1, 2, 3... Colombia salvaje / El otro lado

1, 2, 3... Colombia salvaje / El otro lado

La paz nos va a permitir vivir eso que apenas pudimos ver en la película: la Colombia más bella.

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27 de septiembre 2015 , 04:40 p. m.

Colombia es salvaje. Lo somos porque una película logró encantarnos con las mejores imágenes de nuestra naturaleza. Y lo somos porque fuimos sumisos seducidos por la bobada Tom Cruise y Netflix. Y lo somos por ser capaces de construir un proyecto de paz a pesar de nuestros odios.

1) Colombia, magia salvaje. Que Colombia es un país de privilegio por su naturaleza lo hemos sabido de siempre. Pero verlo en imágenes impresionantes es un acto emocional sublime. No sabe uno qué es mejor, qué es más bonito, qué es más enigmático... si las aves, si los peces, si los paisajes, si el agua, si la selva, si los colores y los sonidos de la Tierra... O si ver abuelitas y nietos gozando juntos una película cuya protagonista es Colombia.

Solo dos apuntes extras. ¡Qué extraño que para documentar cómo es Colombia tengamos que no mostrar a esa especie llamada los humanos colombianos! Y hay una sensación que distrae y es que se diga que Colombia... es “magia salvaje”. Me hubiera gustado otro título. Ojalá algún día pudiéramos decir ¡Colombia: tierra de buena gente!

2) Tom Cruise y Netflix descubren a Colombia. Desde hace poco hemos vivido un segundo descubrimiento de Colombia. Hollywood nos descubrió. Llegó Tom Cruise, y políticos, empresarios y periodistas se murieron de la emoción de ser farándula. Llegó Netflix con una mala serie (mala en su puesta en escena, guion, modo del relato en forma de noticiero, ya que todo se cuenta en 'off' y Pablito ‘softporno’) y hasta el presidente se derritió de emoción.

Solo que Cruise y Netflix nos descubren para contar a Colombia en historias donde somos una republiqueta que debe ser salvada por los gringos que todo lo saben y todo lo pueden. De pronto sí somos “magia salvaje” y, por eso, cuando Hollywood se interesa por nosotros, esos humanos llamados colombianos, nos muestran como salvajes (feos, borrachos, sexuales, drogos y bárbaros). Para Hollywood somos salvajes (por nuestras costumbres) y mágicos (por el narco).

3) La paz es posible a pesar del odio. El odio es un mal religioso, y en Colombia los odiadores y sus feligreses matonean hasta a su rey, el papa Francisco. Por sus odios los conoceréis. Y así hemos llegado a este país que no sabe sino nombrarse en lenguaje de guerra, ya que no sabemos decirnos en lenguaje de paz. Y tal vez por eso es que somos “salvajes”, porque solo de guerra sabemos.

Menos mal esta semana el papa Francisco, el presidente Santos, los guerrilleros y hasta algunos periodistas comenzaron a intentar pensar y narrar en relato de paz. Eso significa cuidar, querer y gozar el lenguaje para hacerlo decir más allá del odio. Cuidar el lenguaje es desmovilizar al Fiscal de su verbo inane, al Procurador de su mala leche y a Uribe de su matoneo de Twitter. Tal vez así dejemos de ser esos humanos llamados salvajes.

Periodistas, por favor, a cuidar el lenguaje y narrar en misterio de paz. La paz es la que nos va a permitir vivir eso que apenas pudimos ver en la película: la Colombia más bella del mundo.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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