Peter Diamandis: el emprendedor para quien el cielo no es el límite

Peter Diamandis: el emprendedor para quien el cielo no es el límite

El empresario multimillonario, líder de la exploración aeroespacial, busca extender la vida humana.

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11 de octubre 2015 , 08:27 p.m.

Decir que Peter Diamandis es un optimista puede parecer una obviedad. Millonario, dueño de empresas revolucionarias y considerado por la revista Fortune uno de los 50 líderes más importantes del mundo, es fácil suponer que le sobran razones para el optimismo.

Pero basta mirar el particular recorrido de este hombre, de 54 años, médico e ingeniero aeroespacial, para advertir con facilidad que guarecerse en una confortable burbuja está muy lejos de ser su estilo. El vértigo de las decisiones arriesgadas, así como el permanente desafío de los límites son dos variables que pueden encontrarse en la mayoría de sus emprendimientos –cerca de una docena– de alcance global.

Presidente y CEO de la fundación XPrize –que distingue con premios millonarios a quienes logren correr el límite de lo imposible en áreas como energía, medioambiente, educación, salud y exploración espacial, entre otras–; líder de compañías innovadoras en materia aeroespacial, como Zero Gravity, Space Adventures, Rocket Racing League o Planetary Resources –dedicada a la minería espacial–, en los últimos años Diamandis también comenzó a interesarse por la posibilidad de que la vida humana se prolongue, y con Human Longevity se propone convertir los 100 años en los nuevos 60. (Lea también: Un camino hacia la abundancia)

En el 2012, y en poco más de 16 minutos, explicó, en una charla TED, las razones por las que está convencido de que el mundo cuenta con sobrados recursos para enfrentar los desafíos del planeta. El crecimiento exponencial de la tecnología, la pasión de los innovadores, el capital de los tecnofilántropos y unos 3.000 millones de nuevas mentes conectadas a internet en el transcurso de los próximos años forman, a su criterio, una combinación que invita a pensar en un futuro de abundancia.

Desde hace siete años, Diamandis también encabeza, con el emprendedor y futurista Ray Kurzweil, Singularity University (SU), una institución que busca inspirar, educar y proveer de las herramientas adecuadas a emprendedores y empresarios para la generación de proyectos exitosos en los aspectos comercial y humano. El principal objetivo de SU es claro: promover la creación de compañías que impacten positivamente en la vida de millones de personas.

En un pasaje del libro Abundance. The Future Is Better than You Think, que escribió con el periodista Steven Kotler, el empresario asegura que en los primeros cinco años de Singularity University ya se habían creado unas 50 compañías con esa vocación. Ubicada en el campus de la Nasa en Silicon Valley y auspiciada por numerosas compañías de primer nivel, como Google, Cisco o Nokia, Singularity University cuenta con diferentes opciones educativas: desde un programa de diez semanas hasta ciclos de una semana o menos.

Hijo de lesbianos

Diamandis nació hace 54 años en Estados Unidos, más precisamente en el Bronx, en el seno de una familia de inmigrantes griegos. Al respecto, suele bromear con que es hijo de lesbianos, ya que sus padres eran oriundos de la mítica isla de Lesbos. Aunque ya desde muy pequeño lo apasionaban los cohetes y todo lo relacionado con la industria aeroespacial, intentó seguir los pasos de su padre, que era médico. Pero, al promediar la carrera en Harvard, pegó el volantazo y se fue a estudiar ingeniería aeroespacial en el MIT. Años después volvió a Harvard para finalizar sus estudios de médico, aunque jamás ejerció la profesión.

En el corto The Sky Is Not the Limit, de Annie Sundberg y Ricki Stern, se lo puede ver en sus tiempos de adolescente, posando con un cohete diseñado por él. Allí, Diamandis reconoce que para la creación del XPrize se inspiró en la historia del piloto e ingeniero Charles Lindbergh, quien en 1927 se convirtió en el primer piloto que cruzó el océano Atlántico sin escalas, a bordo de su aeroplano, Spirit of St. Louis, lo que le valió el premio Orteig, dotado de 25.000 dólares.

“En 1996 se me ocurrió la idea de XPrize. Íbamos a pagar diez millones de dólares al primer equipo que pudiera construir una nave espacial privada capaz de llevar a tres adultos al espacio y traerlos de vuelta. Pero yo no tenía 10 millones de dólares. El anuncio del premio tuvo cobertura mundial. Pensaba que me iba a resultar relativamente fácil recaudar ese dinero, pero me llevó seis años”, recuerda Diamandis en una entrevista concedida en el 2010 al emprendedor argentino Santiago Bilinkis, durante su paso por SU en calidad de estudiante.

“Creo que, en las próximas décadas, la habilidad de la gente para hacer cosas increíbles va a crecer más y más. Las herramientas que tenemos, con internet, con la simulación por computador, con lo que está por llegar en biología, robótica, inteligencia artificial, impresoras 3D, todas estas cosas van a permitir que los individuos y pequeños grupos puedan hacer cosas que antes solo podían hacer los gobiernos y las grandes empresas”, expresó en otro pasaje de la entrevista.

Para acelerar ese proceso, desde hace varios años XPrize abrió el incentivo económico a diferentes áreas, con un objetivo bastante emparentado con el de Singularity University: lograr avances radicales en la búsqueda de una mejor calidad de vida de los habitantes del planeta. Así, por ejemplo, uno de los desafíos vigentes es el del primer tricorder médico: un dispositivo inalámbrico del tamaño de una tableta digital que permita monitorear y diagnosticar la salud de una persona tal como se hace en la serie de ciencia ficción Star Trek. El desafío cuenta con siete equipos finalistas.

La página de XPrize invita a los internautas a votar desafíos para futuros premios. La lista incluye organogénesis, sistemas que preanuncien con efectividad los riesgos de contraer alzhéimer, avances en materia de transporte, energía e inteligencia artificial. Innovaciones que, no en pocas ocasiones, parecen salidas de un libro de ciencia ficción, al igual que su emprendimiento Planetary Resources, que se propone explotar las riquezas minerales de asteroides, y para el que cuenta con el apoyo del presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt, e incluso del director cinematográfico James Cameron.

La eterna juventud

Diamandis está casado con Kristen, quien era directora creativa de la 20th Century Fox cuando se conocieron y a quien, aseguran, le propuso matrimonio en el 2004, durante una sesión en Zero Gravity, emprendimiento que recrea la experiencia de flotar en el espacio por la módica suma de 4.950 dólares. La pareja tiene a los mellizos Jet James y Daxton Harry, de 4 años. (Lea también: El mago del genoma busca ahora luchar contra el envejecimiento)

En Human Longevity, uno de sus últimos emprendimientos, Diamandis se asoció con el pionero en genética Craig Venter y el reputado investigador en materia de células madre Robert Hariri. Creada en el 2013, la compañía buscará desarrollar terapias genómicas que mejoren la calidad de vida de los adultos mayores. La iniciativa prevé generar la mayor base de datos de fenotipos y genotipos humanos con el fin de utilizar esa información para el desarrollo de diagnósticos certeros y posteriores terapias.

La extensión de la vida humana se ha convertido en una preocupación frecuente entre los líderes tecnológicos que influyen a nivel mundial. Diamandis es uno de los principales cultores de esta filosofía, así como uno de los principales detractores de las conocidas leyes de Murphy. En su sitio web pueden leerse las Peter’s Laws (Leyes de Peter), con las que desafía el pesimismo de las de Murphy: “Si algo puede salir mal, ¡arréglelo! ¡Al diablo con Murphy!”. “Empiece en la cima y después intente progresar”. “Hágalo según el manual. Pero sea el autor”. “La burocracia es un desafío que debe ser conquistado con una actitud recta, tolerancia con la estupidez y una máquina excavadora cuando sea necesario”. “El día antes de que algo se convierta en un gran avance, es una idea loca”. Y “si fuera sencillo, ya habría sido hecho”.

Diamandis asegura que es un hombre capaz de lanzarse al vacío sin paracaídas, e ir construyéndolo mientras cae. Recursos no le faltan, es cierto. Optimismo y convicción, tampoco, sobre todo a la hora de decir que su receta está al alcance de cualquiera. En su libro más reciente, Bold, escrito también en coautoría con Kotler, aporta algunas claves. Allí marca una línea divisoria entre los ejecutivos de pensamiento lineal y los emprendedores que se atreven a ir tras los cambios exponenciales. No hace falta aclarar de qué lado de la línea hay que colocarse, si lo que se busca es seguir sus pasos.

LORENA OLIVA
La Nación (Argentina)

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