El colegio de Suba que educa entre sinfonías

El colegio de Suba que educa entre sinfonías

Se trata del Colegio Filarmónico del Distrito, un lugar para los apasionados por los sonidos.

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02 de octubre 2015 , 03:25 p.m.

De lunes a viernes, por la mañana y hasta bien entrada la tarde, en la calle 146C con carrera 92, se escuchan los sonidos de violines, redoblantes, trombones y contrabajos con los que ensayan y aprenden los estudiantes del primer Colegio Filarmónico del Distrito.

En medio de este sector de Suba, junto a casas que conservan la arquitectura de la época en que esta localidad era un municipio, está la sede de esta nueva institución, donde aprenden a tocar e interpretar partituras los futuros artistas sinfónicos de Bogotá.

Los estudiantes dedican dos horas diarias de su jornada escolar al aprendizaje en el arte de los sonidos. Mauricio Léon / EL TIEMPO

Todos ellos, apasionados por los sonidos, disfrutan cada día de sus clases. “Es un orgullo estar en este proyecto, porque esto no lo hacen en otros colegios y es una oportunidad que a pocas personas se les puede presentar”, aseveraba Stefanía Dosser, de 12 años, quien sabe t ocar piano y ahora aprende a sacar melodías en el violín.

“Es una satisfacción ver cómo, por su constancia con la música, los niños dejan a un lado los videojuegos por el instrumento”, dijo Dianis Trujillo, quien forma parte del grupo de 14 docentes que se encargan de instruir sobre melodías y armonías a 510 niños y adolescentes.

Las clases

La sede del Colegio Filarmónico se podría decir que es una edificación sinfónica porque en su primer piso tienen morada los platillos, redoblantes, bombos, timbales y congas: la percusión.

Mientras que desde las ventanas del segundo salen los sonidos de los trombones, trompetas, saxofones, flautas traversas y clarinetes: los vientos.

Finalmente, en el tercer piso se pueden escuchar las cuerdas frotadas de los violines, violonchelos y contrabajos.

Sin embargo, esta sede también destinó un cuarto, en el primer piso, para que los estudiantes puedan practicar –con sonidos de baterías, bajo y guitarras eléctricas–, música menos formal, como el rock.

En este espacio los alumnos dedican dos horas diarias a su aprendizaje musical. “Los estudiantes de bachillerato, que estudian en la tarde, llegan en la mañana y luego empatan con sus clases normales. Mientras que los alumnos de primaria, cuya jornada transcurre en la mañana, llegan al mediodía y se van a las 2 p. m.”, contó Víctor Román, el artista formador que asignó para el colegio.

Estos horarios van de la mano con las jornadas extendidas en los colegios del Distrito, en los cuales los estudiantes se dedican a una práctica deportiva o artística al terminar sus clases escolares diarias.

Por supuesto, los más dichosos con la enseñanza musical son los alumnos, como es el caso de Milton Méndez, de 12 años, quien prefirió dejar a un lado los deportes para instruirse con el violonchelo: “Siempre me ha gustado la música, y desde hace 5 años comencé a tocar guitarra. Ahora estoy aprendiendo a tocar el chelo porque me gusta mucho su sonido”.

Beneficios

Los profesores aseguran que la disciplina que exige esta práctica artística beneficia e incrementa la capacidad cognitiva de los estudiantes.

“Ayuda a unir los dos hemisferios del cerebro y mejora su motricidad. A su vez, los alumnos se vuelven ordenados y respetuosos, debido a que aprenden a esperar su turno para tocar un instrumento musical”, dijo Álvaro Jaramillo, un profesor de la institución.

La música también ha tenido efectos positivos con los alumnos que no han podido ingresar al sistema escolar desde pequeños; estos niños y adolescentes, con dificultad, se adaptan para recibir clases, pero el aprendizaje en el arte del sonido les facilita este proceso. “Es bonito ver cómo logran aprender a concentrarse con sus instrumentos”, dijo la profesora Dianis Trujillo.

En el segundo piso de la sede practican con instrumentos de viento.

El plantel lo implementó la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) para que los estudiantes del colegio distrital Simón Bolívar (calle 147 con carrera 92) contaran con una institución que les permitiera tener los conocimientos necesarios en solfeo y demás técnicas para interpretar instrumentos musicales.

“En Colombia faltaba un espacio en el que los colegios públicos facilitaran el aprendizaje de la música a los estudiantes que se van, al terminar sus estudios, a los conservatorios o academias a profesionalizarse”, dijo David García, director de la OFB.

Esta entidad escogió al colegio Simón Bolívar porque contaba una década de tradición en la enseñanza musical y financió, con 91 millones de pesos, la adquisición de más instrumentos musicales para esta institución.

“La compra de instrumentos es un proceso complejo, pero en el Simón Bolívar ya contaban con una dotación de instrumentos, lo que permitió iniciar las clases”, concluyó García.

JOSÉ DAVID RODRÍGUEZ
Redactor EL TIEMPO ZONA

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