Desbarajuste a la izquierda

Desbarajuste a la izquierda

La derecha, en lo suyo; y la izquierda, entre dogmatismo y socialiberalismo.

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02 de octubre 2015 , 05:01 p.m.

El desfondamiento confunde lo que fueron izquierdas y derechas, su lindero nítido entre individualismo y colectivismo, y la polarización de Guerra Fría, son menos caracterizables ahora, a no ser alrededor de agrupaciones y dirigentes coincidentes o divergentes frente a cambio o reacción o ante particularidades como migración, minorías, aborto, matrimonio del mismo sexo.

La derecha, firme, y la izquierda, diluida. Así lo revela el revuelo con la elección inesperada del líder del laborismo británico que visibiliza el quiebre entre socialismo tradicional y socialdemocracia actual, similar al del Podemos español y el PSOE, mucho por actitud ante la repartición de los efectos de la crisis económica y la terapia de austeridad, el fenómeno inglés y español repetido en la desbandada socialista en Francia o el ascenso de dirigentes como el italiano Renzi y el griego Tsipras. La derecha socializa pérdida y privatiza ganancia, a la izquierda su lastre ideológico impidiéndole adaptarse al desajuste de realidad y política que generaliza la desconfianza en gobiernos, partidos y dirigentes, difícil orientarse en los realineamientos, la gente alejada del establecimiento que se llama democrático, parlamentario en primer lugar.

Un dirigente inglés dice que por primera vez los jóvenes oyen de una alternativa al neoliberalismo, otro habla de grito de rabia. Corbyn, cabeza ahora laborista, denuncia injusticia, es pacifista, se opone a recortes del Estado de bienestar, pide gravar más el capital y defiende que Gran Bretaña siga en la Comunidad Europea. La izquierda continental está sorprendida, aunque PSOE y Podemos admiten un paso adelante, Tsipras habla de elección histórica y refuerzo al frente antiausteridad; Renzi en silencio, afín con la tercera vía de Blair; en el socialismo francés, para muchos socialiberal, alguien susurra que “la izquierda europea necesita la voz laborista”. El fondo se dice errada la estrategia socialdemócrata ante la crisis, al abandonar su baluarte intervencionista por buscar en el centro a buscar moderados al costo de ambigüedad con el mercantilismo dominante, viraje que ilustran el apoyo al TLC con EE. UU. de la socialdemocracia alemana, en coalición con la Canciller, su dureza con Grecia o subsidios a las empresas de parte del Gobierno francés, cuyo presidente se declaraba adversario del poder financiero.

“La izquierda puede morir si no se reinventa, dice el Primer Ministro francés, ser de izquierda es acomodarse en la derrota”. El punto, partidos que no reflejan ni militancia ni simpatizantes, su base sindical es burocratizada, su discurso es anacrónico, insignificante para la juventud, desacorde con la globalidad postindustrial postmoderna, perplejidad finalmente ante regulación o ausencia del Estado como agente socioeconómico. El contraste mayor socialista ha sido entre la asertividad justiciera frente al desastre histórico del fin que justifica los medios, el ideal frente a la práctica de todas las formas de lucha, autoritarismo e imprecisión frente a sectores intermedios, ejemplo el maximalismo de la izquierda criolla, la arrogancia militarista de la armada, inconscientes de su desconexión con pueblos a merced así de oportunismo populista.

Jorge Restrepo

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