¿Quién responde por el párroco violador?

¿Quién responde por el párroco violador?

Los curas degenerados que violan niños, deben ir a la cárcel y la Iglesia debe responder civilmente.

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11 de octubre 2015 , 08:19 p.m.

¿Qué puede ser más ruin, más criminal, más canalla que violar a unos niños solos e indefensos, de 8 y 7 añitos, cuyos padres, forzados por la miseria y el hambre, dejaron bajo su cuidado y custodia, confiados en su condición de párroco, designado por la Iglesia católica para desempeñar tales funciones en San Antonio, Líbano (Tolima)?

La sentencia SC 13630 del 2015, con ponencia del magistrado Ariel Salazar, de la Corte Suprema de Justicia, es contundente: “El aludido clérigo (Luis Enrique Duque), aprovechándose de su actividad pastoral y sacerdotal, del respeto a la fe que profesan los fieles, de la credibilidad que ostentaba ante la sociedad, y de la inmadurez psicológica de los menores, los sometió y accedió carnalmente en las instalaciones de la misma parroquia”.

La sentencia de la Corte es histórica. Algunos fallos han mandado a la cárcel a los degenerados violadores que, amparados en el respeto que inspiran las sotanas, abusan de los menores. En este mismo caso, Duque está condenado a 18 años de cárcel. Pero constituye novedad importante que se confirme la condena pecuniaria “por los daños ocasionados por el ejercicio abusivo de ese ministerio”.

Los párrocos no llegan solos a las parroquias. Su designación obedece a un proceso reglado, jerarquizado, mediante el cual los designan para que representen y encarnen la doctrina, valores y principios tutelares de la Iglesia. Por eso, como bien lo dice María Paulina Ortiz, “el oficio de los sacerdotes no es un ejercicio individual, sino que lo hacen a nombre de la Institución a la que pertenecen, y esta debe responder civilmente...”.

Con fundamento en la doctrina acogida de Javier Ferrer Ortiz, y en las normas del derecho civil y del derecho canónico, la sentencia distingue aquellos casos en los que la diócesis no tendría ninguna responsabilidad si el delito se perpetra al margen de la condición clerical del autor, en el ámbito estricto de su autonomía personal y sin prevalerse de tal investidura. En cambio, la responsabilidad de la diócesis es total cuando el clérigo comete el delito abusando de su condición.

Dijo la sentencia: “No hay duda de que el oficio sacerdotal es un encargo público eclesiástico, y quien lo desempeña lo hace a nombre de la Iglesia a la que pertenece... por lo que la Iglesia tiene la obligación legal de reparar los daños que un clérigo causa a sus feligreses en razón o con ocasión del desempeño de su misión pastoral, tanto espiritual como terrenal”.

La sentencia llega en momentos en los que el mundo sigue estremecido por la voz del papa Francisco cuando, en pleno encuentro con víctimas de estos delitos en su gira en Estados Unidos, declaró que Dios llora ante estos crímenes atroces y que hará lo necesario para que estas conductas abominables no sean olvidadas.

Yo profeso el mayor respeto por la Iglesia católica y creo que a través de ella sirven miles de párrocos ejemplares, honestos, generosos y virtuosos. Los conozco por docenas y les agradezco su misión. Pero también creo, con base en la sentencia y en lo dicho por el Papa, que la Iglesia debe responder cuando uno de los suyos, designado para que se desempeñe como párroco y prevalido de esa condición, cometa hechos de salvaje criminalidad.

Dijo el abogado Berjón, apoderado de las víctimas, al describir el largo y tortuoso proceso: “Las pruebas eran contundentes. Lo triste fue que la diócesis nunca les pidió disculpas. Les vino a doler ahora que les tocaron el bolsillo”.

Es hora de que las palabras del santo padre surtan efecto práctico en un caso en el que se combinan las responsabilidades espirituales y materiales de la Iglesia, y se refrende, con hechos y con el pronto pago de la indemnización, la tolerancia cero frente a esos canallas degenerados. Como dijeron los humildes padres de las víctimas: ¡bendito Dios, por fin se hizo justicia!

JUAN LOZANO
@JuanLozano_R

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