Ilusiones

Ilusiones

Que por fin la política en Colombia se haga sin sangre es lo verdaderamente esperanzador del proceso

notitle
07 de octubre 2015 , 06:29 p.m.

A raíz de la firma del punto de justicia, muchos analistas no esconden sus ilusiones de que ocurran grandes cambios sociales en el país. Sus ilusiones responden a una premisa general que supone que las élites colombianas han sido reacias a reformas modernizadoras por el temor a la guerrilla. Las élites regionales, en particular, han aprovechado esta excusa para vetar cambios que acabarían sus principales fuentes de rentas: la tierra y la política.

Es cierto que en Colombia hay un grave problema de exclusión y desigualdad social, y que muchas élites, nacionales y regionales; tienen una vocación rentista; absorben más riqueza que la que producen. Sin embargo, no es claro que la paz dé lugar a un nuevo entorno político propicio para reformas modernizadoras.

La gran consecuencia política de los acuerdos, si la hay, va a ser una ampliación de la participación electoral de la
izquierda, sobre todo en el ámbito local. Eventualmente, los triunfos de la izquierda podrán conducir a algún proceso redistributivo que mejore los niveles de inclusión, pero ni va a ser muy muy profundo ni va a dar sepultura a la naturaleza rentista de las élites políticas. Puede, incluso, pasar lo contrario.

La inclusión depende en su mayor parte de la riqueza disponible, y en Colombia, aun mejorando su distribución, no hay suficiente para atender muchos sectores que viven en condiciones más que precarias. Igual de preocupante es que los procesos redistributivos son costosos. La clase política que los distribuye captura una tajada gruesa de los recursos destinados a los excluidos.

La paz, en ese sentido, puede llevar a dos situaciones opuestas a la inclusión. Por un lado, la izquierda es tan rentista como las fuerzas políticas tradicionales. Pero, además, apuesta por sistemas redistributivos basados en el asistencialismo y más burocracia, que son los más susceptibles de ser capturados por los rentistas. Por otro lado, la izquierda radical, que se posicionaría en el espectro político con el acuerdo, no esconde su sesgo contra la libre empresa y el capitalismo. Sin la inversión privada será mucho más difícil crear la riqueza necesaria para llevar a cabo los procesos de inclusión.

En vez de hacerse ilusiones con significativos cambios sociales, los analistas deberían ilusionarse con lo verdaderamente grandioso y esperanzador del proceso de La Habana: es probable que por fin en Colombia la política se haga sin sangre.

Gustavo Duncan

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.