Corridos y vallenatos en su nombre, las otras obsesiones de 'Megateo'

Corridos y vallenatos en su nombre, las otras obsesiones de 'Megateo'

Son una especie de biografía. El corrido anticipó cómo sería su muerte. Siguen los hallazgos.

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05 de octubre 2015 , 02:29 p.m.

“Víctor Ramón es mi nombre. Mega me dicen también (…). Han tratado de agarrarme, guerriando moriré”.

Ese es uno de los versos de un reciente corrido que sonaba en el Catatumbo y que fue compuesto exclusivamente para el hoy extinto narcotraficante Víctor Ramón Navarro, Serrano, alias Megateo.

La canción, que describe su actuar y las obsesiones más marcadas de ‘Megateo’, anticipó cómo sería su muerte. La noche del primero de octubre, el día que la Dijín de la Policía realizó la Operación Solemne en la que cayó muerto, manipulaba explosivos en un improvisado taller que había ordenado montar para atacar a la Fuerza Pública que le cerraba el cerco.

La explosión del lugar, en el corregimiento San José del Tarra, en Hacarí, terminó por acabar con los 25 años de crimen en el Catatumbo, de donde era oriundo.

“Tengo dinero y me sobra. Las mujeres, a mis pies. Me gusta el oro y las joyas, las armas son mi poder. Y el que se meta conmigo, con plomo responderé”, dice otro verso del corrido.

La Policía dice que la canción es reciente y prueba de ello es que al inicio se escucha “Nacido en San Calixto, Norte de Santander, hace 39 años. Esta es la historia”. Próximamente, ‘Megateo’ cumpliría 40 años.

En videos incautados por la Policía en operaciones pasadas y otros entregados por fuentes reclutadas por una comisión especial de la Dijín, dan cuenta de que el narco entrenaba a sus hombres en el manejo de explosivos.

Además, que había ordenado fabricar baterías antiaéreas para atacar las aeronaves de la Fuerza Pública.

Su estrategia, dicen investigadores, era tener bodegas con explosivos en diferentes puntos del Catatumbo donde creía la Fuerza Pública podría lanzar operaciones. Por eso, el día de la ofensiva en la que cayó muerto, la Fuerza Aérea bombardeó puntos específicos donde la Policía tenía información eran los sitios de retaguardia del capo.

Una de esas bodegas era el sitio donde cayó muerto, a donde había llegado junto con sus escoltas minutos antes a revisar los avances.

“(…) Soy el patrón de patrones en Norte de Santander (…). Soy el rey del Catatumbo, tierra que me vio nacer”, se escucha en la canción, que también versa sobre la manera como había logrado comprar a campesinos de la región y a socios en la mafia para controlar la región a punta de pagos, pero también de homicidios y desplazamientos de todo aquel que no estuviera de acuerdo con su actuar o, simplemente, de quien dudara.

“Tengo dinero y amigos que me saben defender. Ninguno a mí me traiciona, porque les pago muy bien. Pero hay de aquel que se tuerza, que no se deje coger”, se escucha.

La Policía dice que aún no conoce quién es el cantante del corrido, pero sí el de otro vallenato que también era popular en el Catatumbo. Se trata de un vallenato por el que el capo habría pagado por su composición y dedicatorias a dos de sus amores.

En ese caso, la Policía dice que existe evidencia de que el artista habría “amenizado” en varias ocasiones las parrandas que ‘Megateo’ solía hacer y a la que llevaba al menos 20 mujeres. Varias de ellas fueron tatuadas con su rostro en las piernas.

Si bien el nombre del artista fue confirmado por diferentes fuentes, la Policía no descarta realizar un cotejo de voz para determinar oficialmente que se trata de la misma persona. Podría ser investigado por enriquecimiento ilícito.

“Soy el amigo, soy el hermano, soy el enamorado de la montaña”, se escucha en el vallenato. “Y al campesino que está a mi lado le complazco sus gustos con toda el alma (…). Aunque no soy monedita de oro (…), soy el que le brinda gran apoyo al que por desdicha anda en apuros (…). Vivo enamorando a las mujeres”.

La Policía tiene en su poder cientos de imágenes y videos que muestran cómo ‘Megateo’ vivía entre lujos en medio de la pobreza de corregimientos en el Catatumbo. Sus casas usualmente eran de dos pisos, con vidrios oscuros y con salidas alternas.

Aunque por años vivió tranquilo en el Catatumbo, región que con sobornos y amenazas blindó a su favor, terminó acorralado y diseñando estrategias para huir de la persecución de la Policía, el Ejército y la Fuerza Aérea.

Esa persecución terminó a las 9:30 p. m. del jueves primero de octubre, cuando él y sus escoltas murieron en la Operación Solemne.

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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