Henning Mankell, un escritor tan intenso como sus personajes

Henning Mankell, un escritor tan intenso como sus personajes

El novelista sueco, maestro de la novela negra contemporánea, murió el lunes pasado, a los 67 años.

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11 de octubre 2015 , 08:28 p.m.

El inspector de la policía sueca Kurt Wallander tiene dos rostros oficiales; uno es el del actor nórdico Krister Henriksson y el otro es el del británico Kenneth Branagh, quienes lo interpretaron en la pantalla chica en sendas series exitosas. Pero hay más: los que alrededor de 30 millones de lectores le pusieron y que seguramente se parecen al creador del personaje, el escritor sueco Henning Mankell, fallecido el lunes pasado en Gotemburgo.

Las coincidencias son varias: de la misma edad (nacieron en 1948), aficionados a la ópera, profundamente humanistas y, obviamente, suecos. Hasta ahí el parecido. La vida de Wallander transcurría en la comisaría de Istad, una población cerca de Malmö, en el sur de Suecia, donde combatía el crimen con tenacidad, pero sumido en una cotidianidad anodina, llena de conflictos no resueltos con su padre y su hija, también policía.

Su álter ego, por el contrario, vivía escindido entre dos mundos prácticamente opuestos, el norte y el sur. La mitad del año vivía en Suecia y la otra, en Maputo (Mozambique), su segunda patria –sin exagerar– y su inspiración para muchas de las novelas que no incluyen al célebre inspector, como ‘El ojo del leopardo’, ‘Cronista de los vientos’ y los libros sobre Sofía, una mujer africana.

Aunque nació en el país de los premios Nobel, nunca sonó para ganarse el de literatura. Antes del arrollador surgimiento y corta carrera de su colega Stieg Larsson, con su trilogía ‘Millenium’, era el rey de la novela negra escandinava. No fue el que puso las bases, pues ese crédito lo tienen la pareja de esposos Maj Sjöwall y Per Wahlöö, con su policía Martin Beck, en los años 60 y 70, pero sí fue el primero en conseguir el éxito internacional.

La novela y la denuncia

Aunque escribió varias obras de teatro, literatura infantil y novelas, el que le dio las mayores satisfacciones fue el género negro, en el que incursionó para denunciar las injusticias sociales. “Tenía el convencimiento de que la novela policiaca era un buen espejo para reflejar los conflictos y contradicciones de la sociedad”, decía.

Más allá de sus habilidades detectivescas, su personaje Wallander (capaz de enfrentarse a las mafias rusas y a las organizaciones de tráfico de personas, y de judicializarlos sin misericordia), es encantador por su vida un poco gris, que de cierta forma se corresponde con el estereotipo sueco. Es un ser solitario y paga las consecuencias de la dedicación obsesiva a su oficio. Se casó, pero su esposa, Mona, lo dejó muy pronto. Tuvieron una hija, Linda, de carácter rebelde, quien sobrevivió a un intento de suicidio a los 15 años. Y su padre es un pintor que vive frustrado por la decisión de su hijo de convertirse en policía. (Lea también: 'Ve y pon un centinela': ¿el libro del año?)

Estos tres personajes son los actores de reparto de una serie de 11 novelas, aunque muchos prefieren decir 12, ya que ‘Antes que hiele’, del 2002, la protagoniza su hija Linda, quien decide seguir los pasos de su padre. Este aparece en el relato, pero en un papel secundario.

La primera novela la publicó en 1991, con el título Asesinos sin rostro, donde relata el crimen de dos ancianos en la campiña sueca. La segunda, ‘Los perros de Riga’, apareció un año después. Gracias a su éxito, los lectores comenzaron a demandar más aventuras del policía de Istad. Mankell escribió una novela por año hasta 1998. Y en 1999 apareció ‘Pirámide’, un libro de relatos cortos en el que explica los orígenes de su personaje.

Para el nuevo milenio, Mankell le restó protagonismo a su policía, quien empieza a pensar en su retiro, por lo cual su hija adquiere protagonismo. En el 2009 publica una nueva novela, donde padre e hija actúan en tándem, y en el 2013, cediendo un poco a la presión de editores y lectores, presenta ‘Huesos en el jardín’, un relato corto en el que Wallander investiga un crimen ocurrido hace muchos años en la casa que piensa comprar para su retiro. Con ese texto se cierra el ciclo.

Hace diez años, coincidiendo con el lanzamiento de la primera novela de Stieg Larsson, ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’, la serie del inspector Kurt Wallander saltó a la pantalla chica en Suecia, donde no solamente se filmaron capítulos basados en los libros de Mankell, sino que se hicieron varios nuevos, cosecha de los guionistas de la serie.

Tres años más tarde, los ingleses revivieron sus aventuras en una producción que este año filmó su último capítulo, titulado ‘The Troubled Man’ y dividido en dos partes. Las dos series se han visto en la televisión por suscripción, pero la más conocida es la protagonizada por Branagh, uno de los mejores actores y directores británicos de su generación.

Como una novela

La vida de Mankell fue tan intensa como la de su personaje. Sus padres se divorciaron cuando tenía solo un año y se crió al lado de su padre, un juez de distrito. Sin embargo, siempre se movió en el mundo cultural, pues su abuelo fue un gran compositor y su padre, un melómano consumado. (Lea aquí: Murió el padre del inspector 'Kurt Wallander')

Después de trabajar en un barco mercante y vivir en París, regresó a Estocolmo para trabajar con el Teatro Nacional Sueco, algo que definiría su vida y su decisión de escribir. Influido por el ambiente liberal y comprometido de los años 60, participó en varias protestas contra la guerra del Vietnam, la guerra colonial del Portugal y el apartheid en Sudáfrica.

Su compromiso no se quedó solamente en salir a la calle y gritar consignas. Viajó varias veces a África para conocer de primera mano aquello contra lo que se manifestaba. La primera vez fue en 1973, justo cuando publicó su primera novela, The Rock Blaster. Trece años después, aceptó la propuesta de dirigir el Teatro Avenida, en Maputo (Mozambique).

Desde entonces, la mitad de su vida la ha pasado en ese continente y la otra, en Europa. “Yo soy como el artista que necesita estar cerca de los óleos y el paisaje para pintar, pero luego debe dar un paso hacia atrás para mirar en perspectiva lo que ha pintado –explicó–. África enriqueció mi vida y me dio ese momento. Algunas cosas solo pueden ser percibidas cuando se toma distancia”.

El activismo fue una constante en su vida y mucho más desde que se convirtió en autor de best sellers. En el 2010 fue uno de los pasajeros del barco Sofía, que hizo parte de la flotilla que trató de romper el embargo israelí a la franja de Gaza. Las fuerzas armadas de Israel abordaron la nave y el escritor fue deportado. Tres años antes, donó 1,5 millones de euros a la organización SOS Children, para construir viviendas en la zona de Chimoio, en Mozambique.

En cuanto a lo personal, su corazón estuvo ligado a otra gran figura de la cultura sueca, el cineasta Ingmar Bergman, pues su esposa fue Eva, la segunda hija del gran director. “Conectamos porque le encantó descubrir que no me intimidaba en absoluto –comentó sobre su suegro–. Hablábamos mucho de música y veíamos muchas películas en la sala de proyección de su casa. Siempre me asombraba lo perceptivo que era con las personas de su entorno; le bastaba echarte un rápido vistazo para conocer tu estado anímico”.

En el invierno del 2013, Mankell sintió un dolor en la base del cuello. Pensó que era muscular, pero al ver que no cedía con analgésicos acudió al doctor. Después de los exámenes de rigor, recibió una noticia terrible: padecía cáncer de pulmón con metástasis en la nuca. El escritor recuerda que se demoró dos semanas en asimilar el golpe.

Decidió entonces escribir un libro, contar su experiencia, reflexionar sobre su vida y la de su generación. Así nació Arenas movedizas, un título que a su juicio es la imagen perfecta de su drama: “Ese sentirse arrastrado hacia el abismo, el agitarse inútilmente. La impotencia”.

Se lo dedicó a su esposa, quien vivió con él todo el proceso de la enfermedad. En una entrevista, recordó cómo fue recibir la noticia al lado de su pareja: “Fue lo suficientemente inteligente como para no hablar mucho al principio. Ella también tenía que descubrir qué significaba mi enfermedad, qué representaba para ella. En una pareja, si uno tiene cáncer, lo tienen los dos. Luego aprendimos a hablar del tema”.

Durante la promoción de su libro se mostró optimista por los resultados del tratamiento. Aseguraba que los médicos habían logrado controlar los dolores de la enfermedad y que estaba lidiando muy bien los efectos secundarios de la quimioterapia. Sin embargo, también era consciente de que sus probabilidades no eran muchas.

“En estos últimos tiempos he pensado mucho sobre cómo me habría sentido si me hubiesen diagnosticado el cáncer a los 30, a los 40 o los 50. Ahora tengo 67 años. He vivido más tiempo de lo que habrían soñado la mayoría de las personas de este planeta. La perspectiva desde la que analizas las cosas es muy importante, es algo que procuro recordarme”, concluyó.

Para el 2016, año del centenario del nacimiento de su suegro, había anunciado la producción, junto con su esposa, de una película de ficción que trataba “libremente” la vida de Bergman, pero el tiempo no le alcanzó.

ANDRÉS ZAMBRANO
Para EL TIEMPO

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