Embarazo adolescente en Medellín, un problema no resuelto

Embarazo adolescente en Medellín, un problema no resuelto

Gobernación dice que problemática ha bajado, pero expertos señalan que hay más niñas embarazadas.

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01 de octubre 2015 , 08:36 a.m.

El uso temprano del alcohol u otras drogas, la carencia de interés en la escuela o actividades comunitarias, haber sido víctima de un abuso sexual, percibir pocas o ninguna oportunidad de éxito, además del ejemplo de amigas o familiares.

Estas son algunas de las causas del embarazo adolescente, que según datos de la Secretaría de Equidad de Género de Antioquia disminuyó la tasa de fecundidad en cinco punto durante los últimos tres años.

En el 2011 la cifra de mujeres que quedaron embarazadas entre los 15 y los 19 años fue de 18.895, lo representa una tasa de 68,5 embarazos por cada 1.000 mujeres. Para 2014 se presentaron 17.487 casos, lo que se traduce en una tasa de 63,5.

Sin embargo, estudiosos del tema como la profesora de Universidad de Antioquia, Sara González, aseguró que estas cifras son engañosas y la problemática, más bien, ha aumentado en un 30 por ciento.

Para ella, con la modernización y las libertades individuales, los índices de natalidad han bajado, pero en niñas y adolescentes de estratos sociales bajos esta problemática es aún muy común y se presenta, en su mayoría, en estratos socioeconómicos bajos.

“Hay patrones que no se han modificado, por ejemplo, el primer embarazo de muchas de estas mujeres no es planeado. Esto tiene efectos que cambian o dan un giro al proyecto de vida. Por eso la carga de la fecundidad reposa sobre los hombros de mujeres muy jóvenes, de entre 15 a 19 años”, explicó González.

Para Patricia Builes, secretaria de Equidad de Género, las causas por la cuales mujeres tienen hijos a temprana edad están arraigadas a la cultura y la sociedad. Desde la infancia las niñas crecen en un ambiente que prioriza los roles tradicionales de las mujeres, lo que conlleva la concepción a temprana edad.

A esto se agrega, aseguró la Secretaria, que continúan existiendo mitos frente al ejercicio de la sexualidad en los jóvenes y una sobrevaloración de la maternidad.

“Es importante develar los mitos para poder transformarlos. Uno de ellos tiene que ver con la sexualidad, que no está ligado a la reproducción, pues se trata de un derecho que todos tenemos”, dijo Builes.

En municipios mineros, por ejemplo, es frecuente el auge de la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes, negocio manejado por redes de microtráfico y actores armados ilegales. En esta actividad muchas de las niñas quedan embarazadas.

En las ciudades, como Medellín, donde también existe esta problemática, los jefes y los integrantes de bandas delincuenciales ejercen poder sobre las menores de edad. Muchas de ellas ven como una oportunidad de protección y bienestar económico tener un hijo con alguno de ellos.

Según Builes, otra de las causas es la naturalización y la tolerancia frente al abuso sexual que en su mayoría es cometido por miembros de la familia o amigos cercanos.

“No se han sacado cifras de los altos índices de incesto y pederastia que hay en Antioquia, porque se sigue considerando que son las niñas las provocadoras del deseo sexual en los hombres mayores”, explicó Builes.

Para ella, los embarazos en adolescentes traen como consecuencia que las mujeres interrumpan su ciclo de formación educativa, lo que las lleva a permanecer en el hogar paterno o al cuidado de su esposo, que se convierte en el proveedor.

“La estabilidad comienza a tambalear y afecta desde los vínculos afectivos, hasta la relación con sus familiares y amigos. El curso normal de la vida de las niñas queda supeditado alrededor de la maternidad”, agregó.

Hay avances en el Plan de Prevención

En el Plan Departamental de Prevención del Embarazo en Adolescentes PDPEA ‘Sol y Luna’, la Gobernación ha impactado a más de 7.500 jóvenes, 1.100 profesionales de la salud, 2.900 madres de familia y líderes comunitarios, y 800 docentes. Hay municipios 48 priorizados y 14 que se suscribieron voluntariamente y avanzan en la implementación y fortalecimiento de este proyecto. Para Gloria Stella Penagos, coordinadora del Plan, “hay un aumento en la disposición de las prestadoras de salud, mayor disposición de las personas y voluntad institucional”.

‘Fue muy difícil, pensé en salirme de estudiar por la presión social’

Paola terminó la universidad en solo tres años, tiempo después se casó y ahora tiene otra niña de 4 años de edad.

“A mi hija la estoy educando para que sea una persona libre, para que tenga la capacidad de decidir sobre su cuerpo y tome decisiones responsables”, dice Paola, que a los 17 años de edad quedó embarazada de su primera hija.

De este suceso ya han pasado 20 años, pero recuerda con claridad cómo el día que le contó a su familia que estaba embarazada, su padre tuvo un infarto y fue llevado de urgencias al hospital.

En ese momento estaba en tercer semestre de Licenciatura en Educación Preescolar en la Universidad de Antioquia y su vida comenzó a cambiar de forma drástica. De ser la consentida de sus padres pasó a ser rechazada e ignorada por ellos.

“En el momento, no les conté que mi novio me había obligado a tener relaciones, pero después de muchos años lo supieron. A mi hija le fui contando de a poco, pues quería ser honesta y liberarme de eso”, cuenta.

Sin apoyo emocional y sin ayuda económica, Paola tuvo que comenzar a cobrar por escribir ensayos y trabajos a sus compañeros de clase. Así se ganaba unos pesos y podía comprar las cosas necesarias para ella y su pequeña.

Todos los días empacaba los teteros, pañales, ropa, juguetes y llevaba a la niña a la universidad. Antes de entrar a clase buscaba a alguna de sus amigas para que la cuidara por un rato.

“Se convirtió en la hija de todos y todas, la amaban y cuidaban. Recibí mucha ayuda de mis amigos y compañeros, así pasó el dolor y volví a gozar de las cosas sencillas de la vida”, dice la mujer.

Como siempre ganó la beca de excelencia en la universidad, pudo escoger más materias por semestre y terminó la licenciatura en solo tres años. “Al principio fue muy duro, pensé en salirme de estudiar por la presión social, pues la familia paterna hablaba de mí, lo que me deprimía y molestaba. Pero decidí seguir con mi vida”, dice.

La niña fue creciendo entre los salones de clase, los universitarios y los corredores de la universidad.

“Cuando me gradué mi papá me dijo que ya había cumplido, que me perdonaba y volví a ser su hija. Eso me hizo muy fuerte para enfrentarme a la vida, aunque me hubiera gustado tener su ayuda”, narra.

Ahora Paola tiene 37 años, se casó y tiene otra niña. Dice que a pesar de que fue un proceso difícil se siente orgullosa de haber tomado la decisión de tenerla, pues ella se convirtió en el motor que mueve su vida y le da valor a todos los proyectos que emprende.

PAOLA MORALES ESCOBAR
inemor@eltiempo.com - @paoletras
EL TIEMPO
MEDELLÍN

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