Vea cómo Turquía logró que sus ciudadanos leyeran casi todos los días

Vea cómo Turquía logró que sus ciudadanos leyeran casi todos los días

Un curioso mobiliario urbano hace parte de la estrategia. ¿Imagina este proyecto en Colombia?

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06 de octubre 2015 , 11:22 p.m.

¿Y qué tal si usted está esperando a un amigo en un parque y mientras llega, lee ‘La Hojarasca’ de Gabo? (sin precisamente tener el libro en sus manos, ni el celular) ¿Y qué tal si entretiene a su sobrino en un paradero de buses con la obra ‘Simón, el bobito’, de Rafael Pombo? ¿Y qué tal si en cualquier calle Héctor Abad Faciolince le hace olvidar que tuvo un mal día? Estos escenarios serían posibles si Colombia imitara un proyecto nacido en Turquía: los 'libros asientos'.

Podría decirse que todos los países buscan que sus habitantes lean más y Turquía se lo propone con su mobiliario urbano. En vez de papel, Estambul elegió el cemento para exhibir obras de 18 escritores turcos clásicos en los asientos de los parques.

Los particulares muebles, que llaman la atención del más desapercibido de los ciudadanos, también están ubicados en paraderos de buses, plazas comerciales y principales avenidas.

Tienen forma de libro abierto, pero de libro abierto gigante; no muestran cualquier página, sino el mejor fragmento de las novelas -y lo hacen con letra legible-. Las páginas de arcilla tienen las curvas que suelen hacérsele a las hojas y los colores usados son tan apropiados que algunos podrían imaginar que se trata de los libros más grandes del mundo. Por supuesto, los espaldares muestran las portadas de la obras. La base es una ‘hoja en blanco’, esto para que el lector no se siente sobre las letras.

Las 'esculturas' captan la atención de los turistas, quienes pueden tomarse fotografías abrazando un texto de, por ejemplo, Orhan Veli Kanik, un poeta turco.

Estambul confía en que estas sillas motiven a las personas a comprar el ejemplar de la historia que se les cruzó en su día; además de promocionar, sin mucha inversión, la literatura turca.

Como es habitual en la sección ‘Y qué tal si’, preguntamos a nuestros usuarios si imaginan esta idea en las calles de Neiva, Envigado, Bucaramanga, Sincelejo, por mencionar algunas ciudades colombianas. ¿Considera que se justifica implementar esta iniciativa? ¿Cree que en nuestro país estos bancos serían alterados fácilmente? ¿Usted leería un texto exhibido en una silla?

Sobre la posibilidad de que Colombia replique esta idea, les preguntamos al escritor y periodista medellinense Sergio Ocampo Madrid y a Ruth Elena Vallejo, gerente de la Red Capital de Bibliotecas Públicas (Biblored).

Lea sus opiniones y cuéntenos la suya.

Sergio Ocampo Madrid, escritor y periodista medellinense:

La idea de los 'libros asiento' de Estambul me parece prodigiosa. Por una parte, esas raras bancas en forma de libro abierto se ven hermosas en el paisaje urbano de esta aldea gigantesca y con más historia que Londres, París y Nueva York juntas, y enclavada en uno de los mejores entornos naturales del planeta, con el Bósforo a los pies, el mar Negro a media hora, y en la eterna indefinición de ser europea o ser asiática, o serlo todo, como cuando fue centro del mundo.

Las bancas son, entonces, un bello aporte al amoblamiento citadino. Pero también son una ofrenda a los escritores turcos, pues reproducen pasajes cortos de grandes novelas de esa prolífica literatura que ha dado Asia Menor a lo largo de los siglos. La gente se sienta a descansar, a esperar a alguien en la expectativa de una cita, a pasar el rato simplemente, mientras el sol cae allá lejos sobre el mar Mediterráneo, y se acompaña con la lectura de fragmentos entrañables de sus mejores literatos.

Es una buena metáfora la que surge de aparear el sosiego de una banca en una alameda o en un parque con la mejor prosa en la lengua que es de uno. Párrafos escritos, además, en concreto, en el simbolismo de las palabras que se escriben para siempre.

Se trata entonces de un ejercicio de ciudad y de memoria. De convivencia y de homenaje. De arte urbano y de solaz.

Imagino poder hacerlo en Bogotá: en estos días de sol redundante; bajo los árboles del Parque Nacional, revisar algún trozo de ‘María’, de Isaacs, repasar con los ojos y los dedos las estrofas que más me gustan de ‘Nocturno’, o los poemas sensitivos que todos olvidaron de Pombo hasta dejarlo en el sitio exiguo de un pequeño fabulista; releer a Mejía Vallejo en ‘El día señalado’ o hacerlo en voz alta con la prosa exacta de Espinosa, de Collazos, de Mutis, y obviamente admirar la precisión del adjetivo y la resonancia universal de aquella entrada legendaria que dice: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”.

 

Ruth Elena Vallejo, gerente de Red Capital de Bibliotecas Públicas (Biblored):

Considero que esta iniciativa puede ser novedosa y llamativa para todas las personas: generar motivaciones por tomarse fotos, sentir curiosidad por leer frases del texto, por saber quién lo escribió; pero apostar porque desde allí nazcan las prácticas de lectura ideales es difícil (varias horas a la semana, por gusto, en familia, en el hogar, en el parque). Se requiere, en un primer momento, estrategias de acompañamiento que inciten a las personas a leer.

Tener esta iniciativa en Colombia podría ayudar a promocionar el acceso a actividades de lectura, de literatura, en distintos géneros y soportes; pero la infraestructura sola, aunque es interesante, no es suficiente. Sumado a esa propuesta no convencional deben aparecer las escenas de lectura: cómo leer, razones para leer, dónde leer, qué leer, con quién leer; un mediador allí tendría un rol muy importante, a través de los promotores, que pueden ser de lectura y de escritura.

Ahora, estos elementos de análisis responden únicamente a lo que se ve en infraestructura. Se requeriría conocer cuál es la estrategia de fondo: ¿Identificar los materiales, leerlos, promocionarlos? ¿Fomentar la lectura? ¿Saber qué pasa después?

Compra y circulación de materiales, lectura de textos… Todas las iniciativas que generen prácticas lectoras son bienvenidas en cualquier parte del mundo, y Colombia no es la excepción. En el país, esta experiencia se vive en la biblioteca pública y la escuela, también en espacios no convencionales, por ejemplo, los Paraderos Para Libros para Parques (PPP) y las Bibloestaciones; donde hay materiales de lectura disponibles para que las personas los lleven a casa. Hay promotores que se forman en procesos de mediación o promoción de la lectura, y también de la escritura. Por allí transitan niños, jóvenes, adultos, mujeres, de quienes se espera tengan una relación cercana con la literatura.

Compártanos su opinión


Si quiere compartir una idea exitosa que podría aplicarse en Colombia, escriba a pilcam@eltiempo.com.

Vea aquí todas las ideas exitosas promovidas en nuestra sección 'Y qué tal si' y los resultados de los sondeos realizados.

MARÍA DEL PILAR CAMARGO CRUZ
Redacción EL TIEMPO
En Twitter, @PilarCCruz

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