El sueño de los nanosatélites 'made in' Colombia

El sueño de los nanosatélites 'made in' Colombia

Estos dispositivos le abrirían al país un camino hacia la investigación científica y tecnológica.

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14 de octubre 2015 , 09:01 p.m.

En astronomía se requiere de ciertas condiciones para indagar sobre el cosmos. Digamos que queremos estudiar el espectro visible –la luz que podemos ver los humanos– de las estrellas cercanas. Primero necesitamos de algo que colecte la luz, es decir un telescopio; luego, del instrumento que divide esa luz formando un espectro, el espectrógrafo; además, un medio de captura, puede ser una cámara fotográfica, y por último, alguien que analice la información.

La luz que se recibe para generar el espectro varía según la atmósfera que esta atraviesa, ya que puede ser absorbida, refractada o reflejada por las moléculas que componen las capas atmosféricas de nuestro planeta. A esto se suman los movimientos de la atmósfera, debido a cambios de presión y temperatura a diferentes alturas, que ocasionan la llamada turbulencia atmosférica, la cual distorsiona las imágenes que capta un telescopio.

Así que para observar bien una estrella se deben colocar el telescopio, el instrumento, la cámara y el observador en lo alto de una montaña, donde la humedad sea baja. Por eso, consorcios como el Observatorio Europeo del Sur (ESO) o el National Optical Astronomical Observatory (Noao) tienen sus observatorios a grandes altitudes.

Si bien la atmósfera permite el paso de cierto tipo de luz, como el ya mencionado rango visible, también bloquea, entre otros, los rayos ultravioleta extremos (EUV), impidiendo su observación astronómica.

La mejor opción es enviar el telescopio, el instrumento y la cámara fotográfica al espacio, a bordo de un satélite. Es lo que hacen la Nasa y la Agencia Espacial Europea (ESA), entre otras agencias. El tamaño del satélite varía según los requerimientos científicos. Un primer paso para que Colombia avance en la élite de desarrollo e investigación científica sería un nanosatélite –un satélite convencional miniaturizado al tamaño de una caja de zapatos– para estudiar el universo. Por ejemplo, para observaciones solares en rayos-X o espectrales.

Un nanosatélite, como sus ‘hermanos mayores’, tiene procesador, memoria, sistemas eléctricos y mecánicos. Su ventaja es el costo, que resulta mucho menor. Hoy solo existe uno para la observación del Sol en rayos-X duros (de elevada energía), el cual dejará de operar pronto.

Estos artefactos se construyen como un juego de Lego: se compran las piezas y se arman. Aunque el costo suele ser el principal obstáculo, desarrollar un nanosatélite para observar la Tierra valdría entre 300.000 y 500.000 dólares, incluyendo su lanzamiento. Si se quiere uno para observar el Sol, su costo se elevaría a 10 millones de dólares.

Aunque la cifra suena astronómica, puede no serlo tanto si se compara con los gastos del Gobierno en “publicidad y eventos” que entre el 2012 y enero del 2014 llegaron a cerca de 2,3 billones de pesos, lo que al cambio de entonces equivale a unos 1.000 millones de dólares, eso es 100 veces más de lo que costaría el nanosatélite de observación solar.

Hacer realidad la idea de este nanosatélite colombiano tomaría unos cuatro años y emplearía alrededor de 50 personas. Estos costos no incluyen la estación de telemetría (comunicación y recepción de datos), que en términos prácticos es una antena parabólica de 5 a 10 metros.

En el país se adelantan esfuerzos particulares para el desarrollo de tecnología satelital, pero su futuro depende de un mayor apoyo estatal. Este respaldo no solo traería beneficios para la comunidad científica, sino para áreas como el agro, la prevención de desastres, el cuidado del medioambiente y las comunicaciones.

La experiencia del Libertad 1

Un cubo de 10 centímetros de lado, en el que se invirtieron cerca de 800 millones de pesos, representó el primer esfuerzo por desarrollar tecnología satelital en Colombia. El Libertad 1 fue un proyecto de la Universidad Sergio Arboleda, el cual se lanzó al espacio el 17 de abril del 2007 junto con otros 14 satélites de diferentes países a bordo del cohete Dnepr-1 desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán).

Se estima que realizó más de 2.300 trasmisiones, en las que envió más de 11.600 paquetes de datos, entre ellos temperaturas en tiempo real de sus superficies y velocidades de órbita.

JUAN CARLOS MARTÍNEZ*
Para EL TIEMPO
* Investigador colombiano del Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California, en Berkeley.

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