Ser mamá durante y después del cáncer de seno

Ser mamá durante y después del cáncer de seno

Ni mujeres jóvenes en edades fértiles ni embarazadas se salvan de esta enfermedad.

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07 de octubre 2015 , 01:27 p.m.

Habían pasado apenas 26 días de absoluta felicidad para Catalina Suescún tras enterarse de que estaba embarazada cuando le dieron otra noticia con la que sintió que se le acababa el mundo: “Me confirmaron que tenía cáncer de mama”, recuerda esta publicista de 37 años. Su calvario empezó el día de su cumpleaños, el 21 de noviembre del 2013, cuando le hicieron una ecografía para determinar si tenía cáncer y seis días después le confirmaron el diagnóstico.

Esta compleja situación, aunque no es frecuente, así como los casos de mujeres que manifiestan su deseo de ser madres después de completar su tratamiento oncológico, ha llevado a los médicos a trabajar más en la concientización con programas de prevención, porque este mal cada vez ataca más a menores de 50 años, y en plena edad fértil. Y los está haciendo revaluar cómo se administra el tratamiento en caso de que ellas quieran ser mamás, superada esta difícil etapa.

“Hay un error y es una falta grandísima por parte de los que tratamos cáncer de mama, porque cuando tenemos ese diagnóstico nos ocupamos de diseñar un plan de tratamiento para la paciente y nos olvidamos de preguntarle si quiere tener hijos, porque en ese momento lo que nos importa es luchar por su vida –reconoce el mastólogo oncólogo Alejandro Orozco, asesor de la Fundación Avon–. Y esta pregunta debería ser obligatoria como parte de los tratamientos que hacemos en pacientes en edad fértil”.

El cambio de estilo de vida, con mayor estrés por las ocupaciones cotidianas, y el hecho de postergar la maternidad son factores señalados como posibles razones para que se presente cáncer de mama a edades más tempranas. Según un estudio de la Asociación Colombiana de Mastología, el 32 por ciento de los casos son diagnosticados antes de los 50 años, el 20 por ciento entre 40 y 49 años, y el 12 por ciento en menores de 40.

Por eso en las campañas contra este tipo de cáncer, que junto con el de cuello uterino es el que causa más muertes en Colombia, se invita a las menores de 50 años a tener hábitos de prevención, hacerse el autoexamen mensual (del 100 por ciento de los casos estudiados, el 72 presentó lesiones palpables, según la Liga Colombiana contra el Cáncer), y a consultar por lo menos una vez al año. Carlos Castro, director científico de esta entidad, señala que las mujeres con menopausia prematura, que no tuvieron hijos ni lactaron presentan un riesgo mayor de ser diagnosticadas con la enfermedad, por eso deben consultar al especialista así no tengan todavía 50 años, verifiquen su historia particular –si hay antecedentes familiares– y contemplen la posibilidad de la mamografía.

En el caso de Catalina, ella no tenía antecedentes familiares de este cáncer, seguía una alimentación sana, hacía ejercicio y había sido madre joven: a los 21 tuvo a su hijo mayor, hoy de 16 años, y a los 33 al segundo. Esas características se repiten en otras sobrevivientes de este tipo de cáncer, como Dayana Molina, a quien se lo diagnosticaron a los 27 años y tampoco presentaba antecedentes familiares. “Lo único que recuerdo es que tiempo antes del diagnóstico había pasado por un periodo de gran tristeza, un momento emocional fuerte, que los especialistas me dijeron que pudo haber incidido en la aparición de la enfermedad; además no comía bien pero hacía ejercicio”, dice ella, quien, sin planearlo, quedó embarazada de mellizas al poco tiempo de completar su tratamiento oncológico.

Alicia, a los tres días de nacida, cuando llega a la casa. La esperan sus hermanos, Martín Ponce de León, de 3 años, y Juan Sebastián Devia, de 15, en ese entonces.

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Diagnosticar un cáncer durante el embarazo es una situación bastante difícil porque ya no es solamente una vida la que está en juego sino dos. “Continuar con el embarazo es una decisión que debe tomarse en conjunto con la paciente y sus otros médicos (mastólogo, oncólogo clínico, radioterapeuta, ginecobstetra) y se hace teniendo en cuenta el tiempo de gestación. La decisión es más fácil cuando se diagnostica en el tercer trimestre, porque el bebé ya ha completado su desarrollo y se puede proceder a inducir el parto o hacer una cesárea para iniciar prontamente el tratamiento”, indica el mastólogo Sebastián Quintero, uno de los especialistas que atendieron el caso de Catalina.

A ella se le explicaron las alternativas, “y con su esposo, decidimos continuar con el tratamiento. La idea era utilizar medicamentos con el menor potencial dañino para el bebé (efecto teratogénico). Esperar a concluir el embarazo para iniciar el tratamiento no era una opción por el estado de la enfermedad y las características del tumor”, explica su oncólogo Hernán Carranza.

¿Empeora el cáncer con el embarazo? “Cada caso es particular, un universo aparte”, señala el oncólogo Alejandro Orozco. Y así mismo, deben ser los exámenes de diagnóstico que se le practiquen a cada mujer, de acuerdo con su edad, estado gestacional y de salud, tipo de tumor, estado en el que se encuentre y antecedentes familiares. Lo mismo sucede con el tratamiento a seguir.

En casos como el de Catalina, siempre se considera un embarazo de alto riesgo, “y el ginecólogo hace evaluaciones con ecografía cada mes con el fin de detectar si hay algún retraso en el crecimiento, y luego controles con pediatría y neuropsicología para evaluar el desarrollo físico e intelectual”, agrega Carranza.

Otro aspecto es que en una embarazada se dificultan los exámenes clínicos, por consiguiente el diagnóstico del cáncer de mama, por el aumento en la densidad de los senos. Catalina confirma que una ecografía puede resultar no tan reveladora y concluyente: “En mi caso no sabían si tenía los senos inflamados por el embarazo o las hormonas.

En un examen médico o en el autoexamen es muy difícil de diagnosticar, y con la ecografía quedan dudas”. A ella le hicieron una biopsia, mamografía, resonancia magnética de seno, y una vez conocido el diagnóstico revisaron si tenía cáncer en otra parte del cuerpo: pulmones, huesos, estómago, hígado, páncreas, etc.

“Este cáncer es el más común en embarazadas y después del parto; se presenta en una de cada 3.000 –indica Carranza–. Y la probabilidad de quedar en embarazo después de un tratamiento oncológico con quimioterapia varía con la edad, siendo mayor cuanto más joven sea la mujer, y menor si se acerca a la menopausia, cuando el efecto de la quimio sobre el ovario es mayor, a pesar de las medidas médicas”.

Para el mastólogo Sebastián Quintero, otra historia es la de las mujeres que completaron su tratamiento oncológico y desean ser madres. Una primera consideración es la edad. “Un 12 por ciento de las pacientes son diagnosticadas antes de los 40 años, que en términos generales consideramos fértiles, y solo por una cuestión de edad, los embarazos en los últimos años de esta década son más difíciles de lograr”, explica.

Ahora, “si sumamos el tratamiento oncológico, estas posibilidades disminuyen, ya que la quimioterapia afecta el número de óvulos viables, teniendo mujeres que incluso quedan en una menopausia prematura como un efecto secundario de los medicamentos”, dice Quintero. Pero muchas vuelven a presentar su menstruación y se embarazan de forma natural.

Dayana Molina, de 31 años, con Juliana y Mariana Reina. A los dos años de completado su tratamiento contra el cáncer de mama quedó embarazada.

Aunque no hay una guía exacta, “se prefiere que no busquen embarazarse antes de tres años de finalizado el tratamiento”, dice Carranza. El cáncer de mama, vemos con cierta frecuencia que se presenta en jóvenes con deseo de tener familia. Hay colegas más radicales que consideran un riesgo muy elevado para una recaída cualquier embarazo posterior, pero esta situación debe discutirse de manera individual y evaluar los riesgos”.

Sin embargo, es vital sopesar el riesgo y el beneficio. “Considero un riesgo no justificado los métodos que buscan la inducción de la ovulación por medio de grandes cargas de estrógenos necesarias para lograrlo, ya que el 70 por ciento de los cánceres de mama se estimulan y son sensibles a los estrógenos. Es preferible esperar tres años y luego buscar el embarazo sin ninguna ayuda hormonal adicional”, explica Carranza.

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Un embarazo inesperado y fuera de los tiempos sugeridos por los especialistas vivió Juliana Andrade. “Sucedió tras diagnosticarme menopausia precoz como consecuencia de las quimios y radioterapias”, recuerda. Antes de comenzar su tratamiento decidió congelar sus óvulos, porque no perdía la esperanza de ser mamá otra vez. Pero al completar el tratamiento “me dijeron que no era probable porque mi útero y ovarios se habían apagado. Era como si no sirviera la vasija así tuviera los óvulos”, precisa la administradora de empresas de 38 años.

No obstante, habían pasado nueve meses desde su última quimio y siete de la última radioterapia cuando se enteró de que esperaba a Federico. Ella, luego de sentir molestias en el colon, se practicó una ecografía para ver qué pasaba y la sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que estaba embarazada. “Tenía tres meses de gestación; ¡él es un milagro!”, sostiene Juliana.

Existen otras alternativas para ser mamá: “Con medicamentos que bloquean la función ovárica durante el tratamiento contra el cáncer y preservan la fertilidad luego de este. Se puede hacer preservación de óvulos para realizar una fertilización in vitro posterior, e incluso preservación de embriones, que después pueden ser implantados en el útero de la madre o en un útero sustituto, si así se requiere”, explica Quintero. “No se puede descartar intentar un embarazo con óvulos o embriones donados y, en caso de que todas estas opciones no sean viables, está la adopción”, dice el mastólogo. Por supuesto, cualquier alternativa debe ser decidida por la mujer con su pareja y con el apoyo de un equipo médico multidisciplinario.

Alicia, la hija de Catalina, nació a las 34 semanas de gestación, con 42 centímetros, 1.700 gramos de peso y buena salud. Pero el proceso de gestación no fue sencillo por los riesgos. El día de su nacimiento se decidió tras un tira y afloje de fechas entre el oncólogo y el ginecólogo que seguían su caso. “Tenían que cambiarme el esquema de quimioterapia, mi cuerpo estaba intoxicado y otra dosis de la que estaba recibiendo podía afectarme el corazón, y las células del cáncer reconocían el medicamento y ya no les hacía ningún efecto”, recuerda Catalina, que en abril terminó su quimioterapia y continúa con controles trimestrales, porque no puede bajar la guardia frente a esta enfermedad, que aprendió a ver no como una sentencia de muerte, sino como una oportunidad para valorar la vida y no dejarse vencer por los miedos. 

Juliana Andrade con César Rodríguez, su esposo, y sus hijos Emma y Federico, quien nació a pesar de que a ella le habían diagnosticado menopausia precoz.

FLOR NADYNE MILLÁN M.
@NadyneMillan

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