Una 'profe' creó la ruta de Andrés Caicedo en Cali

Una 'profe' creó la ruta de Andrés Caicedo en Cali

Desde hace nueve años Ángela Rosa Giraldo empezó a investigar al escritor caleño.

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10 de octubre 2015 , 07:43 p.m.

Cuando Ángela Rosa Giraldo era estudiante se sintió cautivada por la historia de Andrés Caicedo, ese escritor caleño que no muere en la memoria urbana de Cali.

Ahora como profesora universitaria, ella sigue apasionada tanto que desde hace nueve años, cada 29 de septiembre, madruga con cinco girasoles frescos a la tumba S-93 del Cementerio Metropolitano del Norte.

Ella, una hija de Calarcá (Quindío) que reside en Cali desde 1986, es una de las más fervientes investigadoras del escritor, quien cumpliría 64 años de edad, de no haberse tomado 60 pastillas de calmantes en marzo de 1977.

Los girasoles adornan la tumba del escritor de Destinitos fatales o Qué Viva la Música, novela que está próxima a llegar a las pantallas de cine.

Esta licenciada en literatura y candidata a grado de maestría en literatura colombiana y latinoamericana de la universidad del Valle, encontró en Caicedo una pasión a la cual le dedica varias horas de su día, haciendo de él una estrategia para la enseñanza de la etnografía y literatura caleña.

La misma que comenzó cuando se reunía con un grupo de amigos, entre los que se encontraba el fallecido escritor de El Bogotazo, Arturo Alape, quien en largas tertulias literarias les explicaba cómo conocer los autores y sus obras haciendo visitas a los sitios donde ocurrieron los hechos. Fue el inicio para descubrir a Cali.

“El 7 de agosto de 2006, mientras el maestro agonizaba, quienes nos reuníamos con él salimos al centro Cultural Comfandi a ver un performance sobre una obra de Andrés Caicedo. En ese momento me pregunté ¿Será verdad que este es el escritor de la juventud? y recordé que en el colegio donde enseñaba había un grupo complicado para la literatura y decidí que les leería a este autor”, recuerda la profesora.

En el colegio de la comuna 18, donde enseñaba a muchachos de noveno llevó el cuento El Atravesado y sin proponérselo los cautivó.

"A mí el primero que me enseñó a pelear fue mi amigo Edgar Piedrahíta quien fue el que fundó con su novia Rebeca la tropa brava"… Recuerda sobre la lectura a la que los chicos no daban crédito, pero que terminaron por escuchar en silencio.

Ese éxito la llevó a estudiar la obra del escritor en sus clases y el impacto fue enorme, sobre todo en ella.

El pasado 29 de septiembre, pasadas las 8:30 a.m., como cada año, Ángela puso los girasoles en la tumba de Andrés, limpió su lápida y se sentó en una banca de cemento para seguir recordando esas clases.

Cuando conformó con jóvenes entre los 12 y 18 años, el grupo que cada viernes, después de clase, iba a un parque de la ciudad a leer e investigar.

“Recorríamos la Cali de Andrés con la misma técnica de Alape, la avenida Sexta, el parque Versalles, el barrio San Fernando, buscando información, a aquellos contenedores de la memoria que vivieron la época y saciaban la sed de información”, relata.

Poco a poco el grupo fue creciendo y con él los conocimientos hasta conformar una banda de rock que se especializaba en tocar la música que le gustaba a Caicedo. Vinieron las conferencias en la Biblioteca Departamental y la participación el Primer Festival de la Palabra en Armenia 2007, donde fue huéspedes de honor junto a una docena de escritores latinoamericanos.

Édgar Benavides, a quien las hermanas de Caicedo le encargaron la tarea de limpiar su tumba, escucha esos relatos que le han llevado a conocer detalles de la vida de Andrés.

Así sabe que la profesora y sus amigos en la investigación conocieron a los ‘pocos buenos amigos’ como les llamaba el escritor, a ‘fans’ de sus obras, a su padre Carlos Alberto ya fallecido, a sus hermanas Victoria, Pilar y Rosario y a su nana, Amelia Pinchao, que revelaba divertida como la carne frita con tajadas al desayuno lo desvelaban, y que incluso después de muerto, le pidió el menú.

“Ha sido una investigación de seis años, donde nunca dejamos de aprender cosas hasta el día de hoy. Cada vez aparecen más datos que hacen que Caicedo no muera sino que cobre vida, una vida mítica que muchos quieren conocer” dice la profesora.

Pero fue el escritor de Mi cuerpo es una celda, sobre Caicedo, el chileno Alberto Fuguet, quien despertó la inquietud de crear para Cali y el mundo una ruta que permitiera con conocer esos detalles apasionantes.

¿Ustedes qué tienen en Cali que se llame Andrés Caicedo, algún parque, monumento o biblioteca?, recuerda la profesora del interrogante que la dejó fría.

“Aquí no hay nada”, y no pasó mucho para que con base en su investigación se trazará la ruta pedagógica donde a la par de la literatura se disfruta del paisaje caleño.

Es ahí donde nace desde hace tres años la Ruta Andrés Caicedo ‘La literatura hecha vivencia y memoria’, y aunque en este esfuerzo ha perdido dinero y ganado experiencia, pues en la primera jornada de 80 invitados solo llegó uno, ella ahora se divierte compartiendo con los gomosos de un Caicedo adelantado para su época y que se resiste a partir de la memoria.

Viajes de literatura e historia por Cali

En los últimos tres años, la ‘Ruta Caicedo’ ha transportado en sus viajes de literatura e historia a unas mil personas, algunos caleños, pero la mayoría visitantes de Popayán, Pasto, Bogotá y Medellín, siendo estos dos últimos los mayores demandantes. También de Bélgica y Estados Unidos.

“Me apasiona ver a las personas viendo todo ese amor por Cali, una ciudad llena de mitos, la meca del cine, la cuna de la salsa, la rumba, pero ante todo la literatura. Cada que veo a un extranjero feliz conociendo este trabajo, siento que vale la pena”, dice la profesora Ángela Rosa Giraldo, madre de un estudiante de cine y un esposo semiólogo.

La ruta es para personas entre los 12 y 99 años, pero son los de 13 a 28 los más apasionados, según señala Giraldo.

“La ruta hay que contextualizarla según la época de los libros, muchas personas piensan que Caicedo es un marihuanero, rumbero y no es así, toca entender la época, el hipismo, el cine, la rumba, todo lo que les acontecía a los jóvenes de la época”, dice.

Hoy en día Ángela Rosa dicta clases de expresión oral y escrita en la Universidad Autónoma de Occidente en la facultad de Comunicación Social, y espera que su proyecto sea apoyado por la Secretaría de Educación, el Ministerio de las TIC’s y la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali.

Cartas anónimas para el escritor

Para Édgar Benavides limpiar la tumba de Andrés Caicedo es una tarea que le deja más de un experiencia.
Cuenta que en ocasiones llegan personas a visitar el sepulcro, le hablan y se sientan a leer en la banca debajo del árbol.

En ocasiones aparecen cartas y flores sin remitente en medio de la verde hierba, mensajes que guarda y entrega a la profesora Ángela Rosa.

“... Caicedito estoy en tu Calicabozo... Andresito haz ayudado a esta mujer de mil maneras que no caben los agradecimientos. Hoy ante tu tumba, siento que inicio mi propia desinfección. Esto es muy importante para mí...”, dice una de las cartas.

“Y me trajiste a tu ciudad de los tormentos, porque no me bastó leerte, tenía que conocerte aún más, seguir tus pasos, caminar tus calles y saludarte aquí donde todo es gris y nada se siente...”, dice otra.

Todo el material que llega es recibido por la profesora Ángela, que las conserva y se sumerge luego en sus clases, donde recuerda que muchos de sus pequeños alumnos con los que emprendió este proyecto, hoy son universitarios que no dejan de amar la literatura o que viven su propio ‘Cali Calabozo’.

Ella, que se despide en medio del ritual que cada año vive con el escritor de sus amores, se alimenta de ideas para organizar una nueva Ruta de literatura con un estilo caleño.

Si desea conocer más del proyecto puede visitar en facebook Ruta Andrés Caicedo-RAC o comunicarse con la profesora al 311 396 0464.

MARIO BAOS
Especial para EL TIEMPO
CALI

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