Hazaña de una revista

Hazaña de una revista

'Kinetoscopio' es de las publicaciones más antiguas de América Latina.

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13 de octubre 2015 , 08:38 p.m.

En esta época en que la información de todo tipo y de los más remotos lugares circula por la red, de manera gratuita y casi de manera instantánea, es una verdadera hazaña mantener en circulación una revista especializada en cine, que, además, en muchas oportunidades llega a tener hasta 200 páginas. Quienes hacen la revista de cine más antigua del país, ‘Kinetoscopio’, son conscientes de que lo suyo es una proeza y que gracias al Centro Colombo Americano de Medellín, que siempre los ha apoyado, pueden darse el lujo de cumplir bodas de plata y aspirar a las de oro, sobre todo en esta época dorada del cine colombiano.Cuando en 1990 el corpulento sacerdote, escritor y uno de los más reconocidos especialistas en cine del país, Luis Alberto Álvarez, y Paul Bordwell, gestor cultural norteamericano que llegó a Medellín en 1984 como director de su Centro Colombo Americano, crearon la revista y la bautizaron con el nombre del primer aparato para ver cine, muchos pensaron que se trataba de una de las tantas publicaciones de expertos que tenía muy buen comienzo, pero final a la vuelta de la esquina. Se equivocaron. Álvarez, contra todos los pronósticos, vaticinaba que esta publicación tendría larga vida, porque cada número era aplaudido por expertos y profanos que orgullosos la leían y la recomendaban.

Esa primera revista, que se publicó en febrero de 1990, de 24 páginas, con un precio de $ 100 pesos, se vendía en el Colombo y en algunas librerías y cines de Medellín. Poco a poco se fue consolidando y cada número fue conquistando lectores que se volvieron incondicionales. En 2004, el Festival de Cartagena le tributó un homenaje a la quinceañera, sin uno de sus creadores, Álvarez, quien murió en 1996, muy joven. En ese homenaje, Paul Bardwell dictó dos conferencias: ‘Escribir sobre cine’ y ‘Cómo se hace una revista de cine en Colombia’, que fueron seguidas con fruición por esos ‘gomosos’ cinéfilos que admiraban el trabajo de la redacción de ‘Kinetoscopio’ y su resistencia en medio de los cierres obligatorios de las revistas culturales.

Archivo particular

En la actualidad, su director, Andrés Murillo, desde finales de 2009, enumera las fortalezas de su publicación haciendo hincapié en que “el equilibrio entre escritores nacionales e internacionales, el acompañamiento a la evolución del cine nacional, destacando y marcando los puntos altos y bajos, y un trabajo dedicado a la formación de públicos y la capacidad de reflexión a la que invita la revista”, son sus mejores credenciales y los méritos que la hacen única, frente a los innumerables sitios web que, sobre cine, abundan en nuestro medio.

El médico Juan Carlos González, comentarista de EL TIEMPO, es el editor de ‘Kinetoscopio’ desde hace 22 años, y junto a Oswaldo Osorio y Samuel Castro constituye el núcleo de la revista que cuenta con unos 30 colaboradores que se rotan en cada número, de los cuatro que salen al año. Anualmente, se hacen dos ediciones digitales que se envían gratis a los suscriptores. Sus 25 años, que se celebran todo 2015, comenzaron con un gran evento en el pasado Festival Internacional de Cine en Cartagena, FICCI: la clase magistral de Kim-ki-Duk. Pero no solo con invitados especiales festejarán sino con la organización de talleres de formación, una de sus especialidades.

‘Kinetoscopio’ es de las publicaciones más antiguas de América Latina y en Colombia se lleva el primer puesto es este mercado tan limitado, que en España, por ejemplo, tiene en circulación una veintena de revistas, las que a pesar de la crisis económica siguen vendiéndose. Carlos Alberto González disfruta ahora escribiendo de cine tanto como cuando estudiaba medicina y leía las críticas del padre Luis Alberto Álvarez en ‘El Colombiano’. Lo que menos le gusta de su trabajo de editor de ‘Kinetoscopio’ son los escritores que no cumplen y los que escriben de manera críptica pensando que así serán catalogados como más inteligentes. Como en una carrera de relevos, los lectores de ‘Kinetoscopio’ de ayer son sustituidos y multiplicados por los de hoy.

MYRIAM BAUTISTA

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