Hermes, el mediador de conflictos que recorre los colegios distritales

Hermes, el mediador de conflictos que recorre los colegios distritales

Juan Ruiz y Andrés Botia saben que para resolver los conflictos hay que ir al fondo del problema.

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06 de octubre 2015 , 10:07 a.m.

De no haber sido por su labor no habrían detectado la raíz del problema. No habrían entendido qué les pasaba a esos niños ni por qué eran tan agresivos con sus compañeros. Quizá, simplemente, habrían creído que se trataba de otro caso más de indisciplina escolar, un mal comportamiento que se sancionaba con un llamado de atención de los profesores, una anotación en la coordinación académica del colegio, o una citación a los padres de familia.

Pero la experiencia de Juan Darío Ruiz y Andrés Felipe Botia les dice que no se pueden conformar con mirar ‘la superficie’. Saben que para resolver los conflictos hay que ir al fondo del problema, entender las causas, analizar todos los factores, encontrar soluciones dialogadas. Ser quien escucha y no quien juzga.

Gracias a esa visión descubrieron que un niño de cuarto grado de primaria de su colegio, la Institución Educativa Distrital Manuel del Socorro Rodríguez, ubicada en la localidad Rafael Uribe, al sur de Bogotá, agredía a sus compañeros porque sufría episodios de estrés infantil. O que la agresividad de otro pequeño, también de primaria, se debía a que en casa, su papá le pegaba a su mamá y él llegaba al colegio a replicar esa cadena de maltrato.

“Nos dimos a la tarea de escuchar su caso, de entender el porqué de su ira y cuando descubrimos las razones le llevamos el caso a la orientadora del colegio.

Ella convocó a los padres y empezaron a trabajar en el tema. El proceso duró dos años y hoy son una familia armoniosa”, cuenta Andrés Felipe.

Juan Ruiz y Andrés Botia, del colegio Manuel del Socorro Rodríguez, han logrado identificar problemas que nacen en los hogares y llegan hasta las aulas. Archivo particular

No son psicólogos ni trabajadores sociales, tampoco tienen especializaciones en resolución de conflictos. Juan Darío y Andrés Felipe, son dos jóvenes de 16 y 19 años, estudiantes de grado once, que hace cuatro años se convirtieron en conciliadores escolares para ayudar a resolver los conflictos de convivencia que se presentan en el día a día de su institución: problemas que van desde rumores, apodos, malentendidos, asuntos de noviazgos hasta presuntos robos, plagio de trabajos escolares y maltrato físico y verbal, e incluso, bullying, son la materia prima con la que trabajan a diario.

Como ellos, cerca de ocho millones de estudiantes de grados octavo a once, profesores y padres de familia se han capacitado en los últimos 15 años a través del programa ‘Hermes’ con el que la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) busca crear una cultura en la que los problemas y riñas en los colegios sean resueltos por la vía del diálogo y las salidas negociadas. La iniciativa ha llegado a 340 colegios públicos del distrito y a 109 escuelas e instituciones educativas en 38 municipios de Cundinamarca, de estratos 0, 1, 2 y 3, que cuentan con 80 consultores encargados de realizar visitas semanales para capacitar a la comunidad educativa.
El programa tiene sus orígenes en el proyecto piloto ‘Ariadna, tejiendo hilos de la paz en la escuela’, una estrategia que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) impulsó hacia finales de los años 90 con la participación de varias cámaras de comercio en Colombia.

Cuando el proyecto finalizó, la idea fue retomada por el Centro de Conciliación y Arbitraje de la CCB que para el año 2000 decidió lanzar su propio modelo. El trabajo inició con 25 colegios y el programa fue rebautizado como ‘Hermes’, que según la mitología griega fue el mediador y el mensajero de los dioses.
De esta forma los colegios, voluntariamente, han cedido un espacio de sus jornadas académicas y han acordado horarios, espacios físicos y actividades a realizar, para hacer de Hermes, parte de su currículo escolar. Incluso, se han establecido días para realizar las ‘Mesas de Conciliación’ en los que toda la comunidad puede exponer sus inconformidades y problemas bien sea entre alumnos, o entre estos y sus maestros.

“Se trata de una nueva materia en la que buscamos formar generaciones de bachilleres líderes con una nueva cultura de resolución pacífica de conflictos, con una formación sólida en valores, que son capaces de entender, aceptar y respetar las diferencias y de ponerse en los zapatos del otro”, sostiene Rafael Bernal, vicepresidente del Centro de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Iván Darío Ruiz dice que su colegio cuenta actualmente con 16 gestores de convivencia certificados y que esa “cátedra para la paz” la han tomado semanalmente durante dos horas. “Nos han dado muchas herramientas para resolver los problemas que afectan a nuestros compañeros en el día a día: chismes, agresiones físicas y verbales, pequeños robos, etc. Nos enseñaron cómo ser imparciales, cómo escuchar y poner a dialogar a las partes involucradas, cómo encontrar soluciones justas para todos”, relata este joven para quien su modelo a seguir es Nelson Mandela. “Yo quisiera llegar a ser como él, porque en el barrio en el que vivo hay muchos problemas de discriminación hacia las personas afro”, añade.

Al suroccidente de la ciudad, Mally Moreno y Alejandra Galeano, de 16 y 17 años, cuentan que se certificaron hace casi tres años como Conciliadoras Escolares del Colegio La Chucua, ubicado en la localidad de Kennedy.

“Ha sido una experiencia enriquecedora porque aprendes a mirar los problemas desde otras perspectivas, a buscar soluciones negociadas y eso es básico cuando se está en un proceso de maduración emocional como el que atravesamos los adolescentes”, señala Mally.

Gracias al programa Hermes, los niños han aprendido a resolver sus diferencias por la vía del diálogo. Archivo particular

“Yo he atendido más de 50 casos. Los niños pequeños, los de primaria, son los que más se acercan a conciliar, porque tienen conflictos que podrían parecer insignificantes, pero que tienen un valor enorme para ellos”, agrega Alejandra.

Y es que el éxito del programa, explica Bernal consiste, por un lado, en que los conflictos son resueltos no por una autoridad sino por los mismos alumnos, lo que genera una atmósfera de confianza y entendimiento mutuo porque entre pares son capaces de comprender las emociones y sentimientos propios de su edad. A su vez, la atención de todos y cada uno de los casos que llegan a las mesas de conciliación en los colegios les demuestra a los niños y jóvenes que sus problemas, por más mínimos que parezcan también son importantes y merecen atención, lo que los hace sentir protagonistas de su propio desarrollo social.

Cifras del programa indican que los conciliadores escolares logran resolver el 96% de los casos que les presentan y que hubieran terminado en agresiones mayores de no existir este mecanismo. De hecho, en 2014 se realizaron 52.000 jornadas de conciliación escolar, “es decir, 52.000 conflictos escolares menos”, apunta Bernal.

El programa se hace pertinente cuando se conoce que el 77.5% de los niños y las niñas en Colombia se han visto afectados por bullying bien sea porque lo ejercen o porque han sido víctimas, como lo advierte una investigación realizada por la Fundación Plan entre 2009 y 2011 con 28.967 niños de diferentes grados y edades en 84 escuelas de todo el país. Por eso, cuando entró en vigencia la ley 1620 de 2013 que creó el Sistema Nacional de Convivencia Escolar para promover y desarrollar estrategias, programas y actividades, que fortalezcan, entre otros, la convivencia pacífica, la prevención, detección, atención y seguimiento de los casos de violencia y acoso escolar, la Cámara de Comercio de Bogotá ya tenía un largo camino recorrido en ese sentido.

No por nada, el programa ha sido reconocido en varias ocasiones como una herramienta pedagógica innovadora. En 2010, por ejemplo, fue seleccionado por la Cepal como una de las 25 experiencias más innovadoras de la región, la mejor en el tema escolar y la de mayor impacto en cuanto a desarrollo social.

Un año después, en el 2011, fue seleccionado como uno de los cinco finalistas del concurso World Chambers Competition organizado por la Cámara de Comercio Internacional (International World Chamber) en la categoría de “Mejor proyecto de Responsabilidad Social Empresarial” en el que compitió junto a propuestas de 41 países.

HUELLA SOCIAL

 

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