: A review of aggregate-level”, Electoral Studies 25 (4): 637-663.
-Riquelme, Nicolás, 2012. Las encuestas y su efecto en la votación: equilibrio de Nash bayesiano y con preferencias privadas y adquisición endógena de información, Tesis para optar al grado de Magíster en Economía aplicada, Universidad de Chile.

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