Paridad, tensión, pasión y esperanza

Paridad, tensión, pasión y esperanza

Desde el jueves veremos quiénes estudiaron y quiénes deben mejorar para llegar al Mundial.

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03 de octubre 2015 , 04:18 p.m.

El Mundial es como un viaje de egresados, la eliminatoria es la carrera que se debe cursar para conseguir el pasaje. El premio y el esfuerzo previo. Y los partidos son las materias que hay que ir aprobando para graduarse.

Se vienen los dos primeros finales. El jueves comenzaremos a ver quiénes estudiaron y quiénes deben mejorar. Los que logren hasta el cuarto mejor promedio recibirán el diploma: ¡Mundialistas! El quinto deberá dar un examen adicional, que no es difícil, contra el mejor de Oceanía.

“La eliminatoria es una guerra sin muertos”, la definía con acierto un amigo ecuatoriano. Antiguamente, lo era. Cada salida al exterior significaba una aventura; desde el viaje hasta los factores climáticos, las presiones y agresiones, el encontrarse con un balón desconocido o un campo en pésimas condiciones…

Ahora estas son más serenas y previsibles, hay menos trampa y más garantías, la televisión es un fiscal riguroso, el reglamento es más severo. El visitante está protegido. Ganar afuera ya no está vedado para nadie; tampoco conlleva peligros.

La tarde en que Colombia dio el histórico golpe del 5-0 en Buenos Aires, el público argentino, siempre temido por su fanatismo –y aún dolido por el baile–, terminó aplaudiendo al equipazo de Pacho Maturana.

Wbeimar Muñoz contó hace unos días una anécdota bellísima de esa jornada que entró en los anales del fútbol. “Después de terminado el juego, alargamos la transmisión por horas y ya bien entrada la noche fuimos con Édgar Perea, Hernán Peláez y Marco Antonio Bustos a cenar a la calle Corrientes, toda llena de restaurantes. Ni pasamos por el hotel, fuimos directo desde el estadio de River y llevábamos puestas las camisetas naranjas con el logo de Caracol adelante y la palabra Colombia detrás. Entramos en Arturito, a media cuadra del Obelisco. Estaba colmado; la gente nos reconoció como colombianos, se puso de pie en todas las mesas y empezó a aplaudirnos. Al principio no entendíamos qué pasaba, es que no estábamos acostumbrados a esas cosas que generan los grandes triunfos. Sentimos un orgullo tremendo. Fue tan emocionante que nos quebramos hasta las lágrimas”, dijo. El premio a una vida trashumando detrás de la pelota con un micrófono o una máquina de escribir.

Ya para los 90 era todo más civilizado. Y ahora, descabezado el aparato de poder que rigió el fútbol suramericano durante años, más diáfano aún. El que tiene argumentos para ganar puede hacerlo donde sea. El único imponderable son los árbitros. No son mejores que hace 40 o 45 años, pero al menos cuentan con mejores elementos (el intercomunicador, el aerosol), más colaboración (el cuarto árbitro) y los está mirando el mundo. Lo que no significa que sean totalmente confiables.

La última buena camada fue la de Larrionda, Elizondo, Óscar Ruiz, Carlos Chandía, Simón, René Ortubé, Roberto Silvera. No hay un establishment que ejerza presión sobre los jueces.

Será la eliminatoria suramericana número 17. Arrancó en 1954. Antes, las selecciones iban invitadas. El anterior premundial con diez equipos fue el de Sudáfrica 2010. Brasil terminó primero, con 33 puntos, y Uruguay fue quinto, con 24. Significa que para tener chances de ir a Rusia hay que sumar alrededor de 25 puntos. No es grave, representa el 46 por ciento de los 54 en juego. Una vez más, la carrera promete ser de una paridad meridiana.

Habrá que ver qué es esta nueva Bolivia de Julio Baldivieso, que ha dejado apenas ocho elementos del plantel de Copa América. Se cortó abruptamente el proceso de Mauricio Soria y Baldivieso arrancó con el trágico 0-7 frente a Argentina.

“No creo que Bolivia tenga chances para ir al Mundial de Rusia en el 2018”, señaló el ‘Tano’ Ricardo Fontana, un argentino que jugó en la selección verde y hace 45 años radica en La Paz.

“Tenemos que ser realistas. Yo sé que no gusta que uno declare estas cosas. Sin embargo, se supone que somos los últimos en Suramérica, y si somos los últimos, ¿qué tendríamos que hacer para tratar de emparejarnos un poco con algunos? Trabajar el doble que las demás selecciones; sin embargo, nosotros trabajamos la mitad”, cerró con tristeza.

Fuera de Bolivia, el resto mantiene su nivel. Argentina es la de siempre, con sus alegrías y decepciones; pero no es fácil, fue primero en cuatro de las últimas cinco clasificatorias. Chile viene de lograr la máxima gesta de su historia, cuenta con grandes jugadores y un técnico ganador, de estilo ambicioso.

Colombia debe levantar, pero sigue contando con muchos futbolistas capaces y también un entrenador de alto nivel. Y Uruguay, siempre estamos sobre aviso, dejará todo en cada partido. Es su ADN: la lucha. También cuenta con un conductor excelente como Tabárez.

Acaso la gran novedad de esta eliminatoria sea Brasil, no solo porque vuelve a remar, sino porque ahora es un equipo común como los otros. El jogo bonito es un recuerdo amarillento, narrado por mayores de 50, y tampoco tiene a los monstruos de antes. Los Pelé, Garrincha, Coutinho, Gerson, Jairzinho, Rivelino, Tostao, Carlos Alberto, Zico, Sócrates, Falcao, Junior, Romario, Ronaldo, Ronaldinho (la lista es interminable) son ya comentaristas o entrenadores. O incluso excomentaristas y exentrenadores. Apenas asoma Neymar, quien pese a todo el soporte mediático y ‘marketinero’ está bastante lejos de aquellos. Ya no jugará las dos primeras fechas.

Luego viene Ecuador, que presentará por primera vez en una eliminatoria a Miler Bolaños, sensacional armador goleador del Emelec. En Quito va a ser temible como siempre la tricolor.

Venezuela, de interesante presentación en la Copa América y dirigida por un gran Noel Sanvicente. Ya no veremos a Juan Arango, quien cerró su ciclo en la vinotinto. Perú, crecido espiritual y futbolísticamente desde el ingreso de Gareca, y la incógnita de Paraguay, al que no le advertimos un recambio importante de jugadores y con el que Ramón Díaz la va a tener brava.

Acá no hay Maltas ni Andorras, todos están en condiciones de ganar y perder contra todos. Por eso es la eliminatoria más difícil del mundo. Y la más apasionante.

Último tango…

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO

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