Diez años liberando presos con la literatura

Diez años liberando presos con la literatura

El Programa Libertad Bajo Palabra, de talleres en cárceles, acaba de publicar 'Fugas de tinta 7'.

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12 de octubre 2015 , 06:03 p.m.

 “La biblioteca también es una manera de estar libre. Los libros son una manera de buscar cómo estar afuera sin estar afuera”. Esta frase de una de las reclusas de la cárcel del Buen Pastor de Cali es uno de los regalos que el escritor José Zuleta guarda con más cariño y orgullo en su corazón.

Pues de alguna manera refleja que aquella idea que Zuleta tuvo, como un plan piloto en el 2005, de comenzar unos talleres de escritura creativa en centros penitenciarios de la capital vallecaucana, hoy permite recoger frutos muy positivos.

El Programa Libertad Bajo Palabra, inscrito dentro de la Red de Escritura Creativa –Relata-, que apoya el Ministerio de Cultura, que se inició con seis talleres en diferentes centros de reclusión, hoy suma nueve instituciones carcelarias en todo el país, con un total de 21 talleres de escritura. Se realiza en cárceles tan distantes como Leticia, Pamplona, Buenaventura, Sincelejo, Cartagena y Arauca.

Precisamente, Zuleta presentó el pasado fin de semana la séptima entrega de ‘Fugas de tinta’, el libro que reúne los textos de reclusos de 16 centros carcelarios del país, en el marco de la Feria Internacional del Libro y las Culturas de Cali (Filca) que finalizó ayer.

“Me parece importante subrayar la amplia participación que tienen las mujeres que están en las cárceles, porque ellas por lo general son mejores a la hora de contar sus historias. Tienen menos prejuicios y están más dispuestas a contar sus vidas”, anota Zuleta.

El Coordinador de Libertad Bajo Palabra destaca dos grandes reflexiones que se pueden percibir en los textos de las personas recluidas: la idea de la ley y la del paso del tiempo.

“En algunos de los textos uno ve que hay una profunda reflexión sobre el tiempo como condición, como medida de castigo, como medida de compra de la fuerza laboral, el tiempo como registro, como experiencia vivida, como lo que ya no se vivió y se dejó de hacer”, comenta Zuleta.

El profesor y cuentista resalta también el interés que, como es natural, les despierta a los presos la ley, sobre la que indagan y estudian con juicio. “Son muy críticos y atinados al observar cómo la ley también es una intención humana. Como las leyes mismas surgen caprichosamente o respondiendo a intereses y circunstancias y luego desparecen”.

Al cumplir más de diez años con este programa, Zuleta destaca el diálogo sociológico que se ha comenzado a establecer con algunas universidades del país, despertando el interés de estudio a través de monografías investigan y de tesis de grado.

“Eso a nosotros nos parece muy importante. Que desde la academia también haya un interés por ver lo que está ocurriendo en el programa. Y para ellos es muy interesante ver cómo estas personas logran decir cosas que en otro contexto y de otra manera no se conseguirían. Hay que tener en cuenta que este programa no redime pena y que es absolutamente voluntario, lo que lo convierte en algo más genuino”, concluye José Zuleta.

Otras temáticas liberadoras

Zuleta comenta que los textos de los reclusos reflejan también las historias familiares y gran parte sus tragedias personales: sus orígenes, historias de vida con sus exclusiones, con maltratos de infancia. “Algo que me llama mucho la atención, que es recurrente, es que cuando ellos se enfrentan a la escritura, lo hacen para preguntarse y buscar respuesta sobre lo que les pasó. También es muy interesante como muchos de ellos, a través del acto de aprender a escribir se volvieron grandes lectores. Y se conectan con un mundo que no tenían a través de la literatura, que es suficiente recompensa a lo que nosotros hacemos”, dice.

CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

Relato de 'Fugas de tinta 7':  ‘Chat made in Jamundí’*

Por Marina Giraldo

Los seres humanos, por instinto, tenemos la necesidad de la comunicación. Y los presos no somos la excepción en la cárcel más grande de Latinoamérica, construida en el último cuarto del mandato de Uribe.

Botados en medio de la nada, alejados de la sociedad como si fuéramos una plaga o tuviéramos algo contagioso, estigmatizados, excluidos, olvidados hasta por nuestras familias.

Aquí nació un medio de comunicación muy particular. Mientras el mundo se mueve al ritmo frenético de las comunicaciones, el 4G es la sensación. Aquí no hay Samsung Galaxy, ni iPhone: hay una toalla blanca doblada y amarrada en los extremos que es llamada «la Blackberry». Este idioma fue construido por la necesidad fundamental de socializar y hacer de este encierro algo más ameno.

Los autores de este método serían difíciles de identificar porque se generó gracias a un conjunto de ideas. Al principio solo eran algunas formas simples, luego se hizo un abecedario incompleto, pero se podía entender muy bien. Esto ha despertado toda clase de pasiones, incluso conflictos.

Al comienzo, la guardia intentó acabar con eso: ataques con gas, castigos colectivos e individuales. Pero ¿quién puede luchar contra las ilusiones del hombre? ¿Quién puede apagar la llama de una pasión? Así que esa lucha fue infructuosa y al final tuvieron que ceder.

Celos, pleitos, amores, desamores, traiciones, engaños, cartas a ciegas e incluso estrellones cuando el príncipe o la princesa no salían como se esperaba. Todo hace parte de este pequeño universo y del misterio que encierra el «chat made in Jamundí».

Luego inician las preguntas de rigor: ¿Cómo te llamas? ¿Cuánto tiempo te condenaron? ¿Tienes hijos? ¿Cómo eres? Y así se va creando una afinidad y al final de la charla quedaron en pactar una clave para identificarse y continuar con las citas diarias.

Muchas veces se «chapean», es decir, se cambian el nombre, normalmente lo hacen aquellos que tienen pareja, pero siempre están buscando algo nuevo. Cuando esto ocurre se forma el conflicto. Si es en la RM se halan el cabello, se aruñan, en fin, pero si es donde los hombres, se forman grandes combates.

Cada día trae su afán: unos días se aman, otros no tanto. Son pocos los que no han sucumbido al encanto, otros ya están cansados y además ya los conocen demasiado y eso hace que se pierda el encanto.

Pero de todo este conjunto de emociones se desprende siempre lo mismo: «la conyugal». Esta cita a ciegas hace que la adrenalina acelere el pulso, ya que existe la expectativa de no saber cómo será el otro.

Empieza el otro ritual: el traje íntimo (indispensable), las cremas, el peinado, la depilación, el aclarado de cabello y, ¡wow!, se transformó el patito feo en un majestuoso cisne y si no fue lo que se esperaba toca volver a empezar. Ni el sol, ni la lluvia, ni el frío, ni el calor hacen que la ventana esté desocupada. Sólo cuando suena el pito que indica que vamos para las celdas se cierra la red, se apaga la blackberry, y se espera que llegue el nuevo día para saludar al compañero de la soledad.

*Del libro ‘Fugas de tinta 7’. Cortesía José Zuleta y el Ministerio de Cultura

 

 

 

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