La búsqueda de la felicidad en la era de los tutoriales

La búsqueda de la felicidad en la era de los tutoriales

La nueva tendencia es apuntar al bienestar personal a partir de teorías científicas.

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11 de octubre 2015 , 08:28 p.m.

Basta mirar el catálogo de libros de autoayuda de cualquier editorial para comprobar que no solo se reeditan títulos clásicos como Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer (fallecido el 29 de agosto), o Usted puede sanar su vida, de Louise Hay, sino que el género ha sabido reinventarse para estar a tono con los tiempos que corren. Y hoy eso quiere decir incorporar disciplinas científicas que renovaron sus estrategias de divulgación e hipersegmentarse para llegar a las necesidades más específicas.

A las dudas existenciales que atraviesan a toda la humanidad– y que podríamos sintetizar en preguntas elementales del estilo de cómo ser feliz, cómo criar hijos saludables o cómo encontrar pareja–, hoy se suman otras angustias e inquietudes más coyunturales, inherentes a este clima de época, fuertemente marcado por un individualismo renovado. (Lea también: 'No todo lo que se siente bien es bueno')

Hoy la realización personal se transformó en autorrealización. La felicidad, el éxito profesional, la bonanza financiera, la salud y, en definitiva, el destino se han vuelto una responsabilidad personal. Los fracasos, por ende, también tienen un único culpable: uno mismo. Y allí donde la solvencia es el mandato y donde, en el plano laboral, la capacidad de adaptación a los cambios comienza a ganar preponderancia incluso sobre la formación académica, se imponen nuevas búsquedas de auxilio. Muchas de ellas reflejadas en los títulos más recientes del género.

A la par del psicoanálisis y la espiritualidad –ejes tradicionales dentro del rubro–, hoy la autoayuda admite nuevos subgéneros como el de las finanzas personales, las neurociencias y el cruce entre salud y espiritualidad, mientras profundiza su oferta de métodos para casi todo. Es por eso que, entre las novedades que ofrecen las editoriales, se pueden encontrar títulos tan diversos como funcionales a esta nueva era de múltiples exigencias: Felicidad real en el trabajo, de Sharon Salzberg (Diana); La magia del orden, de Marie Kondo (Aguilar); Enamorados de la distracción, de Alex Soojung y Kim Pang (Edhasa); Lunes felices, los 7 pasos hacia una vida más auténtica, de Diego Kerner (Grijalbo); ¡Al carajo! 10 claves para reinventarse con coraje, de Álvaro Rolón (Planeta); La salud está en tus manos, de Susanne Marx (Edaf), o Cómo mantener sobrio a tu ser querido, de Robert Meyers y Brenda Wolf (Diana), por citar algunos ejemplos. Es algo que en marketing se denomina hipersegmentación y que consiste en adaptar el mercado a la medida del consumidor. Otro fenómeno muy contemporáneo.

Pero esta vuelta de tuerca del género remite, en realidad, a una de sus características históricas: la de ir adaptando el discurso a las necesidades de cada época. Inmune tanto al paso del tiempo como a la frecuente subestimación de la crítica, la literatura de autoayuda siempre ha sabido dotarse de nuevas claves, lenguajes y respuestas para el público. Es por eso que hoy le habla a un lector interesado por los avances de la ciencia y el funcionamiento de la mente, con frecuencia preocupado por mejorar sus finanzas personales –otra responsabilidad individual– y siempre atraído –en la era de los tutoriales que enseñan a hacer casi todo, paso a paso– por cualquier método que garantice el tan anhelado hallazgo del bienestar y la felicidad. (Vea: 'El éxito es un jueguito bastante tonto y no es clave de la felicidad')

Más allá del mercado

Para el investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina Pablo Semán, la mayor diversificación de la literatura de autoayuda excede las lógicas del mercado. “Por una parte se multiplican los cambios, las ocupaciones y las posibilidades. Por otra, se intensifica la incertidumbre de los sujetos y la necesidad de consejo. De la misma manera que siempre nos va a resultar más cómodo, o ilusoriamente más cómodo, encontrar en internet un tutorial para hacer algo, siempre parece más cómodo acudir a un libro que en parte puede ayudar a la solución y en parte, ser una simple ilusión”, analiza Semán.

Claro que esta capacidad de ofrecer respuestas a las problemáticas contemporáneas no es un rasgo novedoso. Desde sus orígenes, en la década de 1930, hasta la actualidad, los libros de autoayuda han sabido transformarse o diversificarse cada vez que las circunstancias así lo exigieron. En Garantías de felicidad. Estudio sobre los libros de autoayuda (Adriana Hidalgo), la investigadora y académica argentina Vanina Papalini lo sistematiza así: mientras que entre las décadas de 1930 y 1950 el principal objetivo del género era enseñar técnicas para una finalidad concreta, en las dos décadas siguientes la meta era estimular el desarrollo personal y la autoconfianza. En los siguientes 20 años la autoayuda apuntó a aplicar las capacidades personales al mundo del trabajo y a desarrollar las capacidades mentales latentes; y desde 1990 hasta el 2005, se produjo el auge de lo que ella llama la “biblioterapia”, entendida como la cura de los síntomas del malestar subjetivo en pos de mejorar la vida cotidiana. (Lea: La economía de la felicidad)

“Creo que la autoayuda se ha diversificado y extendido. Por un lado, por la fuerza que han cobrado la divulgación científica y la vulgarización y simplificación de teorías propias de las ciencias físico-naturales, de la salud y psicológicas –explica Papalini–. Este proceso es, en un sentido, beneficioso porque abre la ciencia a la sociedad, pero adquiere algunos carices complicados cuando los argumentos científicos hipersimplificados y sin sus fundamentos se utilizan como argumento de verdad irrefutable”.

Ciencia para todos

Más allá de esos riesgos, un repaso por los títulos más recientes también demuestra que el creciente interés por la ciencia –y en especial por la neurociencia– ha abonado el ya de por sí fértil campo de la autoayuda. El cerebro vendedor, de David Lewis (Paidós); Lo que dice la ciencia para adelgazar de forma fácil y saludable, de Luis Jiménez (Plataforma); 100 % cerebro. Secretos y misterios que hay en tu cabeza, de Pedro Bekinschtein (Ediciones B); Ja. La ciencia de cuándo reímos y por qué, de Scott Weems (Taurus) son algunos de los títulos a los que se suma el científico Estanislao Bachrach con sus best sellers Ágilmente y En cambio (ambos de Sudamericana).

También en los temas más clásicos, como el de la espiritualidad, se registran cambios que van en sintonía con la nueva época. “La edición de libros de espiritualidad ha aumentado, ha salido de los circuitos religiosos y se populariza. Es importante comprender que esta espiritualidad no exige la adhesión a un credo ni a principios dogmáticos. Por eso se vuelve compatible con creencias diversas y aun puede ser complementaria a una religión institucionalizada. Así vemos que la pregunta por el sentido de la propia existencia busca respuestas personales. Las grandes definiciones de ese sentido de la vida, que convergían en proyectos colectivos, no son satisfactorias para una parte importante de la sociedad”, comenta Papalini. (Vea aquí: Ver videos de gatos podría aumentar sus niveles de felicidad)

Fernando Ampudia de Haro, investigador de la Universidad de Salamanca, quien se ha dedicado a analizar el fenómeno, también ve, al otro lado del Atlántico, la apertura de los horizontes de este género. “Los temas se han ampliado. Al principio, la literatura de autoayuda estaba relacionada con el objetivo global de perfeccionarse como persona, lo que traería consecuencias positivas en términos de iniciativa individual aplicada al mundo de los negocios. Hoy hay literatura de autoayuda para temas cada vez más específicos: gestionar las relaciones amorosas, las amistades, las microfinanzas familiares, los hijos, las relaciones laborales. Esa amplitud crece conforme aumenta el número de áreas en las que se exige culturalmente que seamos responsables de nosotros mismos”, dice.

“Si ponemos la literatura de autoayuda en perspectiva –advierte el especialista– es importante que nos demos cuenta de que es popular en sociedades o en contextos sociales en los que existe un tipo de cultura más individualista, estrechamente relacionada con la implantación de una economía de mercado, que favorece e incentiva una mentalidad de responsabilidad individual en nombre del fracaso, de la inoperancia o de la ineficacia de las soluciones colectivas para la organización de la sociedad”, añade.

Ampudia de Haro aporta un caso ilustrativo: “Hay un ejemplo muy interesante que permite comprender la maleabilidad del género y lo bien que se adapta a las circunstancias: con la crisis de las deudas soberanas en Europa y en países financieramente ‘rescatados’ como Portugal y España, han proliferado los textos de autoayuda financiera con la intención de aunar la responsabilidad individual, el bienestar material y la mejora psíquica de la persona frente al poderoso discurso institucional y mediático que afirma que portugueses y españoles habrían vivido por encima de sus posibilidades”.

Pero teniendo en cuenta que se trata de un género muy diversificado y fácilmente maleable, ¿cuál es el punto divisorio entre los títulos que lo integran y los que no?

Florencia Cambariere, directora literaria de la división comercial de la editorial Penguin Random House, lo ve muy claro: “La clave pasa por la utilidad. Sea de finanzas, de neurociencias o de salud, la obra debe estar al servicio de lo que la persona esté buscando”. Y detecta algunas señas particulares del fenómeno actual: “En la era de las charlas TED y de la consagración de la horizontalidad del conocimiento, lo que la gente busca son referentes, voces potentes, divulgadores serios e idóneos. El caso de Ágilmente lo confirma. La obra rompió el techo de cristal de la industria al triplicar lo que vende un best seller promedio, que suelen ser 100.000 ejemplares”.

Al asociarse con disciplinas más serias, la autoayuda se vuelve más atractiva para otro perfil de lector. “Los lectores que tradicionalmente subestimaban este género hoy no tienen pruritos en acercarse a su dimensión más ligada a la divulgación científica. Es gente interesada por la ciencia, por el funcionamiento de la mente, aunque siempre con un método, con un tinte de autoayuda”, analiza Cambariere.

Mientras que en los años noventa, la era de los talk shows, los libros con historias de vida inspiradoras eran los más consumidos dentro del rubro (vale como ejemplo la serie Chocolate caliente para el alma, tan exitosa por aquellos años), el cambio de siglo consagró la temática de las finanzas personales, con Padre rico, padre pobre, de Robert Kiyosaki a la cabeza. Pero tras una larga década de fuerte énfasis en el éxito laboral, profesional y financiero, en los últimos años comenzó a ponerse el foco en el bienestar, entendido en el sentido más amplio del término. El fluido vínculo entre la realidad y la oferta literaria se pudo comprobar hace pocos años cuando el boom de los cursos de respiración tuvo su correlato en una nutrida oferta de obras que invitaban también a meditar y respirar.

“En los años 90, la literatura de autoayuda puso en foco dos cuestiones centrales: el éxito, vinculado a cierta pericia en el ámbito laboral (saber persuadir, saber liderar, saber trabajar en equipo, saber motivar) y el control de las emociones, potenciando las consideradas positivas junto con el autocontrol. La idea clave era la de ‘programarse’. Hay una inflexión más reciente, después del 2000, yo diría que hacia 2005, es decir, hace unos diez años, que se orienta a la perspectiva del bienestar, la armonización de los distintos aspectos de la vida pero fundamentalmente, una armonía interior. Me atrevería a decir que el paradigma dominante de la salud está cambiando, integrando una dimensión espiritual y una tendencia a tomarla como una preocupación propia. Las personas se involucran en su diagnóstico y en su tratamiento. La preocupación por la alimentación y el crecimiento de las terapias alternativas y complementarias son buenos ejemplos de esta tendencia”, anota Papalini.

Con sus títulos más recientes y su extraordinaria capacidad de supervivencia, la literatura de autoayuda renueva la promesa de contenidos a la medida de cada lector: desde respuestas espirituales, filosóficas, psicológicas y científicas, hasta instrucciones para dar con el método –infalible, por supuesto– de alcanzar la felicidad.

LORENA OLIVA
La Nación (Argentina)

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