La pesquisa de Carmen Aristegui que ganó el premio García Márquez

La pesquisa de Carmen Aristegui que ganó el premio García Márquez

La mexicana cuenta la trasescena sobre la vivienda del presidente de su país, Enrique Peña Nieto.

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30 de septiembre 2015 , 08:59 p.m.

Una mañana de mayo de 2013, el periodista Rafael Cabrera estaba en la fila del supermercado hojeando revistas y descubrió en la portada de una de ellas a la primera dama de México, Angélica Rivera, posando en una casa blanca, de dimensiones y lujos faraónicos, a la que, decía, se mudará cuando termine el mandato de su esposo, Enrique Peña Nieto. La curiosidad natural de un buen reportero lo llevó a hacerse la pregunta que cambió su vida: ¿esa casa la habrá reportado el presidente de México en su declaración de patrimonio?

Cabrera trabajaba con la famosa periodista Carmen Aristegui, que desde su programa en la cadena CNN en español ha recorrido todo el continente, y esta semana se convirtió en protagonista central del Festival del premio Gabriel García Márquez, en Medellín, en donde ha concedido el doble de entrevistas de las que ha podido realizar.

Tanto Cabrera como Aristegui, junto a Sebastián Barragán y el grupo coordinado por Daniel Lizárraga, se interesaron en el tema de la casa blanca, para comentarlo en su programa radial Primera Emisión, de la cadena MVS, en donde salían al aire todos los días, de 6 a 10 de la mañana. Y la historia de su investigación es digna de un guion de cine.

“A raíz de ese primer momento de curiosidad periodística –dice Aristegui, en la sala de prensa del centro Plaza Mayor, en Medellín–, nos encontramos con que el dueño legal de esa propiedad no es ni Peña Nieto ni su esposa, no hay un fideicomiso de los hijos, ni nada que explique por qué ocupan esa residencia. Lo que hay es un registro público de la propiedad que dice que el dueño de la casa blanca es el propietario de una inmobiliaria. Y cuando jalamos la hebra, nos damos cuenta de que ese empresario, Juan Armando Hinojosa Cantú, es un contratista del gobierno de Peña Nieto. Tanto cuando era gobernador del estado de México como ahora que es presidente del país. Y entonces se ve fatal que un presidente ocupe una casa que está a nombre de su contratista cada vez más próspero”.

A medida que lograban más datos y testimonios, el tema iba creciendo. El reportaje tuvo diez o quince versiones, y requirió dieciocho meses de trabajo. Además de ciertos golpes del destino, que recuerda Aristegui: “El empresario dueño de la casa fue el ganador, junto con una empresa china, de uno de los contratos más grandes de México en los últimos años, el de un tren de alta velocidad, entre México y Querétaro. ¿Cómo demonios explica el presidente de México que está en posesión de una casa de un señor que, a su vez, acaba de ganar un contrato de esas dimensiones, más los que ya había ganado en otro momento, y a quien le acaban de asignar, ni siquiera por contrato de licitación, el nuevo hangar para el nuevo avión presidencial, y otros negocios?”

Comienzan las llamadas

A punta de datos públicos, sin filtraciones ni fuentes oscuras o anónimas, los periodistas fueron armando el tejido. Incluso, para poder dimensionar el tamaño del escándalo, contrataron por su cuenta un avalúo independiente, que concluyó que la propiedad costaba más de siete millones de dólares.

“El avalúo se pudo hacer con los planos y las dimensiones de la casa, por fuera, y con fotografías del arquitecto Aragonés, quien diseña la casa blanca y, sin saberlo, subió esas fotografías a su propia página web de arquitecto, sin decir que era la casa del Presidente. Lo que no sabía es que unos periodistas ya habían empatado la información de ese arquitecto con la información pública y concluimos que es la misma vivienda. La ilustración del reportaje fue con las propias fotografías del arquitecto, que las subió para lucir su trabajo personal”.

Ante tantas evidencias, el grupo de MVS envió sus preguntas a los directos interesados, la pareja presidencial, y terminó alertándolos de lo que podría venir. Así lo recordó en su presentación en Medellín el periodista Lizárraga: “Nosotros estábamos en la segunda fase de varias planeadas e hicimos un contacto con Presidencia, pero nos dijeron ‘Manden un correo electrónico y se las van a responder’. Un domingo, estábamos recogiendo nuestras cosas para irnos a la casa, cuando entró corriendo la jefa de información de la estación y nos gritó: ‘¿Qué están haciendo? Me acaba de llamar un ejecutivo de la emisora diciendo que si aquí trabajaba un tal Rafael Cabrera?’ Así comenzaron las llamadas de presión dentro de la estación, y eso fue muy fuerte, porque sentías que ibas de cacería, pero tenías que estar cuidándote del perro de caza”.

A la caza de la casa

Pese al prestigio que tiene Aristegui, que trasciende las fronteras mexicanas, no pudo evitar las presiones: “Cuando los alertamos de la investigación, al preguntarles, la Presidencia de México, en lugar de contestar a los periodistas, decidió ir con los dueños del medio de comunicación, para pedirles que no publicáramos ese reportaje. Y se dio una situación bastante tensa y muy complicada. Los empresarios de ese medio de comunicación me invitaron a comer, y me plantearon abiertamente que sabían que estábamos haciendo esa investigación y que solicitaban comprensión.

Que no podíamos publicarla en MVS porque tendrían afectaciones en procesos de negociación que tienen con el gobierno para concesiones y otras cosas. En pocas palabras, plantearon que ‘les romperían la madre’ si nosotros sacábamos una cosa de ese tamaño”.

Ese momento, a mediados del año pasado, es clave en esta película: los periodistas entienden que no podrán publicar la historia en la cadena MVS, pero deciden hacerlo de otra manera, en el sitio web de la jefa del equipo, AristeguiNoticias.com. “No aceptamos la censura de guardarla en un cajón de nuestro escritorio. Y convocamos a otros medios: a la revista Proceso, al periódico La Jornada, al periódico Reforma, y después ampliamos nuestra idea para compartir la investigación con medios internacionales de gran relevancia, como The New York Times, The Wall Street Journal, The Guardian, CNN, Financial Times. Convocamos a los corresponsales extranjeros (…) Creo que para efectos de los que querían frenar la información resultó bastante contraproducente porque aquello se convirtió en una noticia internacional”.

Aristegui agrega que la investigación quedó blindada, para que no pudiera contradecirse, e incluso se publicaron los documentos que la condujeron: “Este fue un trabajo que llevó, como decimos en México, mucha ‘talacha’ (minucia), que empezó desde comprar la revista, ir al registro público, pedir los expedientes, sacar las copias, ir por lo que sigue… y efectivamente está hecho de mucha información pública. Incluso, cuando surgió la versión falsa de que Marcelo Ebrard (jefe de gobierno de Ciudad de México) nos había entregado un presunto expediente, tuvimos la idea de hacer un reportaje del reportaje, para explicar cómo se hizo. Se presentaron las fotocopias, las fechas en las que se pidieron las informaciones, el registro de cuando le preguntamos a la Presidencia”.
Sin embargo, estaba lejos de ser un final feliz. Aún faltaban escenas. Dice la periodista: “Al final de la historia, en la estación pretendieron imponerme un nuevo modelo editorial, distinto al que está diseñado en un contrato que está vigente, por cierto. No es un contrato laboral, sino un contrato civil, en el que MVS y yo acordamos hace seis años, en 2009, que la responsable de los contenidos de 6 a 10 de la mañana es la periodista. Y que se actúa en libertad editorial y con estos parámetros éticos que se incorporan en un código de ética, que lo hacemos parte del contrato mismo. Lo cual le da a un código de ética un carácter legal”.

Con base en eso, la periodista solicitó judicialmente un amparo frente a esos empresarios, “porque solo son dueños del micrófono, del tapete y del edificio, pero no son dueños del espectro nacional ni de la opinión pública, ni de la opinión de los periodistas. La gran pregunta es: ¿los empresarios de la radio y la televisión en América Latina no han tomado demasiadas atribuciones en el control editorial?” La tesis de Aristegui es que el Estado le entregó en explotación a ese empresario una porción del espectro radial para que haga negocio, pero este debe cumplir los deberes del Estado, como respetar el derecho a la información y a la libre expresión.

Lamentablemente, la justicia mexicana opinó otra cosa, porque ni siquiera permitió abrir el juicio, ya que alguien presentó un recurso llamado queja, y el tema desapareció. “En una aberración jurídica, mataron el juicio y no hubo alegatos, no pudimos presentar pruebas ni procesar judicialmente. Podíamos haber ganado o perdido, pero teníamos derecho a un juicio”.

Y las cosas se pusieron aún peor, como cita Aristegui: “Un día, nos impidieron entrar a hacer nuestro programa. Esa mañana, a cada uno de los que trabajaba en el programa los fueron liquidando, en la lógica laboral, y a cada uno de los que llegaba ya no le permitían entrar a la cabina, porque estaba decidido que ese programa entero saliera del aire. No es más que una vendetta por la casa blanca, a mí me queda esa profunda convicción”.

Solidaridad de gremio

Los despidos se produjeron hace apenas unos meses. Sin amparo judicial y sin programa de radio, los periodistas llegaron a Medellín esta semana, como finalistas del premio Gabriel García Márquez de Periodismo, uno de los más prestigiosos del continente. En la jornada matutina de ayer, Aristegui anunció que, al ver la solidaridad de colegas de todo el continente, había decidido demandar al Estado mexicano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por “denegación de justicia”.

Luego de su anuncio, la periodista chilena Mónica González, que acompañaba a Aristegui en la tarima, anunció que se sumaba a esta causa y, en medio de una ovación de pie por parte de los asistentes, pidió aportar firmas para respaldar la solicitud judicial. “Lo que han hecho con el equipo de Carmen Aristegui es la otra cara del asesinato físico de periodistas”, exclamó González.

Luego de una odisea de dieciocho meses, de perder sus empleos y de no haber sido escuchados en juicio, los periodistas mexicanos ganaron anoche el galardón con el nombre de Gabriel García Márquez, en la categoría de cobertura. En el espacio del Jardín Botánico, hubo aplausos, vítores y una que otra lágrima. Un abrazo de reivindicación de sus colegas, frente a los abusos del poder.

Al preguntarle a Aristegui para qué sirven los premios, ella mira con sus ojos claros, evidentemente cansados, y me responde con una sonrisa: “Sirven para el ego… para dejar de tener problemas de autoestima… pero en el fondo, sirven para reafirmar lo que uno quiere ser. Para decir: ‘Bueno, a lo mejor no estábamos tan equivocados y tiene todo el sentido seguir adelante’ ”.

Otros galardonados con el premio García Márquez

Además del grupo de Aristegui Noticias, encabezado por Daniel Lizárraga, Sebastián Barragán y Rafael Cabrera, que obtuvieron el premio Gabriel García Márquez en la categoría de Cobertura, anoche también resultaron ganadores:

– En la categoría de Innovación, Laura Zommer (Argentina), por su sitio web Chequeado.com, una iniciativa de verificación del discurso público en su país y el continente.

– En la categoría de Imagen, Tomás Munita (Chile), como autor de Vaqueros
Extremos, otro producto
de un documentalista independiente.

– En la categoría de Texto, Javier Sinay (Argentina), por la nota 'Rápido, furioso, muerto', publicada en la
revista Rolling Stone, sobre el crimen de Axel Lucero.

Ellos se unieron a la brasileña Dorrit Harazim, ganadora del reconocimiento a la Excelencia, y a Mauricio Sáenz, ganador del premio Clemente Manuel Zabala al editor colombiano ejemplar.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
Medellín
Editor Cultura y Entretenimiento

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