Sexo y corazón, compinches en la cama

Sexo y corazón, compinches en la cama

Esther Balac entrevista a este órgano para hablar de riesgos que implica el sexo tras un infarto.

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29 de septiembre 2015 , 04:33 p. m.

Que el corazón y el sexo no van de la mano es un prejuicio que a muchos preocupa, al punto que quienes padecen una enfermedad cardiaca o han superado un infarto ponen por delante un temor reverencial a los asuntos de la cama y, en no pocos casos, terminan por licenciar de estas tareas a su departamento inferior del cuerpo.

Aunque, valga decir, muchos estudios ya se han encargado de devolverles la confianza a todos los convalecientes de este órgano que quieren retornar al catre, dejemos que sea el propio corazón el que responda cómo se lleva con el sexo, en la semana que el mundo le dedica para hablar de su salud.

Respóndame con sinceridad, ¿usted puede dejar de funcionar en una encamada?

Mire, la probabilidad de que eso ocurra es muy remota. Por el contrario, las buenas encamadas, como usted las llama, me favorecen y me revitalizan. Son como un reconstituyente para mí.

Ayúdeme a poner esa remota probabilidad en números...

Con gusto: la posibilidad de que me infarte por cualquier causa es de una en un millón. Ahora, el riesgo de que falle por faenas amorosas –otra vez acudo a sus términos– es de 1 en 12.000, pero si ya he tenido algún problema o estoy malito, la probabilidad es de 1 entre 1.000. Como puede ver, el sexo y yo nos la llevamos muy bien.

Mientras los órganos del piso de abajo se divierten, ¿usted qué hace?

Le aclaro que mi comportamiento en ese caso es el mismo que tengo cuando esas mismas personas –las que están en la cama– caminan un kilómetro y medio en 15 minutos. Es decir, aumento mis latidos de igual forma que lo hago frente a una actividad liviana o moderada.

Bueno, pero no me salga con eso de que un orgasmo es lo mismo que un trotecito...

Desencántese... Para mí, sí. Yo cumplo con la tarea de bombear un poco más de sangre y en el momento de un buen orgasmo eso lo hago con 120 o 130 latidos por minuto máximo. No es mucho, tampoco crea.

¿130 latidos por minuto no son demasiados para usted, que funciona a 70?

Me defrauda usted, doña Esther, que habla de orgasmos con desparpajo y cree que esos duran eternidades. Nada de eso, un orgasmo “de infarto” dura máximo 15 segundos, y ese es el tiempo en que tengo que andar a esa frecuencia. Muy poco, la verdad.

Ahora, si ya se infartó, ¿cuándo está listo para ayudar en el aquello?

A las dos semanas, después de salir del hospital, ya estoy en condiciones de colaborar con “eso”. Claro, el médico es el que da la pauta, y puede ser un poquito más tarde. Se requieren algunas pruebas y que el médico autorice.

¿Cómo sabe un paciente que usted será solidario en la cama?

Fácil. Si es capaz de subir dos pisos por las escaleras sin fatigarse y sin presentar dolor en el pecho, ya se puede subir a la cama sin riesgo.

¿Alguna recomendación para empezar?

Sí: que las primeras veces adopte la posición inferior y, eso sí, que lo haga con su pareja habitual. Se ha demostrado que las relaciones extramaritales o a escondidas me agitan más y en esos casos les puedo hacer pasar un mal rato.

¿Esto es para hombres y mujeres?

Por supuesto, yo me infarto en hombres y en mujeres. ¡Ah!, también son recomendaciones para ambos si usan marcapasos, así en ellos no me haya infartado.

¿Es normal que los hombres después de un infarto tengan problemas de erección y las mujeres, bajas en las ganas?

En un comienzo, es claro que la ansiedad, el miedo y los mitos pueden ocasionar lo que usted comenta. Pero la falta de erección en los hombres puede ser producto de los mismos problemas en las arterias que me llevaron al infarto o de los medicamentos que está tomando. De igual forma, en las mujeres hay que revisar si esto se prolonga. A mí no me culpen.

A propósito, ¿en casos de disfunción los señores pueden tomar viagra después de un infarto?

Sin consultar con el médico, ni locos... Algunos medicamentos que se prescriben para cuidarme pueden resultar incompatibles con esas pastillas. Lo repito: no las usen sin consultar.

Perdóneme la confianza, pero ¿cómo responde usted después de un infarto frente a la masturbación?

De igual forma. Las recomendaciones son las mismas.

Parece fácil. Entonces, ¿para qué la rehabilitación cardiaca?

Nadie ha dicho que la gente se puede ir a la cama y ya. Lo que quiero decir es que yo puedo garantizar una vida sexual plena después de un infarto, pero lo hago mucho mejor si soy sometido a un programa de reentrenamiento, después del cual, por lo general, soy muy buen aliado “del aquello”, como usted dice.

¿Y las encamadas pueden ser parte de un programa de rehabilitación cardiaca?

Por supuesto, después de que se demuestre que puedo responder por esa actividad, el sexo debería ser parte de esos programas. Ojalá eso se tenga en cuenta. Para mí sería divertido, sin duda; para los pacientes, más.

Envíeles un mensaje a todas las personas que sufren por usted y que le tienen miedo al sexo...

Soy claro: el sexo y yo somos compinches. Él para mí es un gran remedio. Que tengan confianza, que restablezcan su sexualidad sin temor y que por nada del mundo se alejen del catre, como dice esta señora, y que si tienen dudas consulten con su médico.

¿Algo más?

Sí. Que en la cama procuro no pararme, porque dejo que allí lo hagan otros. Ah, y que usted, señora Esther, en ocasiones me perece muy zafada.

Raramente el sexo causa infartos: estudio

Un estudio publicado este mes en el 'Journal of the American College of Cardiology' confirmó que “raramente el sexo provoca infartos y la mayoría de las personas que sufren un ataque al corazón pueden retomar su actividad sexual”.

En la investigación se analizaron las respuestas de 536 personas, de entre 30 y 70 años, que habían sufrido un infarto. En un cuestionario se les preguntaba por su actividad sexual en los doce meses previos al ataque.

Los científicos también evaluaron la relación entre el último encuentro sexual del paciente y el momento del infarto. La conclusión fue que solo el 0,7 por ciento tuvieron sexo una hora antes del ataque y el 78 por ciento tuvo su última relación sexual más de un día antes del suceso.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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