Editorial: Ciudades y posconflicto

Editorial: Ciudades y posconflicto

El hecho de que las urbes no perciban la guerra no quiere decir que no se preparen para la paz.

11 de octubre 2015 , 08:19 p.m.

Si el proceso de paz consigue salir avante, la que está a punto de terminar podría ser la última generación de alcaldes que tuvo que hacerle frente al conflicto armado con las Farc. Y los mandatarios que asumirán sus cargos a partir del primero de enero del 2016 serán, probablemente, quienes tengan que sembrar las bases para que tal proceso se consolide, especialmente, en las ciudades.

En efecto, podría decirse que en muchos municipios y centros urbanos esas primeras tareas ya comenzaron. Y aunque no se ha firmado la paz, lo realizado por las alcaldías de Valledupar, Manizales, Montería, Santa Marta o Quibdó, para citar solo unas, da cuenta de ello. Allí se han emprendido gestiones de gobierno en las que la confianza, la innovación, el buen manejo de recursos y la reducción de brechas de inequidad y pobreza están dando frutos.

Eso fue lo que se escuchó en el tercer Foro Urbano Nacional, que tuvo lugar en la capital del país y cuyo eje de discusión fueron las lecciones que deja lo ejecutado por alcaldes y alcaldesas, y que serán claves en un eventual escenario de posconflicto. Brillaron por su ausencia Medellín, Barranquilla y Bogotá, capitales que hubieran hecho interesantes aportes a un debate que no se puede eludir.

En un mundo que asiste a un fenómeno de urbanización sin precedentes, y en una nación como Colombia, donde tres de cada cuatro personas ya habitan en una ciudad grande o pequeña, el desafío que se plantea es mayúsculo. Porque, como decía el representante de ONU Hábitat en el foro, Édgar Cataño, la paz no se alcanza solo con el silencio de las armas, sino con la construcción de una sociedad “más incluyente, equitativa, cohesionada y segura”. La reconciliación no solo significa cesar el conflicto en donde todos lo hemos concebido, el campo, sino brindar oportunidades desde la orilla opuesta, la ciudad.

En ese orden, lo que compete ahora es proporcionar las condiciones para que quienes abandonen la lucha armada puedan ser incluidos en entornos que les ofrezcan una segunda oportunidad a sus vidas. Y ello exigirá no solo un ejercicio de tolerancia, sino la concepción de un nuevo modelo de desarrollo capaz de generar un sano equilibrio entre la ciudad física que se construye y el bienestar de quienes la habitan.

No en vano el director de Planeación Nacional, Simón Gaviria, se refirió al tema al destacar la importancia de activar un sistema de ciudades que promueva una mejor comunicación entre las mismas, pero, sobre todo, un nuevo ordenamiento territorial que facilite la articulación regional. No hacerlo conducirá a mantener un modelo basado en la desinformación, el mal manejo de los recursos, el atraso y la precariedad.

Lo que se plantea ahora –comoquiera que los nuevos alcaldes tendrán la responsabilidad de elaborar un nuevo POT– es una ruta en la que las ciudades sean pensadas con visión a largo plazo, con mejor información de los entornos rurales y urbanos, el uso eficaz del suelo y una institucionalidad fuerte.

Décadas de guerra y de desorden administrativo local y regional podrían pasar a la historia si se actúa en consecuencia. Y si todo esto sucede, Colombia podrá asistir el próximo año a Hábitat III enarbolando una interesante experiencia sobre cómo generar paz desde y para las ciudades.

EDITORIAL
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