El salón de clase

El salón de clase

Más de 700 educadores han grabado videos de sus clases para someterlos a un análisis entre pares.

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05 de octubre 2015 , 05:50 p.m.

Así como el quirófano es el escenario del cirujano o el taller lleno de pinturas, lienzos y pinceles es el del artista, el lugar donde se juega cada día el maestro su capacidad profesional es el salón de clase.

Me gusta entender el aula de clase no como un espacio físico, sino como una relación entre un maestro y un grupo de aprendices que, juntos, pretenden descubrir los secretos del mundo que los rodea. Que ello ocurra en una sala muy moderna y bien iluminada, en un claro a la orilla de un río, en el rincón de una plaza de mercado o en un salón oscuro y pobre en mobiliario, como los de muchísimos colegios de nuestro inmenso territorio, resulta hasta cierto punto secundario.

En esa relación con sus niños y con el mundo es donde se conoce el verdadero pedagogo: esa maestra capaz de enamorar a sus pequeños interlocutores de las maravillas de la naturaleza, de las posibilidades ilimitadas del lenguaje, del juego riguroso de lógica y precisión de la matemática. En efecto, como lo decía Heidegger, el verdadero y mejor maestro no es el más erudito o el más locuaz, sino aquel cuyo gran mérito es dejar aprender. Y para dejar aprender es necesario estar atento a las necesidades y posibilidades del niño que va descubriendo poco a poco lo que le gusta y le apasiona, porque al final esa pasión es el motor que impulsa al logro.

No es fácil decir cuáles son las características de todo buen maestro, pues ellas se camuflan en una inmensa diversidad humana. Estudios realizados en diversos países muestran que algunos estudiantes valoran muchísimo una buena cátedra tradicional, mientras otros prefieren las sesiones en las cuales se desarrollan trabajos en grupo o ejercicios prácticos. Tampoco hay una regla que diga que todas las actividades realizadas fuera del salón son provechosas, o que un determinado tiempo de clase es el ideal. Pero en todos los estudios hay una coincidencia en destacar que el entusiasmo del maestro por lo que propone aprender a sus estudiantes es fundamental, así como la relación que establece con ellos para crear un clima positivo en el grupo.

Lo que es indiscutible es que el éxito o el fracaso escolar ocurre ahí, en el aula de clase. Los niños no pierden el año por culpa de una ley o un decreto. Tampoco por la existencia de un programa oficial. A los niños de todo el país les va bien o mal en su salón de clase: ahí descubren lo que les gusta y lo que odian, aquello para lo que tienen talento y aquello en que tempranamente son desalentados. Algunos experimentan desde su primer año la sensación del fracaso o el placer de sentirse animados por quien los acompaña en la aventura de crecer.

Esta semana se realiza el Foro Educativo Nacional, que este año está centrado en el aula de clase. El verdadero protagonista es el maestro y el tema sobre el cual se compartirán aprendizajes y conocimientos no es una experiencia aislada, sino una muestra de su cotidianidad. Para ello, más de setecientos educadores han grabado videos de sus clases para mostrar a sus colegas y compañeros lo que hacen y someterlo a un análisis entre pares.

El foro, además, tendrá como escenario un colegio, lo cual, además de muchas facilidades prácticas para reunirse a conversar en grupos pequeños, tiene un indudable valor simbólico. De igual manera, es importante destacar que en esta ocasión el gran papel protagónico no será el de expertos internacionales que, desde otras latitudes, cuenten a nuestros educadores lo que ellos hacen. Esta vez los expertos tendrán un papel más digno de ellos y de mayor valor para los maestros, pues vendrán a escuchar lo que se hace en los colegios y ayudar a comprender mejor lo que se sabe desde el escenario profesional en el día a día. Vale la pena aplaudir esta iniciativa, que cambia la modalidad de los foros, y esperar que tenga un gran éxito.

Francisco Cajiao
fcajiao11@gmail.com

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