El Duque de los claveles

El Duque de los claveles

Leonardo el 'Duque' Salviati llegó a Colombia en los años sesenta y la escogió como su patria chica.

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08 de octubre 2015 , 05:01 p.m.

Cuando Franco Rossi, director de la película Pon la otra mejilla, de la exitosísima serie de los Trinity, Bud Spencer y Terence Hill, nos comunicó que había escogido a Leonardo Salviati para interpretar el rol del profesor que está buscando “el eslabón perdido”, todos nos pusimos contentos, menos él. Leonardo el ‘Duque’ Salviati, vástago de una gran familia, originaria de Pisa (Migliarino), había llegado a Colombia en los años sesenta, cuando las grandes familias italianas buscaban nuevas oportunidades en América Latina: en Venezuela, los napolitanos Serra di Cassano, los Ruspoli, los Mussolini; en Argentina, los Antinori, esposo de la dueña de la Fiat, Susanna Agnelli; en Brasil, los Matarazzo, creadores del primer Museo de Arte Moderno en São Paulo.

Leonardo llegó a Colombia después de haber conocido en un colegio, en Suiza, un grupo de colombianos, que le habían parecido alegres e inteligentes, y sin pensarlo mucho había decidido aceptar unas propuestas de negocios que, naturalmente, no se concretaron; él contaba que llegó adonde su amigo, en los Llanos, y lo encontró echado en una hamaca, tomando cerveza, y que lo saludó con un “ala, Salviati, ¿¡y tú qué haces aquí!?”.

Y él, después de este viaje a los Llanos, se enamoró tanto de la naturaleza colombiana que decidió quedarse y dedicarse a la ganadería vacuna. Para Leonardo era la primera experiencia, pero esto también lo hizo con gran clase y dedicación. Pero esto no duró y el aporte más grande a Colombia de este gigante de ojos azules fue la importación de unas especias mediterráneas que multiplicaron la posibilidad de obtener la variedad de colores que él decía se parecían a los atardeceres del Vichada. Y recuerdo una frase que le repetía a su mujer, la gran Benedetta: “En Colombia todavía se hacen las cosas con el corazón”. Y con el corazón fundó un restaurante italiano, Il Tinello, que se puso de moda por el ambiente familiar, el buen servicio y la óptima comida toscana.

Tuve el gran privilegio de encontrar a Leonardo y a Benedetta apenas llegué al país y, como si nos hubiéramos conocido desde siempre, me hospedaron en su casa y nació una amistad que duró más de cuarenta años y sigue después de su viaje final, que él quiso que fuera en Colombia, este país que él amó y que escogió como su patria chica.

Salvo Basile

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