¿Hasta dónde legitimar los daños colaterales de la guerra?

¿Hasta dónde legitimar los daños colaterales de la guerra?

Si los abusos quedan impunes es necesario condenarlos y preguntarse hacia dónde va este mundo.

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05 de octubre 2015 , 06:20 p.m.

En el mundo se producen con frecuencia tragedias que se maquillan con eufemismos o tecnicismos para dar una imagen de legalidad. Por ejemplo, solo basta con recordar a los pacientes, doctores, enfermeras y otros individuos que murieron o fueron heridos en un hospital de Médicos sin Fronteras en Afganistán el 3 de octubre, tras ataques estadounidenses en sus proximidades.

También vienen a mi mente las personas que estaban celebrando un matrimonio y que murieron por el ataque de un dron estadounidense; las víctimas: centenares de palestinos muertos, incluidos niños. Y cómo olvidar los civiles que recientemente perdieron la vida por ataques aéreos rusos que se desencadenaron con el propósito de atacar al Estado Islámico de Irak y el Levante.

No ignoro que en muchas de las anteriores operaciones militares, los involucrados han invocado el derecho a actuar contra grupos terroristas, han afirmado haber actuado con proporcionalidad y han ofrecido sus condolencias a los afectados. Sin embargo, en estas acciones, que buscan amedrentar terrorismo, también se afectan vidas humanas. Esta pelea, como lo han dicho numerosos académicos, organizaciones y órganos internacionales, no está cobijada por un comodín que permita hacer todo en su nombre.

¿No sería irónico que, en pro de la lucha contra quienes afectan a civiles, se termine victimizando también a inocentes? No toda acción contra quien cometa actos de terrorismo está permitida o justificada. Por ejemplo, es inadmisible torturar a cualquier individuo, así esté acusado de terrorismo.

Luego del 11 de septiembre de 2001, el mundo está sumergido en una paranoia en la que se persigue una guerra sin cuartel y un revanchismo sin control. Al menos en el plano de los discursos, sus autores y artífices buscan ofrecer una imagen de que han actuado de conformidad con el derecho internacional. Pero aún no me queda claro si estos discursos se hacen para ofrecer una imagen distorsionada de apego al derecho que se justifica incluso en la ilegalidad o se pronuncian por una verdadera creencia de que se ha actuado de forma lícita.

En primer lugar, está el problema de qué normas se aplican; si únicamente las de derechos humanos o, además, las de derecho internacional humanitario (DIH), que son aquellas que regulan los conflictos armados. Hay casos en los que no es clara la existencia de un conflicto tal, como por ejemplo en las operaciones estadounidenses contra Al Qaeda.

Ahora bien, si se aplica el DIH, hay que tener en cuenta que esta es una rama algo deprimente del derecho internacional, pues junto al propósito de proteger a las víctimas de conflictos frente a sufrimientos, se tienen en cuenta los objetivos militares. Esto explica que, si bien se prohíben los ataques directos contra civiles, se considera que cuando un ataque se dirige directamente contra combatientes y de forma incidental se afectan bienes o personas de forma no desproporcionada, teniendo en cuenta el objetivo militar, la operación no se considera ilícita.

Pero el debate sigue abierto: ¿se pueden atacar grupos no estatales ubicados en el territorio de un tercer Estado que no es capaz de defenderse o que no tiene la voluntad de hacerlo? Algunos dicen que sí es posible, para evitar la indefensión de individuos afectados por aquellos grupos (Estados Unidos y algunos jueces de la Corte Internacional de Justicia), y otros afirman que ello generaría caos y por este motivo se exige el consentimiento del Estado territorial (como pareció sugerir en la ONU recientemente Rusia).

¿Cómo analizar, entonces, las acciones rusas y de otros Estados? Las obras revelan mucho, ciertamente. Por ejemplo, aunque Rusia ha ofrecido imágenes de ataques contra el Estado Islámico, hay alegaciones de que ha atacado a rebeldes contrarios a Assad no pertenecientes a aquella organización, a pesar de que actuar contra ISIS fue su justificación. Pero lo grave, en caso de ser cierto, es que se comenta que civiles han sido afectados por sus ataques.

¿Y qué decir de Estados Unidos? Ya conocemos los casos de torturas cometidas en su lucha contra el terrorismo, recogidas en parte en un informe del Senado estadounidense. Pero además de esto, hay muchos ataques con drones o vehículos tripulados donde se ha victimizado a civiles, que muchas veces no pueden obtener reparaciones de los Estados Unidos, a las que tienen derecho, como se dijo por ejemplo hace meses en Ginebra. Y con independencia de si el ataque contra el hospital de Médicos sin Fronteras fue realizado por iniciativa estadounidense ante un ataque sufrido o respondiendo al llamado de fuerzas afganas, como se discute en el ‘Washington Post’, lo que no puede ignorarse es que 22 personas murieron. Sus vidas fueron acabadas, sus familiares y conocidos afectados, y hay ahora menos posibilidades de atender a enfermos y heridos. La afirmación del Ejército estadounidense de que este era un “daño colateral”, jurídicamente cierta o no, no puede hacernos ignorar que muchos individuos perdieron la vida.

Palabras más, palabras menos, esto demuestra que el derecho es insuficiente y no asegura que una conducta será ética. También se revela cómo los Estados buscan ofrecer una imagen de legalidad, incluso errada; cómo suelen invocar normas y grandes principios para buscar objetivos mundanos o de poder. Incluso, si los abusos quedan impunes, como han quedado tantos, es necesario condenarlos y preguntarse hacia dónde va este mundo.

Nunca podemos olvidar la individualidad y el valor del que sufre, incluso cuando se quiera legitimar o ignorar, de forma inadmisible, su sufrimiento invocando principios o normas y persiguiendo en realidad intereses que no deberían tener la prioridad que erróneamente se les da.

NICOLÁS CARRILLO SANTARELLI
Profesor de Derecho de la Universidad de La Sabana

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