Risas y color, la medicina para la felicidad

Risas y color, la medicina para la felicidad

Ricardo Zuluaga, payaso hospitalario, inyecta de alegría a los pacientes con cáncer en Pereira.

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27 de septiembre 2015 , 12:08 a.m.

De repente los fríos pasillos y el silencio en las habitaciones de la clínica Oncólogos de Occidente de Pereira, son conquistados por el color y la alegría del Doctor Feliz, o Ricardo Zuluaga, dos vidas envueltas en un traje de payaso que buscan devolverle la esperanza y la felicidad a los cientos de pacientes enfermos de cáncer que a diario llegan a la clínica.

Ricardo es un manizaleño de 54 años, quién desde hace 15 años encontró en la terapia de la felicidad su mejor opción de vida. "Mi experiencia como payaso hospitalario empezó 15 años atrás, cuando a Manizales llegó una compañía teatral Suiza para hacer una investigación sobre la adopción de los payasos hospitalarios a través del teatro. Tuve la fortuna junto con mi esposa de ser elegidos y así, el 27 de agosto de 2001, comenzó la historia", comenta.

La terapia de la alegría, la ternura y la risa está dirigida a los pacientes y sus familias; y al personal de la clínica. Con ella se busca manejar los niveles de estrés y de angustia que genera la enfermedad en el ambiente hospitalario, se trabaja con el paciente la parte mental y emocional, basados en estrategias con el fin de vencer la dolencia. "Nos apoyamos con la fundación oncólogos y su equipo de profesionales, psicólogos psicooncólogos, trabajadores sociales, gerontólogos, auxiliares y enfermeros; médicos y con terapia de la risa", dice Zuluaga.

El Doctor Feliz le recuerda a la gente que la palabra cáncer no es el final de la vida. Para él, aunque es una dura batalla, la mayoría de las personas tienen un concepto equivocado de lo que es la patología "escuchan la palabra cáncer y es algo traumático, pero con la ayuda médica, cambios de vida, de alimentación muchos sacrificios y una detección temprana es posible curarse".

Diariamente, Ricardo llega a las diferentes sedes de la clínica en el Eje Cafetero para iniciar su alegre labor, cruza la puerta como una persona del común, su apariencia seria y psicorrígida desaparece cuando entra a uno de los consultorios, allí, comienza la transformación enmarcada por una gran sonrisa.

El maquillaje y el vestuario, marcan su 'look'. En su rostro se pinta el arcoíris, que representa la vida, el color, "después de la tormenta llega el arcoíris, es el símbolo del cambio" dice, en su otra mejilla dibuja globos de colores, para él son el icono de la felicidad. "Los globos son mágicos, rompen el hielo, la barrera entre la timidez y la alegría", luego vienen el traje multicolor y los zapatos, tal vez talla 60 que tanto caracteriza a estos personajes; una maleta donde lleva sus implementos: estetoscopio, peluches, pulseras, relojes, pitos, y el detalle más importante de su ‘pinta’, una roja nariz , esa que para él es la responsable de permitir una comunicación entre el payaso y el paciente.

"Con mi nariz genero un entusiasmo, lo que consigo con la terapia es que el paciente abra las puertas de su corazón y pueda entrar a regalarles vida", cuenta Ricardo.

El Doctor Feliz está listo y empieza su recorrido por las habitaciones, donde adultos y especialmente los niños lo esperan con ansias para una dulce jornada.

‘Nos da felicidad’

Juliana Marín es quién primero lo recibe, "la terapia es muy importante, nos ayuda a olvidar lo difícil que es el tratamiento, a veces estamos muy tristes, él es un personaje pendiente y cariñoso, en otros hospitales no lo tratan bien a uno. Lo que más me gusta son sus chistes malos", dice entre risas Juliana, de 14 años, ante la mirada de sorpresa del doctor.

Para Brayan Torres, otro de los pacientes, el payaso es muy importante en el proceso de recuperación, "él viene a hacernos reír, muchos nos deprimimos por la situación, pero nos hace pensar positivo y disfrutar un rato".

En sus 15 años de trabajo, el Doctor Feliz ha tenido muchas experiencias impactantes, recuerda que a los tres meses de iniciar su labor, conoció a una niña de cuatro años, con la cual tuvo una relación muy especial, "ella sabía cuando llegaba a la clínica, era como si me percibiera, sin entrar a la habitación, ya le decía a sus padres que yo estaba ahí, un día la niña entró en shock con una examen que le estaban practicando, cuando las enfermeras me vieron me pidieron que subiera donde ella porqué se estaba muriendo, saqué la dulzaina y comencé a tocar, cuando ella me sintió, reaccionó, el impacto para la familia fue muy grande, lloraban de felicidad", recuerda Ricardo demostrando el impacto que puede causar su labor y su presencia.

Fuera de su trabajo, Ricardo es un hombre más del común, trata de guiar su vida entorno al payaso, de vivir con alegría y motivación. "La relación Doc-Ricardo es simpática, es una transformación, todos tenemos dificultades, soy común y corriente, tengo enojos como cualquiera, pero el hecho de estar conviviendo con el 'payasito' lo hace cambiar a uno, la interacción con el paciente me hace entender la vida, en el Doctor Feliz he encontrado la verdadera felicidad, que no está en tener mucho si no en disfrutar y valorar lo que tenemos", concluye.

Con su esposa, Claudia Isabel Mejía, sueñan con tener una fundación de Doctores Felices, una escuela de payasos para enseñar y entregar toda la experiencia que ha recopilado a lo largo de estos años. "Uno llega a una edad donde va de salida para que otros lleguen, ojalá podamos seguir ayudando desde el corazón", dice el doctor quién espera un día retirarse como Chespirito, su personaje favorito, haciendo reír hasta el último suspiro.

JAVIER NIETO ÁLVAREZ
PEREIRA

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