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Svetlana Alexiévich: una luchadora contra el poder totalitario

Svetlana Alexiévich: una luchadora contra el poder totalitario

Los reportajes de esta periodista bielorrusa le dieron el Nobel de Literatura.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de octubre 2015 , 08:02 p. m.

La periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich no parece ser una mujer de concesiones. Y menos en el terreno periodístico. Así lo demuestran tanto su obra como sus posiciones políticas. No en vano desde la publicación de su primer libro, 'La guerra no tiene rostro de mujer' (1983), se enfrentó a las sanciones de las autoridades soviéticas.

Alexiévich es coherente con su línea de pensamiento, como lo ratifican las primeras declaraciones que dio ayer jueves, durante una rueda de prensa, al conocer que su trabajo periodístico y literario la hacía merecedora del sexto Premio Nobel de Literatura a la lengua rusa, al lado de reconocidas plumas como Boris Pasternak ('Doctor Zhivago') y Alexandr Solzhenitsin ('Archipiélago gulag').

“Es difícil ser una persona honesta, pero no hay que hacer concesiones ante el poder totalitario”, comentó la escritora en la sede del PEN International de la capital bielorrusa, y luego agregó con contundencia: “Respeto el mundo ruso de la literatura y la ciencia, pero no el mundo ruso de Stalin y Putin”.

“Tampoco me gusta ese 84 por ciento de rusos que llama a matar ucranianos”, señaló la escritora, que nació en 1948 en el oeste de Ucrania. Añadió que estaba convencida de que, con su campaña de bombardeos en Siria, el presidente ruso, Vladímir Putin, está llevando a su país a un “segundo Afganistán”.

Poco después de estas declaraciones, el Kremlin fustigó a la escritora, por acusar a Rusia de instigar el conflicto en Ucrania. “Por lo visto, Svetlana no dispone de toda la información para valorar positivamente lo que ocurre en Ucrania”, dijo Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, a medios locales.

De hecho, la guerra de Afganistán, acontecimiento que precipitó la desintegración soviética, es el protagonista de su libro 'Los chicos del zinc' (1989), que Alexiévich escribió desde el punto de vista de los veteranos y de las madres de los caídos en el país centroasiático.

Honores al periodismo

Aunque varios autores precedentes que han recibido este importante galardón –como el propio Gabriel García Márquez– fueron también destacados periodistas, la crítica ha resaltado que este Nobel de Literatura ha reconocido por primera vez el reportaje periodístico. Y lo hizo a través del trabajo de Alexiévich, “por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”, como lo anotó el jurado.

La Academia Sueca ha resaltado que su obra profundiza en la comprensión de toda una era a través de un método “extraordinario”, un collage de voces humanas compuesto de forma cuidadosa. “Ha inventado un nuevo género literario, supera el formato del periodismo, continuando lo que otros autores han contribuido a elaborar”, señaló la secretaria permanente de la Academia, Sara Danius.

A Alexiévich se la ha comparado a menudo con el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, quien, según especularon medios suecos, habría ganado el Nobel en el 2007 de no haber muerto justo ese año.

Al aludir a su tierra natal y a su compromiso intelectual, la escritora también confesó que quiere “mucho” a Ucrania y recordó que estuvo en la revolución que tuvo lugar el pasado año en Kiev, en la que fue derrocado el presidente, Víktor Yanukóvich: “Estuve en (la plaza) Maidán y he llorado ante las fotografías de la centuria celestial”, los cientos de caídos en la revuelta popular de febrero del 2014.

Nacida en Stanislav (hoy Ivano-Frankivsk, Ucrania), el 31 de mayo de 1948, e hija de un militar bielorruso y de madre ucraniana, Alexiévich vivió desde pequeña en Bielorrusia, donde sus dos progenitores eran maestros. De allí que durante su intervención del jueves dedicó el galardón también a ese país. “Es una recompensa no solo para mí, sino también para nuestra cultura, nuestro pequeño país”, dijo.

Fue allí, en la capital bielorrusa, Minsk, donde en 1967 comenzó a estudiar periodismo; y después de graduarse se marchó a la ciudad de Biaroza, provincia de Brest, para trabajar como reportera en el periódico local y como maestra en la escuela.

‘Voces de Chernóbil’ es de los pocos títulos de la escritora que se consiguen en español. En un mes llegarían nuevas traducciones.

Tras años de dudar entre el periodismo y la enseñanza, tuvo la oportunidad de trabajar en un diario de Minsk, del que saltó a la revista literaria Neman, para la que escribió reportajes, ensayos y narraciones.

Visiblemente feliz, Michel Parfenov, el editor francés de Alexiévich, la definió como “una mujer normal y, al mismo tiempo, representativa de la intelectualidad rusa”, comentó, y resaltó su sencillez.

Precisamente esa característica, a juicio de su editor, “la ayuda enormemente a la hora de trabajar con gente sencilla”. Esta intelectual “poco coqueta” tiene “un especial don de gentes” con los humildes. “No intimida”, insiste. “Está totalmente por fuera del sistema de poder actual, como también lo estaba en la época soviética”, añadió Parfenov.

Al agregar que ha vivido de los contratos con editores extranjeros y becas de instituciones culturales, el editor comentó que la escritora suele llevar una vida tranquila en Minsk. “Por supuesto que la vigilan –señala–, pero puede ir y venir como le parezca”.

Eso sí, Parfenov se mostró un tanto preocupado por la salud de la laureada, que padece cefaleas. “Tenía intención de ir a tratarse a Israel en noviembre”, dijo.

“Es una de las raras escritoras que comenzaron a escribir durante el período soviético y que siguieron haciéndolo después”, anotó el editor.

Entre dos amores

Al entrar en el terreno de la narrativa, Alexiévich considera al escritor Ales Adamóvich como su principal maestro y figura clave en su carrera. Gracias a él se decidió finalmente por la literatura.

Su contribución a esta, según los estudiosos, pasa por la llamada “novela colectiva” o “coro épico”, un género a caballo entre literatura y periodismo, donde la autora va yuxtaponiendo los testimonios individuales de sus entrevistas, con el que logra llegar al lado más humano de los acontecimientos.

Un ejemplo de ello es su primera novela, 'La guerra no tiene rostro de mujer' (1983), en la que, a base de entrevistas y monólogos, ahonda en el papel de la mujer rusa durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra. Ya en su libro 'Pueblo' –con monólogos de personas que abandonaron sus lugares de origen– se ganó la fama de periodista disidente, antisoviética, que le costó que el Comité Central del Libro, en Bielorrusia, la cuestionara, además de ser amenazada con perder el trabajo por no pertenecer al Partido Comunista.

Esa sangre de reportera nata que corre por sus venas es sello que se refleja en varios de sus libros. Para recoger el material para su libro 'Los chicos del zinc', la autora viajó por todo el país durante cuatro años y recopiló los testimonios de madres y veteranos de la guerra de Afganistán, víctimas de la guerra.

A su turno, en 'Encantado con la muerte' (1993) trató el suicido como una opción para algunos luego de la caída del sistema socialista, una historia que fue llevada al cine ('La cruz').

En 'Voces de Chernóbil' (1997), su libro más conocido, recopila diez años de entrevistas a más de quinientas personas sobre la tragedia. Esta obra, recientemente adaptada al cine como documental, se estrenará el próximo año. En ella, no se centra tanto en la catástrofe nuclear, sino en sus consecuencias más humanas, las pasadas y las futuras, en un libro en el que entreteje cuarenta monólogos de otros tantos protagonistas y que le valió el Premio del Círculo de Críticos de Estados Unidos en el 2005, año en que se publicó en inglés.

Además de este galardón, Alexiévich –quien ha firmado más de una veintena de guiones para cine y documentales y escrito obras teatrales– ha sido galardonada con otros premios internacionales.

Entre ellos, el premio Kurt Tucholsky al “coraje y dignidad en la escritura”; el Andréi Sinyavsky a “la nobleza en la literatura”; el ruso independiente Triunfo; el Leipzig “a la mutua comprensión europea” en 1998; el Herder o el Premio de la Paz de los Libreros de Alemania, en el 2013.

Así como el Premio Médicis francés, el National Book Critics Circle Prize, de Nueva York, y es además Oficial de las Artes y las Letras de la República Francesa, un reconocimiento obtenido en el 2014.

Su propia historia

Para los expertos, esta periodista-literata ha contado con éxito la historia del pueblo ruso durante los setenta años de socialismo, desde la Revolución de 1917 hasta los tiempos actuales, pasando por el terror de Stalin y los gulags o la caída del sistema socialista.

Sus libros son una crónica de la historia de sus hombres y mujeres, durante varias generaciones, antes y después de la URSS, a los que Alexiévich no puede dejar de entrevistar personalmente como esa reportera que lleva dentro.

En una entrevista recogida en su sitio web, señala que estuvo buscando durante mucho tiempo un método literario que le permitiera “la aproximación más cercana posible a la vida real”. “La realidad siempre me ha atraído como un imán, me torturaba e hipnotizaba, quería capturarla en papel”, dijo.

Al hacer un sondeo en las principales librerías colombianas, este diario encontró que 'Voces de Chernóbil', editado en España por Siglo XXI, una de sus obras más famosas traducidas al español, se encuentra agotado en el país.

Sin embargo, Felipe Ossa, de la Librería Nacional, comentó que el sello Random House ya le anunció que el próximo mes pondrá en librerías algunas de las obras de la flamante premio nobel, traducidas a nuestro idioma. Es el caso de 'La guerra no tiene rostro' y 'El hombre de rojo', bajo el sello Debate, así como también 'Voces de Chernóbil', que este grupo publicó en enero pasado, en su sello DeBolsillo.

EFE y AFP

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