Maratón / La Feria del Arte

Maratón / La Feria del Arte

ArtBo, Odeón, la Feria del Millón... Bogotá tiene más de 42 kilómetros de arte.

04 de octubre 2015 , 05:51 p.m.

Ver todas las ferias es un esfuerzo de maratonistas. No hay una ciudad en Colombia que durante tan pocos días pueda ofrecer tanto arte ni logre mover tanto dinero ni tantas ideas en tan poco espacio. Porque no solo se trata de encontrar más de 20 fotos de Robert Mapplethorpe en la Galería Pepe Cobo de Perú; o una obra de Garaicoa fuera de serie; o un exquisito grupo de esculturas de Niki de Saint Phalle en la Galería Nohra Haime; también se trata de números: 50, 60, o 70 mil dólares por una escultura de Negret y tantas galerías y tantas obras para ver, que hacer todo el recorrido se convierte en un ejercicio tan agotador que, en ocasiones, es preferible despreciar un whisky para pedir una botella de agua para recuperar fuerzas.

En el momento de escribir esta columna solo había tenido tiempo de ver Artbo. Y –como siempre– tengo una larga lista de obras favoritas, la sala de Referentes (con los grandes maestros latinoamericanos); las Cosas sucias, de Rosemberg Sandoval en Casas Riegner; el video de Miguel Ángel Cárdenas (ese inmenso desconocido del arte colombiano en el Instituto de visión); la obra de Noemí Pérez; el señor Spock de Nadín Ospina en la escondida (muy escondida) Galería El Museo; los últimos proyectos escultóricos de Ramírez Villamizar en León Tovar; los dibujos de Lucas Ospina en Jenny Vilá; los paisajes literarios de Francisco Ugarte y la obra colombiana que más me ha impactado en los últimos tiempos: el Centro espacial satelital de Colombia, de Elkin Calderón y Diego Piñeros, en Valenzuela Klenner. Y hay mucho más, por supuesto. Las otras ferias no se quedan –no se quedaron– atrás y –sin haber ido todavía– sé que hay obras que valen la pena una larga peregrinación.

Pero de todo lo que vi –y solo hablo del 40% o 30% de todo lo que hay, o había para ver– me quedo con las obras que mostró Galería de las Misiones, de Uruguay. No solo trajeron unas cuantas obras fabulosas de Torres García o José Gurvich, sino de otra tanda de grandes artistas desconocidos para nosotros. Porque para eso son estos días; para encontrarnos con obras de otras latitudes, para que los ojos se cierren del cansancio y luchen por mantenerse abiertos, para que, los que puedan, aumenten y enriquezcan sus colecciones. Son días para ser felices. Hoy, supongo, es un día de resaca artística.

FERNANDO GÓMEZ ECHEVERRI
Columnista de arte
@LaFeriaDelArte

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