Salvar vidas

Salvar vidas

La razón para respaldar los diálogos de La Habana es simple: la negociación salva vidas.

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13 de octubre 2015 , 06:53 p.m.

“No se persuade a una abstracción, es decir, al representante de una ideología”, escribió Albert Camus.

Abandonemos la ilusión de conseguir el apoyo del uribismo para el proceso de paz. No habrá argumentación capaz de hacerlo, ni siquiera la que invoca la defensa de la vida.

En medio de la Guerra Fría, Camus condenó el silencio del socialismo francés ante las atrocidades del estalinismo. “A gran número de europeos, hartos de violencia y de mentiras, burlados en sus esperanzas más caras, les repugna tanto la idea de matar a sus semejantes como la de ser convencidos de la misma manera”.

El autor de El extranjero dejó plasmado su rechazo a la legitimación del homicidio en una colección de ensayos. “Vivimos en un mundo donde el homicidio es legítimo, y debemos cambiar este mundo si no lo queremos así”, sostuvo.

Nosotros hemos habitado un espacio de homicidio. Las Farc eligieron matar y las Fuerzas Armadas debieron matar para defendernos. Unos quitaron vidas de manera ilegal y otros por mandato constitucional. Pero ¿qué cambia eso? La muerte transforma también al que la perpetra, así tenga la ley de su lado, e incluso a nosotros, los testigos.

La razón para respaldar los diálogos de La Habana es simple: la negociación salva vidas.

Para la oposición uribista, las vidas preservadas no constituyen motivo suficiente. La tregua unilateral ha sido exitosa, pero, como en la mayoría de las experiencias con guerrillas, se han dado violaciones que los críticos han sabido usar. Bien lo decía Camus: “Hay un tipo de sinceridad tan confusa que es peor que una mentira”.

La comisión jurídica de La Habana se encuentra reunida para acordar una interpretación conjunta del acuerdo de justicia transicional. Nada de lo que allí salga alcanzará a contentar al uribismo.

El expresidente Uribe y sus seguidores no pretenden de las Farc una negociación sino un sometimiento, y eso sí no habrá. Continúan aferrados a su dogmatismo. “Nos asfixia esa gente que cree tener la razón absoluta”, decía Camus.
Los uribistas razonan que a ellos les debemos los logros del acuerdo, aun cuando los continúan objetando. Mantenemos al Gobierno honesto, afirman. Se equivocan.

El Gobierno no necesita al uribismo para marcar las líneas rojas. Si el acuerdo de justicia transicional respeta los estándares mínimos internacionales, ello se debe a la mayoría de los colombianos, que rechazamos las amnistías para los crímenes de guerra y de lesa humanidad. Pero no nos pidan odiar.

Algo en nosotros se ha roto. “Y ese algo es aquella eterna confianza del hombre que le ha hecho creer siempre que podían obtenerse reacciones humanas de otro hombre con el lenguaje de la humanidad”. Camus tenía razón: como lo muestra la Colombia de hoy, salvar vidas no les importa a todos los hombres.

Las preguntas de Camus siguen vigentes hoy. “Sí o no, directa o indirectamente, ¿quiere usted que lo maten o lo violenten? Sí o no, directa o indirectamente, ¿quiere usted matar o violentar?”. Si la respuesta es no, dijo Camus, se derivan consecuencias. En la Colombia contemporánea, ello es el apoyo al proceso de paz.

Laura Gil

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