Se abre paso para salvar la riqueza de Cabo Manglares

Se abre paso para salvar la riqueza de Cabo Manglares

Tras un derrame de crudo, Parques Nacionales impulsa la declaración de un área protegida en Tumaco.

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09 de octubre 2015 , 06:05 p.m.

Cuando el océano Pacífico se adentra en el territorio colombiano, inunda cientos de brazos de bosque de mangle que le dan la bienvenida a tierra. Estos brazos se extienden por toda la costa pacífica y son raíces que pueden albergar en su interior a 73 especies de peces, 30 de moluscos y nueve de crustáceos, que nadarán hasta convertirse en la principal fuente de vida y productividad en litorales costeros del país y del mundo.

Cada tallo de manglar puede alcanzar hasta cuatro metros de altura. En Tumaco (Nariño), en el sur del país, estos árboles crecen en playas, planicies fluviales, llanuras aluviales, colinas bajas y valles estrechos, donde arriban las tortugas marinas para dejar sus huevos y también llegan 20 especies de aves que vuelan sobre ellas.

Esta semana, este complejo ecosistema, que pasa por las playas de Tumaco hasta la frontera con Ecuador, inició el camino para convertirse en el parque nacional natural número sesenta del país para marzo del próximo año. Se trata de Cabo Manglares, como se conoce a este rincón biodiverso, donde se espera proteger 250.884 hectáreas.

En general, la meta del Gobierno para el año 2018 es que el 17 por ciento de la plataforma continental y el 10 por ciento de la marítima de Colombia estén protegidas de cualquier amenaza contaminante. Al día de hoy, solo el 11,27 por ciento de la continental y 1,5 por ciento de la marina están protegidas.

Cada parque nacional aporta un servicio para el país que depende precisamente del buen estado de los recursos naturales. Por ejemplo, de los 59 parques nacionales se abastecen de agua de manera directa cerca de 25 millones de personas y las áreas protegidas conservan cuatro de las seis estrellas hidrográficas más importantes del país y más del 62 por ciento de los nacimientos de los acuíferos nacionales.

En el caso de Cabo Manglares, su relevancia es que estos brazos, entre mar y tierra, son las salas cuna de especies únicas. Además, es un ecosistema que ayuda a la adaptación al cambio climático, por absorber cerca del 50 por ciento del carbono que Colombia emite a la atmósfera.

Esta riqueza ecológica ha sido estudiada por diferentes instituciones científicas y gubernamentales, que, lideradas por Parques Nacionales Naturales (PNN), buscan recolectar la información clave para determinar por qué debe consevarse.

Desde hace un año, PNN expuso su intención de proteger tal área a la comunidad negra que rodea la cuenca baja del río Mira –la zona de mayor influencia en Cabo Manglares– y trazó un polígono inicial del parque con la ayuda del Consejo Comunitario Bajo Mira y Frontera.

Las 1.200 familias y los 374 pescadores que se benefician de Cabo Manglares viven en sus alrededores, nadie habita de forma directa dentro de la zona por ahora delimitada. Pero si PNN declarara un parque sin el consentimiento de la gente, su supervivencia se vería afectada.

Las personas de Cabo Manglares usan sustancias que extraen de los mangles durante el parto y la ombligada, un ritual de unción a los bebés, para que al crecer se conviertan en pescadores y navegantes de gran destreza.

El brazo que los alimenta

Los brazos del Pacífico terminan también convertidos en marimbas, viviendas, canoas y canaletes. Además, incuban 22 especies marinas, entre ellas la piangua, un molusco café y ovalado similar a una ostra, del que depende su alimentación.

Las 271 piangüeras de Tumaco se meten a las ramificaciones del océano en las mañanas y las buscan escarbando en el suelo de los manglares cuando la marea está baja.

Horas más tarde, llegan enlodadas con un cúmulo de pianguas que les da un ingreso aproximado de 10.000 pesos al día.

O así solían llegar. La realidad es que desde el 22 de junio del 2015, cuando las Farc atentaron contra el oleoducto Trasandino y se derramaron 410.000 galones de petróleo en la desembocadura del río Mira, los brazos del Pacífico tienen sus raíces negras y prácticamente no hay rastro alguno del molusco.

“La vivienda de un cangrejo puede medir lo mismo que un brazo completo. Hoy es un hoyo en el fondo del mar que está lleno de petróleo. ¿Quién va a limpiar todo el crudo que hay dentro?”, se preguntan los miembros de Bajo Mira y Frontera.

Luego del derrame de petróleo en la desembocadura del río Mira, las raíces del manglar están negras y la pesca de piangua, molusco que cultiva la población para el consumo, se ha reducido drásticamente.

Debido a esta crisis ambiental y social producto del derrame –considerado por el ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, como el mayor desastre ambiental en 10 años– PNN priorizó a Cabo Manglares para convertirlo en parque nacional.

La próxima semana harán una consulta previa con la comunidad de Bajo Mira y Frontera.

Los funcionarios de Parques se desplazarán en lancha desde la playa del casco urbano de Tumaco hasta Cabo Manglares, y al llegar, esperan reunirse con los ancianos y aprender cómo se conserva la biodiversidad, a la vez que se preserva una sabiduría étnica.

Si la zona es declarada parque nacional, allí dejarán de confluir flotas de pesca industrial como las atuneras, las de pesca blanca, las de pequeños pelágicos y las de camarones.

Solo los últimos 10 parques nacionales han sido declarados con consentimiento de la gente, porque desde 1991 entró en vigencia el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que exige consultar los proyectos que afecten a una población.

Con Cabo Manglares, Parques Nacionales espera no repetir el caso del parque Farallones de Cali. Juan Iván Sánchez, director territorial de PNN Pacífico, asegura que, por no haber realizado esa consulta antes de la declaratoria, en 1968, varios terrenos continúan en manos de particulares, cuya presencia afecta el equilibrio ambiental y los recursos hídricos que provee Farallones.

Al proceso de Cabo Manglares le queda, luego de consultar a la comunidad afectada, calcular el valor de los servicios que aporta la zona y solicitar un veredicto de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, para que finalmente el Ministerio de Ambiente emita la resolución que lo protegería.

También se deben determinar los presupuestos de funcionamiento del parque, cuyo mantenimiento es más costoso por ser un ecosistema marino-costero.

Sin plata no es viable

La planta mínima de un parque nacional funciona con seis personas: un jefe de parque, un profesional, dos técnicos y dos operarios, que cuentan con contratistas según la complejidad del parque. Pero, del 0,3 por ciento del presupuesto nacional que recibe el Ministerio de Ambiente, PNN solo capta el 11 por ciento, lo que le permite tener una persona atendiendo cada 29 mil hectáreas de la zona protegida.

Eso equivaldría a tener un solo administrador para 29 casas de 10.000 metros cuadrados con solo 4.661 pesos por casa como recurso. “Los parques requieren mucha gestión y un parque sin personal solo está pintado en el mapa, y puede desaparecer fácilmente”, afirma Julia Miranda Londoño, directora de Parques.

Por eso propone que debería haber un ajuste al impuesto por uso del agua y los peajes, de los que su institución se beneficiaría. También por eso adelantan alianzas con la empresa privada como el logro con la Fundación del Grupo Argos, que invirtió 5.000 millones de pesos en estrategias de conservación del oso de anteojos y, por tanto, de los ecosistemas donde vive.

Antes de la firma, que se espera para marzo del próximo año, PNN requiere que la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (organización independiente del Gobierno conformada por los principales científicos de Colombia) certifique que Cabo Manglares debe convertirse en parque nacional natural. Para ello, presentarán un documento técnico que exponga factores biológicos, sociales, económicos y geológicos que evidencian la vital importancia de la zona.

La Academia podrá viajar para observación del territorio y constatará las consecuencias del siniestro ambiental en Tumaco, que aún deja una mancha negra flotando en el agua que antes fue cristalina.

Para la comunidad, si Cabo Manglares se convierte en parque nacional, habrá una esperanza de que regrese el color a los ramales de estos brazos. Y con esto, la comida y las costumbres de la comunidad afro que viven cerca de ellos.

LAURA BAYER YEPES
Escuela EL TIEMPO

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