100 años de culto al maquillaje

100 años de culto al maquillaje

Esta industria lleva un siglo empoderando a las mujeres a través de la expresión de su belleza.

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02 de octubre 2015 , 03:41 p.m.

Polvo de carbón, vaselina, aceite de semillas de algodón y de azafrán fue la mezcla con la que Mabel Williams quiso enmarcar su mirada para atraer al hombre que amaba en 1915. Lo puso en una cajita metálica y se lo aplicó con un cepillo de dientes en sus cejas y pestañas, así apareció una de las primeras pestañinas.

Su hermano vería en esto una gran oportunidad de negocio y así nacería la marca Maybelline.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, un perfumero francés, Eugène Rimmel, ya comercializaba una mezcla similar a la de Williams en Europa, y de allí se originaría el nombre rímel, como relata Pablo Briand, documentalista argentino amante de la historia de la belleza.

Además, esta innovación no vino sola y por la misma época el estadounidense Maurice Levy, en su afán por volver más práctica la aplicación del pintalabios, ideó una barra labial en una plataforma con empaque metálico que iba deslizándose a medida que se iba gastando; lo que se convertiría en la presentación más reconocida de este icónico producto de belleza.

 

De esta manera, la popularidad que alcanzaron en Estados Unidos los inventos de Mabel y Levy, fueron el inicio de algo más grande. Una revolución femenina a través del maquillaje que trajo cada vez más productos, tonos, looks y tendencias, para “empoderar a las mujeres y darles la seguridad de expresarse a través de su belleza”, asegura Elvira Serra, directora de marketing de L'Oreal lujo.

Una antigua costumbre

Ojos y boca han sido desde la antigüedad las zonas del rostro que más se decoran tanto hombres como mujeres, y se han convertido en símbolos de jerarquía, poder, gusto y sofisticación. “En Mesopotamia trituraban piedras preciosas y se las ponían en los labios y ojos, y Cleopatra en Egipto impuso la moda de usar tonos intensos en estas partes”, comenta Daniela Benedetti, jefe de marca de Maybelline New York.

Por eso, antes de existir todo el desarrollo e innovación de marcas como Lancôme o MAC, las mujeres que querían darles algo de color a sus ojos o bocas se valían de toda clase de extraños y peligrosos ingredientes. Cenizas, humo negro, jugo de moras, esencia de amaranto o hasta corcho quemado eran algunas de las alternativas que audazmente se utilizaban para dar un aspecto diferente al rostro en los siglos XIX y XX. “No había información ni autoridades sanitarias, entonces el voz a voz era la manera como se compartían estas técnicas casi secretas”, explica Briand.

La innovación cobra fuerza

A partir del siglo XX, las estrellas de cine como Chaplin y sus mujeres comienzan a influenciar los ideales de belleza femeninos. “En 1940, Maybelline lanza los primeros tutoriales de maquillaje que podían verse en la salas de cine”, cuenta Benedetti. Y así es como las técnicas de maquillaje empiezan acercarse a la mujer común.

Ya en los años 60 se imponen los ojos grandes y muy expresivos, con un delineado grueso. En estos años aparecerá la primera pestañina con cepillo de precisión en forma de espiral para peinar las pestañas. De ahí en adelante comenzaron a surgir gran cantidad de cepillos para hacerlas más curvas, definidas, voluminosas o alargadas. “Ahora, el 70 por ciento de la efectividad de este producto es su cepillo más que su fórmula”, afirma Carlos Chávez, vicepresidente de Vogue.

A prueba de besos

Los labiales no se quedaron atrás. “En la época victoriana, las mujeres mordían sus labios para darles color y evitar pintárselos, ya que eso solo lo hacían las prostitutas”, cuenta Briand.

Los labiales mate y de tonos intensos que empiezan a cubrir las bocas de los años 30 y 40 son una apuesta por la libertad de expresión femenina. “En 1937, Lancôme lanza uno de los primeros labiales hidratantes”, afirma Serra. Luego, en los 70 y 80 aparecerán los sabores y olores frutales y se hará popular el Chapstick. Finalmente, en los 90, la tendencia serán los productos a prueba de agua y de larga duración. Ahora es impensable un bolso femenino sin estos dos productos.

Secretos de las pestañas altivas

No hay pestañinas que dejen grumos, son las maneras de aplicársela las que los dejan. “Una forma que funciona para casi cualquier cepillo es aplicar el producto desde la base en zigzag y luego llevándolo hacia arriba”, asegura Johanna García, maquilladora de Maybelline New York.

Para lograr un efecto más curvo en sus pestañas, los cepillos cóncavos, estilo cuchara, son ideales. Recuerde que lo último que debe maquillarse son las pestañas y las cejas para evitar que el tono cambie por los polvos o la base.

Si su principal interés es un mayor volumen de pestañas, utilice los tradicionales cepillos gruesos con cerdas de nailon tupidas, que recogen todas sus pestañas y concentran una mayor cantidad de fórmula en ellas. Algunos como los de la línea Collosal de Maybelline también le dan más longitud y color.

Su técnica con el encrespador también es clave para lograr un efecto más duradero. Adriana Rivera, maquilladora de Mac, sugiera hacer tres pasos. “Primero encrespe desde la base; después, desde la mitad y finalmente, desde las puntas”, indica.

Si le gusta mas bien llevarlas peinadas o tal vez lo que más le interesa es la definición pruebe con cepillos con cerdas de silicona, más separadas y de diferentes tamaños que generan un efecto abanico para una mayor definición y longitud.

Labios que provocan

Los productos de maquillaje en general tienen una vida útil de 3 a 4 meses. Así que si lo destapó y lleva más de seis meses con el producto, por higiene es mejor comprar uno nuevo y no reutilizar cepillos de pestañina ni aplicadores de labial.

Ya sea en labial, brillo con aplicador o gel, todo va en el gusto y la ocasión. “Los normales le duran de 4 a 6 horas. Están los de duración media de 14 horas, y ya los que vienen de 24 horas puede retocarlos con una barra hidratante”, explica García.

Al momento de maquillarse puede usar cualquier tono sin importar su color de piel. Pero debe tener en cuenta la combinación de tonos para que su rostro se vea armonioso. “La clave es usar un tono similar de rubor y labial, por eso es bueno tener tres tonos de rubor: café, naranja y rosado, para combinarlos con una amplia gama de labiales”, asegura García.

DANIELA FORERO SÁNCHEZ
Redactora EL TIEMPO

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