Editorial: Una decisión en vida

Editorial: Una decisión en vida

Colombia tiene una tasa de donación que no es sensata con el nivel socioeconómico de la población.

12 de octubre 2015 , 07:58 p.m.

Todos los colombianos son donantes de órganos, a no ser que en vida manifiesten lo contrario o que después de muertos las familias se opongan, dentro de unos términos explícitos. Esta norma vigente, aunque a muchos les parezca extraña, está plenamente respaldada jurídicamente.

Presunción legal de donación es como se conoce este precepto, definido en el artículo 2 de la Ley 73 de 1998 y que además fue declarado exequible por la Corte Constitucional a través de la Sentencia C-933 del 2007. En ese sentido, las entidades autorizadas –siempre y cuando actúen dentro del marco normativo– pueden extraer órganos y tejidos para ser usados en trasplantes, sin temor de ser judicializadas.

Lamentablemente, por desconocimiento de la ley, muchos familiares –como ocurrió la semana pasada en Barranquilla– no hacen uso del derecho que tienen de oponerse al retiro de órganos de los cuerpos de sus fallecidos y terminan calificando, equivocadamente, el hecho como un delito. Situación que, de paso, genera desgaste del aparato judicial y aumenta la confusión en un país donde la necesaria cultura de la donación es aún distante. Pero el asunto no es mejor entre los que conocen la disposición o se les notifica en el momento de las necropsias. La negativa familiar, según el Instituto Nacional de Salud, ha venido en aumento y hoy bordea el 40 por ciento, algo alarmante frente a la creciente lista de personas que con angustia esperan un órgano que les pueda salvar la vida.

También hay que decir que, con 7,2 donantes por millón de habitantes, Colombia tiene una tasa de donación que –debería ser el doble– no es congruente con el nivel socioeconómico que ostenta su población. Cifra aupada por un sinnúmero de mitos (todos desvirtuados), como el del tráfico de órganos, alrededor de este tema.

Aunque no es una obligación y prima el respeto por las creencias de las personas, también es mandatorio, dentro de un marco de humanidad y solidaridad, poner de presente que la esperanza de 2.800 pacientes gira en torno a que ese avanzado mandato de la “presunción de donación” del que todos somos efectores se pueda llevar a la práctica sin traumatismos. Y eso es mejor dejarlo claro antes de morir.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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