La leyenda del convento que se convirtió en un hotel de clase mundial

La leyenda del convento que se convirtió en un hotel de clase mundial

El Sofitel Legend Santa Clara ha sido reconocido en varias ocasiones como el mejor hotel del país.

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10 de octubre 2015 , 09:02 p.m.

Veinte años después de la inauguración del hotel Sofitel Legend Santa Clara, el más lujoso de Colombia, pocos recuerdan que el espléndido edificio que hoy ocupa, en el centro histórico de Cartagena, estuvo a punto de venirse abajo, derrotado por el abandono.

Ha pasado un cuarto de siglo desde que un grupo de inversionistas y arquitectos le compró el predio –con casi 17.000 metros cuadrados de área construida– a la gobernación de Bolívar por 350 millones de pesos. La única condición para la venta del ruinoso local fue que se garantizara su conservación, en virtud de su valor patrimonial.

No era para menos. El Santa Clara lleva en pie casi 400 años y antes de ser uno de los primeros hoteles de lujo del país fue convento de las clarisas, penitenciaría, hospital y sede de Medicina Legal, de la Universidad de Cartagena y de la Escuela de Bellas Artes.

Toda esa historia, que comenzó en 1621, es uno de los baluartes de su encanto actual, por el que ayer fue galardonado con dos World Travel Awards –los ‘premios Óscar’ del turismo–, uno por ser el mejor hotel urbano de Suramérica y el otro, por tener la mejor habitación de la región, la suite Botero. En ocasiones anteriores, había sido seleccionado como el mejor hotel del país.

El ingeniero Eduardo Saravia, una de las personas que le apostaron a la restauración del Santa Clara y actual presidente de su junta directiva, recuerda que, a comienzos de los 90, el turismo en La Heroica estaba volcado en la zona de Bocagrande, y la ciudad amurallada no era lo suficientemente atractiva para los visitantes.

Juan Gossaín, veterano periodista que ha vivido muchos años en Cartagena, comenta que “el centro histórico fue reconstruido principalmente por personas de afuera, porque la gente de aquí se había acostumbrado a vivir con el prodigio en su vida diaria, las bellezas eran paisaje; pero cuando comenzaron a llegar inversionistas que no eran de Cartagena, ellos sí se impresionaron con lo que vieron”. (Vea aquí: Cartagena de Indias, la mágica ciudad llena de historia)

Gossaín, un estudioso de la historia de la ciudad, conoció el Santa Clara cuando era un hospital. Su papá fue internado allí durante cerca de cuatro meses, luego de ser remitido desde San Bernardo del Viento (hoy Córdoba) por una fractura en la pierna. A pesar del miedo que le causaban los pasillos del centro de salud, por los que supuestamente deambulaban fantasmas de monjas y presos, visitaba a su padre en las tardes libres del colegio. Ahora, con tono de admiración, asegura que no hay lugar más bello que el jardín del Santa Clara, aunque también aprecia el hotel como un conjunto, por la belleza que le suman la plaza de San Diego y la muralla baja de enfrente, a la que “le dicen murallita del Diablo”.

Otro escritor que conoció el Santa Clara vestido de hospital fue Gabriel García Márquez. En 1949, como reportero del diario local El Universal, visitó el lugar en busca de una noticia y se encontró con el vaciado de algunas criptas de monjas y otras personas enterradas allí en el siglo XVII. En esa visita supo de Sierva María de todos los Ángeles, hija del marqués de Casalduero, que murió a los 12 años. Muchos años después, ya investido como nobel de literatura, Gabo se inspiró en ella para escribir Del amor y otros demonios, que instaló en el imaginario nacional una idea de lo que fue el convento de las clarisas y la Cartagena de esa época.

La historia del Santa Clara se remonta a 1607, cuando tres monjas y un fraile arribaron a Cartagena para liderar la construcción de un convento de clarisas en el principal puerto negrero del Nuevo Mundo. En 1621, gracias a los 2.500 pesos que donó doña Catalina de Cabrera, estuvo listo el claustro, que fue casa de las religiosas hasta 1861, cuando el divorcio del gobierno liberal de Tomás Cipriano de Mosquera y la Iglesia llevó a la expropiación de los bienes de la comunidad franciscana y las clarisas tuvieron que irse a La Habana.

Cuatro mayordomos prestan, entre las siete de la mañana y las once y treinta de la noche, el servicio de asistencia personalizada a los huéspedes de las 'suites'. / Foto: Archivo particular

El rescate del Santa Clara supuso un esfuerzo monumental, tanto en lo económico como en el proceso de restauración, por el alto grado de deterioro del edificio. La sal, el mar de leva, la ocupación francesa de 1697 y el intento de ocupación de los ingleses un siglo después, entre muchos otros factores, le habían dejado cicatrices profundas.

El proceso, que comenzó en 1991, no estuvo exento de sorpresas, como paredes con murales ocultos detrás de la pintura y balas de cañón incrustadas en muros y columnas.

Casi todo se conservó, incluida la capilla, que fue despojada de su carácter religioso. Las tumbas que quedaban fueron desocupadas y se celebró una misa final.

Entre las cosas que la primorosa restauración sacó a la luz está el hecho de que los túneles secretos por donde el sacerdote Cayetano Delaura escalaba para visitar a Sierva María existieron solo en la imaginación de Gabo.

Las obras terminaron en 1995, para coincidir con la cumbre de los Países No Alineados, a la que asistieron Yasser Arafat y Fidel Castro, entre otros líderes del mundo. Así, desde el 15 de octubre de 1995, en el lugar donde hace más de 300 años primaba el ascetismo, la abstinencia y la austeridad, los protagonistas son el lujo y el hedonismo.

El desembarco de Accor

“El hotel Santa Clara fue tal vez la primera gran obra de recuperación patrimonial destinada al turismo en Colombia. Luego vino el Santa Teresa, también en Cartagena”, comenta Gustavo Toro, presidente de la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco). (Vea: La pelea de Mel Gibson y otras leyendas del Santa Clara de Cartagena)

En su opinión, uno de los aspectos más positivos de su apertura fue la llegada al país de la cadena francesa Accor –a través de su marca Sofitel–, una de las firmas más poderosas del mundo en el campo del turismo, que ha operado el hotel desde el comienzo.

Toro, exdirector nacional de Turismo, destaca el hecho de que el Santa Clara sea, desde el 2013, el único hotel en América distinguido con el sello Legend, una de las categorías más exclusivas de Accor, que ostentan apenas cinco establecimientos en el mundo.

Además de Arafat y Castro, entre los huéspedes ilustres del hotel figuran los expresidentes Bill Clinton y Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil); Juan Carlos de Borbón y su esposa Sofía, reyes de España; el escritor mexicano Carlos Fuentes, la cantante Gloria Estefan, el actor Mel Gibson, el director Francis Ford Coppola, el músico Mick Jagger y Bill Gates, fundador de Microsoft. (Lea también: Hoteles colombianos reciben Certificado de Excelencia)

Y seguramente vendrán muchos más, atraídos por la magia colonial de Cartagena de Indias, por festivales de talla internacional como el de Música, el Hay o el de Cine y, por qué no, por la leyenda del Santa Clara.

La ‘suite’ Botero, ganadora

Los hoteles Legend de la cadena Sofitel cuentan todos con una ‘suite’ que busca rendir homenaje a quienes han sobresalido en el mundo de las artes en sus respectivos países. (Lea aquí: La sexualidad humana expuesta en el Museo de Arte Erótico en Miami)

Por esta razón, en el año 2008 se hizo una gran remodelación de la entonces ‘suite presidencial’ del hotel Santa Clara para lograr un espacio realmente fastuoso en el que se rindiera tributo al trabajo del maestro Fernando Botero.

Los objetos y la decoración de la 'suite' Botero rinden tributo al artista con un buen gusto exquisito. / Foto: Archivo Particular.

 

La habitación, de 143 metros cuadrados y donde hay dos obras originales del artista, fue diseñada por Lina Botero, hija del maestro, y por Gustavo Pinto, Sergio Castaño y la constructora Arias Serna Saravia.

La ‘suite’ Botero, que este año obtuvo por segundo año consecutivo el premio a mejor habitación de hotel de Suramérica, cuenta con un salón comedor de doble altura, baño principal, baño auxiliar, ‘walk-in closet’, cocina de apoyo y alcoba con sala.

El precio de una noche en esta ‘suite’ es de seis millones de pesos.

VALENTINA OBANDO
Redacción Domingo

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