Las reflexiones y aforismos de Edvard Munch, reunidos en un libro

Las reflexiones y aforismos de Edvard Munch, reunidos en un libro

Se trata de 'El friso de la vida', que coincide con exposición que se inauguró en Madrid (España).

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09 de octubre 2015 , 08:56 a.m.

 "Lo que hay que sacar a la luz es el ser humano, la vida. No la naturaleza muerta". Así lo escribe Edvard Munch, el gran pintor noruego, el precursor del expresionismo, y quien más allá de sus famosos cuadros, como ‘El grito’, también plasmó sus pensamientos en unos textos reunidos ahora en un libro.

La edición de ‘El friso de la vida’ (Nórdica) coincide en estos días con la gran exposición sobre Munch que repasa toda su obra en el Museo Thyssen, con 80 de sus pinturas y grabados.

Edvard Munch (Loten, 1863-1944) escribió toda su vida y todo lo guardaba, cuadernos, anotaciones, cartas, diarios, poemas en prosa, cartas de viaje, listas de tareas, hasta las declaraciones de la renta, todo un material que el pintor entregó junto a su obra pictórica al ayuntamiento de Oslo.

Y es el Munchmuseet, en Oslo, quien alberga todo este tesoro pictórico y todos sus miles de textos, de los cuales ahora llega esta selección en español, traducidos por Cristina Gómez-Baggethun y Kristi Baggethun.

"Ha sido un trabajo muy difícil, una traducción dura- explica Cristina Gómez-Baggethun-, porque eran unos cuadernos en bruto del original, lleno de tachones, sin puntuación y con muchas versiones, como hacía Munch con sus cuadros, con algunas faltas; y tras dar muchas vueltas, al final, decidimos dejarlo como era el original", subraya.

"No hemos incorporado tachones ni faltas de ortografía -aclara-, pero sí hemos dejado su gramática rota y su estilo", añade la traductora, que recuerda el espíritu atormentado y obsesivo de Munch.

"Escribía una y otra vez y volvía a los mismos temas como en sus cuadros. No estaba preocupado por la sintaxis, ni por el estilo, ni por la forma, creo que estaba más dedicado a mostrar sus emociones, sus sentimientos abiertos como en sus cuadros, que el texto dijera algo", añade Gómez-Baggethun.

"No se pinta/copiando la naturaleza -Se toma de ella/o se sirve uno de su rica fuente", escribe.
O también: "Estos cuadros son estados de ánimo, impresiones de la vida espiritual que en conjunto constituyen un desarrollo/de esa lucha entre hombre/ y la mujer denominada amor".

"La palabra escrita fue el medio por el que Munch mantuvo el contacto con el mundo, ya fuera con su familia, amigos u otros artistas y también fue como administró autónomo y se comunicó con asistentes, mecenas, coleccionistas de arte...", escribe Hilde Boe, del Munchmuseet, en el prólogo del libro.

Desde niño Munch convivió con la enfermedad y la muerte. Su madre murió de tuberculosis, al igual que su abuelo, su hermano y la tía que vivía con su familia.

Él vomitó sangre desde niño y sufría constantes catarros, como recuerda en el libro. "Llegué enfermo al mundo, me bautizaron en casa y mi padre creyó que no iba a vivir -Apenas asistí al colegio...".

Unas circunstancias que le llevan a decir también que, a pesar de todo eso y de haber heredado el nerviosismo y la vehemencia nerviosa que padecía su padre, su arte no estaba enfermo.

"No quiero decir con esto que mi/ arte esté enfermo- como creen Scharfenber y muchos otros. Esa gente no comprende la esencia del arte y tampoco la historia del arte", escribe.

Tuvo un atormentado carácter y su propia vida fue escabrosa, para él la bohemia era muy importante, pero a la vez la rechazaba.

Fue un moderno, a contracorriente, no solo en la pintura, sino en su manera de vivir, con una familia muy religiosa.
Estuvo en un proceso de contradicción grande y de liberación personal", sostiene la traductora. Munch pasó por París, Amberes o Berlín y a principios del siglo XX ya era un pintor de gran éxito.

Padeció varias crisis nerviosas y estuvo hospitalizado en varias ocasiones, que compaginó con grandes exposiciones por toda Europa.

Estuvo internado y aislado en un sanatorio de Copenhague en 1909, después volvió a Noruega, donde vivió hasta su muerte, en 1944. Al morir legó más de 1000 cuadros y 15.400 grabados, además de miles de dibujos y acuarelas.

Madrid
EFE

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