La discreta señora que revolucionó el estudio de la sociedad

La discreta señora que revolucionó el estudio de la sociedad

Virginia Gutiérrez de Pineda realizó la más importante investigación sobre la familia en el país.

notitle
01 de octubre 2015 , 07:43 p.m.

Es una especulación, pero a Virginia Gutiérrez de Pineda le habría dado algo de vergüenza saber que su rostro iba a aparecer en un billete de circulación nacional. Una especulación basada en lo que la antropóloga santandereana dejó ver de su personalidad. Sencilla, reservada. Tan discreta que la semana pasada, cuando el Banco de la República anunció que Gutiérrez estaría en el billete de 10.000 pesos, en mucha gente surgió la pregunta: ¿y ella quién es? Hace algunos años, Lucy Nieto de Samper lo explicó así en una de sus columnas en este diario: “Por andar escondida en los archivos, las notarías, las parroquias y las bibliotecas buscando datos para sus investigaciones, Virginia no estuvo a la vista de las cámaras y los micrófonos que persiguen a las luminarias modernas, y no figuró como ha debido”. (Lea también: Débora Arango, la iconoclasta que estará en los billetes de $ 2.000)

Virginia Gutiérrez Cancino nació en Socorro (Santander), en noviembre de 1921, en una casa de dieciséis hijos y padres católicos y conservadores. Creció en una hacienda que habían heredado de sus antepasados y en la que su papá, Gamaliel Gutiérrez, tenía una biblioteca nutrida que ella acostumbraba curiosear. Leía a Emilio Salgari, a Alejandro Dumas, a Víctor Hugo y a otros autores importantes que lograba pillar antes de que su mamá, María Cancino, llegara con una de sus hermanas a llevarse los libros que consideraba prohibidos y no le parecían adecuados para la época, y menos para que los leyera su hija.

Estudió la primaria en el colegio de la señorita Esther Posada, así se le conocía. En esos primeros años, Virginia parecía interesada en la naturaleza. Pasaba horas observando el comportamiento de las hormigas, o viendo cómo cambiaban las formas de las nubes en el cielo. Ya en el bachillerato, que estudió en el Instituto Pedagógico Nacional, se orientó más por los números y por los seres humanos. Era el comienzo de los años cuarenta y lograr que una mujer llegara a la universidad parecía –y lo era– una hazaña imposible. Virginia quería seguir formándose, su papá la apoyaba en ello. Se enteraron de que el médico y educador José Francisco Socarrás estaba ofreciendo algunos cupos en la Escuela Normal Superior, donde era rector. Virginia se presentó. Se debatía entre su gusto por las matemáticas, la medicina y las ciencias sociales. En una de las pocas entrevistas que ofreció, ella contaba que por recomendación de Esther Aranda, la directora del instituto, optó por las ciencias sociales. “Es el área del porvenir”, le dijo. Desde 1941 hasta 1944, Virginia se educó en Licenciatura de Ciencias Sociales.

Al mismo tiempo, inició su formación en el Instituto Etnológico Nacional (hoy Instituto Colombiano de Antropología), donde fue alumna de figuras reconocidas de las ciencias sociales, como el francés Paul Rivet, que había llegado a Colombia huyendo de la persecución nazi en su país. Rivet formó aquí a un grupo importante de antropólogos y etnólogos que seguían sus teorías sobre las migraciones y el hombre americano. Tiempo después, cuando ya tenía una carrera consolidada, Virginia recordaba también a otros maestros con agradecimiento, entre ellos a Ernesto Guhl, a Justus Wolfram Shottelius y a José de Recasens. En este instituto conoció al que sería su esposo y apoyo de muchas de sus investigaciones, Roberto Pineda Giraldo.

***

Rodeada de estos maestros, Virginia se sintió en un ambiente académico e intelectual retador en el que estaba cómoda. Desde entonces se hizo evidente que no era una alumna que aceptaba sin chistar las teorías que le daban, sino que le interesaba debatirlas y comprobarlas. Por esos años empezó a dedicarse a uno de sus primeros campos de interés: la investigación en grupos indígenas. Se centró en tres pueblos específicos: los motilones, los guajiros y los noanamas. Viajó a sus territorios, convivió con ellos, recogió información de primera mano, la analizó, la cruzó, la confrontó y escribió sus dos primeros trabajos: Organización social de la Guajira y Criaturas de Caragabi, un estudio etnográfico de los indios del Chocó.

Pero eran tiempos de mucha agitación política y social en el país. Con la llegada de Laureano Gómez a la presidencia, en el inicio de los años cincuenta, los estudios e investigaciones de campo en ciencias sociales quedaron prácticamente suspendidos. La Escuela Normal Superior fue cerrada y a sus alumnos y exalumnos se les tildaba de comunistas, que entonces era uno de los peores y más riesgosos calificativos. Sin contar que a las mujeres las criticaban por estudiar en un lugar donde también había alumnos varones. Sus egresados tuvieron que buscar otras formas de trabajo. Virginia, ya casada con Roberto Pineda, viajó de vuelta a Santander a dictar clases de geografía en una escuela secundaria.

Eso duró poco porque obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y viajó a la Universidad de California, en Berkeley, a especializarse en geografía cultural e histórica. Para sus estudios prácticos allá, se basó en el trabajo que había realizado con los grupos indígenas. Ese tiempo en Berkeley le permitió conocer otro tipo de trabajo científico, en el que estaba obligada a comprobar con hechos cada una de las hipótesis planteadas, diferente a los métodos de Rivet.

En ese periodo nació también su interés por la medicina popular, que sería su segunda línea de investigación, después de la indígena. Tal vez tuvo que ver en eso la vocación por la medicina que sintió cuando era niña. Gutiérrez realizó investigaciones como La medicina popular en Colombia, razones de su arraigo y Medicina tradicional en Colombia: magia, religión y curanderismo. Además fue profesora en facultades de Medicina en las que siempre buscó que sus alumnos pensaran en la relación que puede existir entre determinadas patologías y los aspectos culturales.

De regreso de California, se integró al equipo del Instituto Colombiano de Antropología. En esa etapa se concentró en dos trabajos que también son muy conocidos dentro de su producción. El primero es su estudio del alcoholismo en la clase obrera bogotana y el segundo, su investigación sobre las causas de la mortalidad infantil en Bogotá.

Virginia seguía en el instituto cuando la llamó el investigador Orlando Fals Borda para invitarla a ser parte del equipo de profesores de la Universidad Nacional. En esos momentos se formaba allí la facultad de Sociología. Ella no lo dudó, entre otras cosas por la admiración que sentía por el trabajo de Fals.

Desde 1957, hasta su jubilación, Gutiérrez de Pineda fue profesora en la Nacional, en las facultades de Medicina y Ciencias Humanas. Y fue una profesora exigente, incluso con ella misma: hacía guías de cátedra cada año y las quemaba cuando terminaba el periodo académico correspondiente. De esa manera se retaba a hacer unas nuevas guías para el siguiente año y no repetirse. “Sería muy aburrido hablar siempre lo mismo, como un disco rayado”, dijo en una entrevista dada a los sociólogos Martha Herrera y Carlos Low.

***

Durante esos años en los que comenzaba su labor de profesora en la Nacional, asistió a un Congreso Latinoamericano de Sociología. En medio de una conferencia sobre la estructura familiar, Virginia oyó que un conferencista que representaba a Colombia se refería a la familia colombiana como un sistema sustentado “en patrones católicos y romanos”, “conforme a una nación católica”, etcétera. Quedó sorprendida, en especial porque todo eso que el hombre estaba diciendo no correspondía a lo que ella había observado en sus largos años de trabajo de campo por el país. En ese momento surgió su tercera línea de interés: la familia. Y se dedicó a trabajar en ella.

Sus investigaciones sobre la familia en el país han sido las que más reconocimiento le han dado. El antropólogo Miguel Fornaguera prologó uno de sus primeros libros dedicados a esa materia y dijo: “Por primera vez en Colombia se desarrolla el tema de la familia de manera científica y sistemática”. Eso, precisamente, comenzó a hacer Virginia Gutiérrez en sus trabajos. Ofreció una mirada, desde las ciencias sociales, con las herramientas de un juicioso investigador, de la estructura familiar colombiana.

El resultado fue la publicación, en 1962 y 1963, de los libros Familia en Colombia, estudio antropológico y Familia en Colombia, trasfondo histórico, que hasta la fecha son considerados aportes fundamentales sobre el tema. Les siguió, cinco años después, la publicación de Familia y cultura en Colombia, la más leída de sus obras y la base para estudios posteriores al respecto. Es imposible realizar hoy una investigación sobre la familia en el país y no llegar, como consulta obligatoria, al trabajo de Gutiérrez de Pineda. En 1975, publicó un nuevo libro, en el que daba una visión más cuantitativa del mismo tema: Estructura, función y cambio de la familia en Colombia.

“La dimensión regional que sus estudios proporcionan es una de las claves para entender no solamente los fenómenos familiares, sino la evolución de la economía y la sociedad colombianas de los últimos dos siglos”, afirmó el filósofo Jaime Jaramillo, a mediados de los años noventa.

Con las investigaciones de Gutiérrez de Pineda, realizadas con los métodos sociológicos y antropológicos más exigentes, se vinieron abajo los conceptos estereotipados que pudieran existir sobre la familia colombiana. En sus libros se estudia esta estructura desde todas las ópticas, se explican sus complejos culturales, su relación e influencia de instituciones como la Iglesia católica; se analiza la unión libre, el ‘madresolterismo’, el concubinato, la familia nuclear, la familia extensa; se define por regiones, se analiza su economía. En fin. Es el estudio más profundo sobre el tema que se ha realizado en Colombia hasta la fecha.

Y no hay que pasar por alto otro campo en el que esta antropóloga también fue pionera: los estudios de género. Antes de que los grupos feministas entraran en escena y se refirieran con insistencia al tema, Virginia Gutiérrez se había aproximado en sus estudios al machismo y sus consecuencias en el país. “Con ella oí hablar por primera vez de estructuras familiares patriarcales –escribió en una de sus columnas de este diario la psicóloga y experta en el tema Florence Thomas–. Más tarde, sus numerosas investigaciones alimentaron el grupo Mujer y Sociedad, que nació en la Universidad Nacional. Virginia puede considerarse pionera del feminismo en Colombia, aunque a ella no le gustaba ese calificativo”. Varios de sus trabajos posteriores a los de familia estuvieron centrados en la mujer. Uno de ellos lo publicó en 1985 y lo tituló: La mujer en la educación, el trabajo y la ley en América Latina.

Madre de cuatro hijos varones, Virginia era una mujer amable y cariñosa, según dicen los que la trataron de cerca. “Así como en sus investigaciones de campo se metía de lleno en el alma popular, en su relación con amigos y colegas se entregaba con sencillez; sabía captar sentimientos, estimular el trabajo científico, dirigir, sugerir, apoyar, y todo con una modestia singular”, escribió la historiadora Guiomar Dueñas.

Virginia Gutiérrez murió el 2 de noviembre de 1999. Aunque no era de su agrado convertirse en protagonista, recibió varios premios y reconocimientos a lo largo de su carrera. Algunos de ellos: en 1963, obtuvo la medalla al mérito Camilo Torres y, en 1967, fue elegida la mujer del año en Colombia. Recibió un premio de la Fundación Alejandro Ángel Escobar y también la medalla de oro al Mérito Científico en el Congreso Interamericano de Familia.

“Ella tenía una intrepidez dominante, endulzada con una personalidad acogedora –dijo en una ocasión el sociólogo Orlando Fals Borda–. Creó escuela y ofreció un legado muy valioso para la comprensión de nuestras realidades. Virginia Gutiérrez de Pineda tiene asegurado un nicho privilegiado en la historia de las ciencias sociales colombianas”. Ahora que va a ser la imagen de un billete que correrá de bolsillo en bolsillo, es una buena oportunidad para conocer mejor su legado y leer con atención sus libros.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.