Alerta por amenaza del pez basa en el río Magdalena

Alerta por amenaza del pez basa en el río Magdalena

Es altamente invasivo y podría arrasar con la biodiversidad del río. Se encuentra en aguas del país.

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30 de septiembre 2015 , 09:10 p.m.

Alcanza hasta 1,33 metros y devora todo tipo de alimentos, incluso peces. Se camufla como un bagre más, pero no lo es. Se trata del pez asiático basa, una gran amenaza que ya invade las aguas del río Magdalena, la cuenca más importante del país. Por primera vez fue hallado en Colombia y de esto ya se tiene evidencia científica en el catálogo del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional.

El hallazgo ocurrió en agosto de este año, cuando Juan Carlos Pérez Ochoa, profesional de la Fundación Humadales,  encontró el pez en Bocas del Carare,  en un tramo del río entre Puerto Berrío (Antioquia) y Barrancabermeja (Santander). El animal fue identificado como basa por Mauricio Valderrama, director de la Fundación Humedales, y fue estudiado por el equipo de curaduría de la Colección de Ictiológica de la Nacional, que lidera el investigador José Mojica.

Foto: Archivo particular

Los científicos alertan que este animal amenaza la biodiversidad de la cuenca, porque puede alcanzar grandes tamaños y, al ser un pez migratorio, depredador y omnívoro, puede tener un alto impacto en el equilibrio ecosistémico. Además, se adapta a las condiciones del trópico y a los bajos niveles de oxígeno disuelto del río.

El peligro se cierne sobre las cerca de 200 especies de peces que contiene el río, muchas de ellas endémicas y donde ya 35 están en algún grado de peligro de extinción. De hecho, las de uso pesquero como el bocachico están en riesgo y han tenido descensos alarmantes.

Foto: Archivo particular

En los últimos tres años se venía rumorando sobre la presencia de esta especie en el hábitat natural del país, pero ninguna resolución del Ministerio de Ambiente ni investigaciones del Instituto Humboldt confirmaba la introducción del pez asiático.

Sin embargo, en el Catálogo de la Biodiversidad Acuática Exótica y Trasplantada en Colombia, que elaboró el Humboldt en el 2012, se consideraba que esta especie, conocida científicamente con el nombre de Pangasianodon hypophthalmus, ingresó ilegalmente desde hace varios años a granjas piscícolas en Valle del Cauca, Huila, Meta y Santander, según lo confirmaron los acuicultores. Incluso, los investigadores aseguran que se conoce de ciertas tiendas de mascotas en el centro de Bogotá que los venden como peces ornamentales.

Una de las hipótesis de los investigadores sobre el origen de este invasor, nativo del río Mekong en Vietnam, es que se escapó de uno de los criaderos ilegales y llegó a través de los hilos de agua hasta el Carare, que hace parte de la cuenca del Magdalena.

Además de esta constatación, el Instituto de la Nacional recibió en las últimas semanas fotografías de otro espécimen. Esta vez fue hallado por Carlos Leal, profesional de Cormagdalena, en la charca Guarinó, en cercanías a La Dorada, Caldas.

“Es el tercer animal que los pescadores hallan. Creían que se trataba del pez doncella, pero con las fotografías determinamos que es basa”, explicó. Este ejemplar está en proceso de ingresar a la colección oficial y ratifica la dispersión de esta amenazante especie por toda la cuenca.

En el catálogo del Humboldt, este animal está en el nivel de alto riesgo por sus impactos en la fauna nativa y “las enfermedades a nivel de las agallas, que afectan entre un 60 y un 90 por ciento de las existencias durante las primeras semanas de cultivo, por los altos contenidos de amonio y las condiciones eutróficas generadas”.

De otro lado, el consumo de este pez ha crecido en el país en los últimos años. Para el 2012, a Colombia se importaban cerca de 56.000 toneladas, cifra que en el 2014 aumentó a 98.000 toneladas. Esta demanda se debe, en parte, a la declinación de las capturas de pesca artesanal generalizada a todos los ríos del país, principalmente de la cuenca del Magdalena.

La preocupación, entonces, es que con esta introducción sea más difícil para las especies domésticas sobrevivir en aguas cada vez más contaminadas y escasas. Se estima que la seguridad alimentaria de 200.000 familias depende del río y cerca de 35.000 pescadores se lucran de este afluente. La pregunta es qué pasará con ellos si esta amenaza se expande y pone en crisis a todo el ecosistema.

Laura Betancur Alarcón
Redactora de Medioambiente

Escríbanos a laubet@eltiempo.com / @ElTiempoVerde

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