Cultura, después de la paz

Cultura, después de la paz

La cultura tendrá que ser protagonista en el posconflicto. Para que nos permita reflexionar.

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05 de octubre 2015 , 06:12 p.m.

Está dicho. Está escrito. “La cultura le da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo”. Así quedó consignado –a pesar de lo aparentemente obvio de la afirmación– en esa maravillosa declaración de 1982 de la Unesco, que le da a la cultura su verdadera dimensión, más allá de las manifestaciones artísticas.

No es poca cosa la escultura: uno piensa, por ejemplo, en El peine del viento, de Eduardo Chillida, de frente al mar que baña las playas de Donostia, y siente un corrientazo de emoción. No es asunto menor la pintura: bastaría con contemplar unos minutos la Violencia, de Alejandro Obregón, o el Guernica, de Pablo Picasso, para entender qué tan hondo puede calar. La poesía verdadera –la auténtica, la que toca las fibras, la que mueve el alma– es casi tan conmovedora como la vida misma. Y a ella deben rendirle culto todos los demás géneros literarios. No le es inconveniente su juventud al cine para poner puntos en verdad altos: por el contrario, ha sabido darles las gracias a los géneros del arte de los cuales se alimentó en sus inicios –hace apenas poco más de un siglo– y les ha pagado ayudando a renovarlos.

Solo con los géneros del arte bastaría para entender que la cultura trasciende y ayuda a trascender. Que no hay razón para que en tantas instituciones educativas se la mire como un agregado. Que habla mal de una sociedad que los artistas hayan sido abandonados a su suerte cuando tienen tanto que decir, tanto que interpretar. Que los gobiernos deberían entregarle un presupuesto que le permita fortalecerse, y no seguirla condenando a la mendicidad.

Dice la Unesco en esa declaración que la cultura “engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. Y dice más: que “a través de la cultura el ser humano se expresa, toma conciencia de sí mismo y se reconoce como un proyecto inacabado”.

Leo y releo esas palabras, les doy vueltas, y cada vez me convenzo más de que la cultura tendrá que ser protagonista en el posconflicto. Para que nos ofrezca maneras efectivas para decir las cosas que tenemos que decirnos. Para que nos permita reflexionar. Para que nos haga entender que, aún después de firmar la paz, seguiremos siendo una sociedad inacabada y nos ayude a dar un paso adelante.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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