Paz con dignidad o justicia de papel

Paz con dignidad o justicia de papel

Si la paz no se hace bien, las heridas tarde o temprano vuelven a abrirse para desatar agresiones.

notitle
04 de octubre 2015 , 08:07 p.m.

Ciertamente es mejor una paz imperfecta que una guerra eterna. Las guerras son la peor manifestación de lo que puede hacer el hombre contra el hombre: propiciar su propia destrucción, acabar con los recursos naturales, recortar el futuro propio y el de las generaciones por venir, en fin, engendrar el caos.

Si las guerras son así, las posguerras no son mejores. Desafortunadamente, sin distinguir si la paz se hace firmando armisticios, rendiciones, acuerdos o victorias, el restablecimiento del orden y la organización política, social y económica implica una etapa de posconflicto en la que se cometen los más bárbaros desafueros, abusos y actos revanchistas y vengativos que dejan cicatrices imposibles de borrar.

Si la paz no se hace bien, son esas heridas las que tarde o temprano vuelven a abrirse para desatar un nuevo período de agresiones. Hechos como los ataques terroristas a los Estados Unidos el 11 de septiembre, o la violencia desatada en Egipto, en Afganistán y Pakistán, o el conflicto a propósito de la situación de Ucrania, están cargados de violencias que surgen de no haber cerrado procesos anteriores de manera adecuada. Por el contario, son producto de “paces” en las que algunos sacaron ventajas, se propició la impunidad, se violentó la institucionalidad y se dejaron víctimas sin reparar adecuadamente o se ensañaron con actores sobre los que se ejerció venganza en lugar de aplicar justicia.

Nadie dice que sea fácil hacer la paz con grandeza y pensando en el bien común. Probablemente sea la misma naturaleza humana la que dificulta llegar al verdadero perdón, no solo colectivo; más difícil es lograr el individual. Los resentimientos, amarguras y dolores que los seres humanos son capaces de alimentar impiden que cuando esas personas se convierten en voceros o líderes hagan a un lado su fuero íntimo para dar paso a la generosidad que exigirían procesos como los que hoy Colombia protagoniza.

Sí, no hay paz perfecta. No obstante, y a pesar de los horrores que pueda aparejar una etapa de posconflicto, llegar a un estado de paz siempre será mejor que vivir en guerra.

Pero no puede ser una paz a cualquier precio porque ella no será verdadera. Una paz pactada, precisamente por serlo, puede y debe dejar escenarios adecuados para garantizar a unos y a otros que los acuerdos son equilibrados, equitativos e intrínsecamente justos. Debe tenerse la certeza de que los acuerdos a los que se llegue no benefician a ninguna de las partes más que a la otra; que no se trata de guiños o concesiones que se otorgan como un premio o sobre la base de intereses revanchistas, egoístas y persecutores. Algo así deshumanizaría la paz.

Una paz con posibilidades será aquella que prometa y aplique justicia respetando todas las garantías y valores que desde la normativa superior rodean la impartición de justicia. Por muy especial que sea una jurisdicción, con la excusa de que se trata de superar el conflicto, la aplicación de la justicia no puede entenderse como una burla a los estándares nacionales e internacionales; no debe diseñarse a la medida y al son de los caprichos de los agresores; no puede obviar principios como el de la imparcialidad, el de la doble instancia, el de la probidad de los jueces, que, dicho sea de paso, no podrán ser jamás escogidos por una de las partes que será juzgada. Mucho menos debe permitirse que se use como un trofeo para cantar victoria sobre los que uno de los actores considera derrotados.

En fin, una paz estable y duradera no puede nunca estructurarse sobre la base de proyectar un vencido y un vencedor que reclama las cabelleras de quienes otrora fueran sus perseguidores. Ello, sin duda traerá más violencia y descomposición; será el escenario perfecto de su propia destrucción.

CLAUDIA DANGOND
@cdangond

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.