Su trabajo es hacer los retratos hablados de asesinos y violadores

Su trabajo es hacer los retratos hablados de asesinos y violadores

Moisés Polidoro vive de retratar el crimen como dibujante del CTI. Ha sido clave en sonados casos.

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01 de octubre 2015 , 06:09 p.m.

“Clases de ilustración para esos policías (…). Parece un ‘mamarracho’ ”. John, un usuario de redes sociales, escribió este comentario en referencia al retrato hablado del presunto violador de una conductora del SITP, que varios medios de comunicación compartieron en Facebook el 24 de julio de este año. La denuncia resultó falsa.

La supuesta víctima describió así al ‘abusador’ ante las autoridades: rostro de contextura delgada, cicatriz en el costado derecho y ‘piercing’ en la ceja izquierda. De inmediato, el dibujo hecho por la Policía de Bogotá se divulgó por todas partes y llamó la atención por dos razones: la gravedad del caso y la mala calidad de los trazos.

“Los que hacen ese tipo de ‘mamarrachos’ no tienen talento. Si les queda grande hacer bien un ojo, mucho menos podrán con una cara completa”. De ese modo Moisés Polidoro Ostos, de 53 años, defiende su trabajo. Lleva 28 años dándole rostro a lo que testigos de todo tipo de crímenes le cuentan.

Es uno de los 70 técnicos de investigación adscritos al departamento de criminalística del Cuerpo Técnico de Investigadores (CTI), una dependencia de la Fiscalía. Su especialidad es la morfología facial forense, es decir, la búsqueda e “individualización” de delincuentes a través de la elaboración de retratos hablados, reconocimientos fotográficos y cotejos morfológicos –consiste en comparar a dos personas para hallar similitudes físicas-, para luego identificarlos y dar con su captura.

Ostos ha participado en todo tipo de casos: desde asesinatos de políticos, pasando por la identificación de guerrilleros y paramilitares, hasta delitos sexuales, los más complicados de manejar según este graduado en comercio exterior e investigación judicial. “Era difícil conseguir empleo. Por ahí escuché que la Fiscalía necesitaba investigadores y decidí hacer el curso”, recuerda.

En el tiempo que lleva colaborando con el CTI, ha hecho, según sus cálculos, 1.000 retratos hablados y ha participado en casos con mucha repercusión como el asesinato del político conservador Álvaro Gómez Hurtado y del humorista Jaime Garzón. En ambas investigaciones dibujó las caras de varios acusados de ser los autores materiales de los crímenes.

La elaboración de un retrato hablado puede durar hasta dos horas, todo depende de la información que le brinde el testigo al dibujante. Foto: Simón Sánchez / EL TIEMPO

También fue el encargado de hacer el cotejo morfológico entre Clara Rojas, secuestrada por las Farc entre 2002 y 2008, y su hijo Emmanuel, quien nació en cautiverio. “Otro caso importante que me tocó fue un cotejo de un capturado que decían que era ‘Simón Trinidad’. Una supuesta sobrina lo reconoció. Tenía todas las características del líder guerrillero, pero no era él. Toda la cúpula militar y mis jefes estaban bravos conmigo, ¡pero en verdad no era él!”, rememora.

En la sede del ente acusador en Paloquemao, al oriente de Bogotá, está el laboratorio de morfología, donde Ostos trabaja. Una pequeña oficina con paredes blancas es el espacio donde, a través de una entrevista, el testigo describe el rostro del criminal. Sobre el escritorio solo hay lápices, una hoja de papel blanca y una plastilina limpiatipo, las únicas herramientas que necesita el dibujante.

“Cuando él (testigo) llega acá, hay que hacerlo sentir agradable. Por lo menos, hay unos que llegan muy estresados y no están en la capacidad para hablar”, explica Ostos.

La entrevista, que trata de encontrar todas las características del delincuente como si se estuviese armando un rompecabezas, comienza con preguntas abiertas: ¿cómo era la forma de la cabeza? ¿De qué color era su piel? ¿Tenía alguna quemadura? ¿Podría hablarme de la nariz? ¿Recuerda cómo estaba peinado?

Con esta información, Ostos hace un primer boceto. En el centro de la hoja de papel dibuja delicadamente una línea vertical y otra horizontal que se cruzan. Esa es la guía para el retrato. Luego, traza la circunferencia de la cabeza y continúa con las indagaciones.

A medida que el tiempo avanza, la entrevista se vuelve más detallada. Inclusive, se pregunta por el dialecto que tiene el criminal. “Nos debe contar todo: si el personaje caminaba de una forma particular, si tenía un lunar, si era calvo… Cada rasgo, señal y descripción nos sirven”, aclara Ostos mientras comienza a darle forma a los ojos, la nariz y la boca.

Tras conseguir una cara definida, dibuja detalles como barbas, manchas, pecas, malformaciones, quemaduras o cicatrices. Además, le da textura y sombras, para que el retrato se asemeje a la realidad. Los trazos son muy finos, por si el testigo recuerda algo más y es necesario borrar alguna parte.

“Por ejemplo, uno le pregunta si la nariz es chata y dice que sí, pero luego se acuerda de que no es así. Entonces ahí genera duda”, comenta Ostos, quien agrega: “Se debe ser cuidadoso, porque hay dos tipos de testigos: el que quiere dar una versión de lo que pasó, porque está muy dolido, y el que se inventa todo para desviar la investigación y ganar algún beneficio (como dinero) por parte de los delincuentes”.

La experiencia le ha permitido a Ostos perfeccionar su técnica. Dice que aprendió desde muy pequeño a dibujar copiando los personajes de la caricatura mexicana Memín Pinguín, y que mientras estudiaba investigación judicial un profesor descubrió la facilidad con la que hacía los retratos y le ofreció trabajar con el CTI.

Durante los 28 años que lleva trabajando en el CTI, Ostos ha realizado, según sus cálculos, 1.000 retratos hablados. Foto: Simón Sánchez / EL TIEMPO

Los primeros años en esa área de la Fiscalía fueron de completo aprendizaje. Tuvo que formarse en anatomía, morfología, reconstrucción facial y bellas artes, además de asistir a cursos de criminalística. “Cualquiera puede hacer un dibujo espectacular, pero si no sabe realizar una entrevista judicial no va a lograr nada”, puntualiza.

Ostos suelta el lápiz cuando el testigo identifica al criminal de inmediato. Este tipo de diligencias judiciales puede durar hasta dos horas, todo depende de la habilidad del entrevistador para obtener los datos que necesita.

“Hay que saber hacer este trabajo. Si no se tiene la noción de la anatomía, las proporciones y los tercios de la cara, es imposible hacer un buen retrato hablado. Hacer un ‘muñequito’ de afán es desvirtuar nuestro oficio”, insiste Ostos.

Al terminar el retrato hablado, el dibujante lo protege con una capa de papel contact transparente, para impedir su alteración, y lo entrega al investigador que lleva el caso. Solo resta esperar a que sea exhibido en estaciones de Policía y bases militares, y publicado en periódicos y noticieros de televisión, para dar con la captura del delincuente que se busca.

Cerca a jubilarse, este dibujante desea que dos cosas sucedan cuando ya no esté en el CTI: que los retratistas hagan un trabajo de calidad y seguir dibujando, así sea por pasatiempo como lo hacía de niño. “También soy bueno para la escultura. Ya me han encargado unos bustos”, asegura.

JOSÉ DARÍO PUENTES
jospue@eltiempo.com
Twitter: @jdariopuentes
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