Editorial: Un reto mayor

Editorial: Un reto mayor

El envejecimiento de la población es inevitable. No obstante, hay problemas que son enormes.

04 de octubre 2015 , 08:07 p.m.

Aquel conocido adagio según el cual el tiempo no pasa en vano sí que se puede utilizar para describir la evolución que ha tenido nuestro país en materia de edades y sus perspectivas futuras. Un interesante estudio, elaborado por Fedesarrollo con el impulso de la Fundación Saldarriaga Concha y reseñado por este diario ayer, plantea escenarios que obligan a planear con anticipación un cambio que es tan seguro como inevitable.

Se trata, nada menos, que del envejecimiento paulatino de nuestra población. A medida que transcurre el siglo, la edad promedio de la sociedad colombiana irá en aumento. Tanto el descenso en las tasas de fertilidad como el alza en la esperanza de vida al nacer, debido a los avances en salud y a la menor incidencia de las muertes violentas, señalan que no está lejano el día en que dejemos de ser una nación mayoritariamente joven.

Los desafíos que ese panorama trae son comunes en la mayor parte del planeta. La diferencia es que a algunos les han llegado temprano, tal como pasa en Japón, mientras que a otros se les van a demorar, como ocurrirá en el África. En lo que atañe a América Latina, el diagnóstico muestra que el calendario que conduce a la madurez es inexorable.

Y ese momento está a la vuelta de la esquina. Aquello que los técnicos conocen como el bono demográfico, que es el periodo en el cual la relación entre población productiva y sus respectivos dependientes es el más alto de nuestra historia, terminará hacia el 2020.

Las proyecciones son elocuentes. Los mayores de 60 años, que en 1985 representaban el 7 por ciento de todos los ciudadanos, hoy equivalen a algo más del 10 por ciento. Para el 2050, dicho conjunto representará el 23 por ciento, lo cual quiere decir que uno de cada cuatro compatriotas formará parte del grupo de la tercera edad. Más impresionante aún es que de aquí a la mitad del siglo las personas con 80 años o más se multiplicarán por 17.

Semejante perspectiva plantea una serie de incógnitas que no son de poca monta. La más difícil de resolver es cómo atender a esa población mayor, que demandará atención en salud y debería tener un esquema que garantice su sustento cuando abandone el mercado laboral. Sobre el papel, las generaciones productivas del mañana deberán asumir una carga mucho más alta que la que tienen las del presente.

Pero patear los retos hacia adelante no es la solución. Es indispensable comenzar a actuar desde ahora, pues hay problemas que ya son enormes. Las encuestas sobre pobreza muestran que esta afecta especialmente a los adultos mayores, dada la baja cobertura de la seguridad social en pensiones. De los cinco millones de colombianos que superaron la edad de jubilación, menos de la tercera parte recibe una mesada. El resto está abandonado a su suerte o percibe estipendios gubernamentales que algo ayudan, mas no lo suficiente.

Peor todavía es que los cálculos indican que la situación tiende a empeorar. Si no se hace nada, en unas pocas décadas millones de ancianos correrán el riesgo de entrar no a la ‘edad dorada’, sino a un futuro de privaciones. Construir un esquema que sea sostenible es un deber de nuestros gobernantes. Tal como reza el dicho, se trata de pensar no en la próxima elección, sino en la próxima generación.

editorial@eltiempo.com.co

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