Las cuentas alegres del independentismo catalán

Las cuentas alegres del independentismo catalán

Sondeos apuntan a mayoría parlamentaria de separatistas catalanes, que rozan 50 % de sufragios.

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25 de septiembre 2015 , 06:55 p. m.

Las elecciones autonómicas en Cataluña determinarán el nuevo cuadro político del parlamento regional. Sería un episodio electoral más, como los que comúnmente suceden en toda España cada vez que se convoca a los ciudadanos para elegir a sus representantes políticos locales, si no fuera porque los partidos independentistas se han encargado de que tome el tono de un referendo sobre la voluntad popular acerca de la proclamación de un nuevo Estado.

Estas elecciones, en consecuencia, han derivado en una situación de anormalidad constitucional: representan para los partidos soberanistas, y el electorado que los sigue, el paso necesario para provocar la escisión del territorio catalán y la creación de un país por fuera del Estado español, y para los partidos nacionales la posibilidad de demostrar que no todos los catalanes desean una Cataluña independiente.

La carrera por la independencia ha sido desatada por dos agrupaciones políticas: Convergencència Democràtica de Cataluña (CDC), liderada por el actual presidente de la comunidad regional, Artur Mas, y por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), bajo la dirección de Oriol Junqueras.

Robo a Cataluña

Ambos dirigentes han esgrimido durante años un discurso independentista de contenido político y económico. Este se basa en el derecho a la autodeterminación de los pueblos, como argumento ideológico, y en un trato injusto por el Estado español, como argumento económico. Pero, al parecer, ha pesado más en la opinión pública cómo España se queda con el dinero catalán que los propios razonamientos políticos, los cuales resumen los separatistas en una cuestión de dignidad histórica.

La argumentación económica parte de un supuesto: Cataluña aporta más a España que lo que recibe de ella. En términos numéricos significa que España le arrebata a la región, según las dos agrupaciones políticas, 16.000 millones de euros adicionales cada año, lo que se traduciría entre un 8 y 9 por ciento del producto interno bruto (PIB).

Con ello, según estos dos partidos, se practica un drenaje, un expolio fiscal desde la administración central, cuya cantidad sería suficiente para financiar la existencia de una Cataluña independiente. Los 16.000 millones de euros, electoralmente, se han convertido en una cifra mítica.

Los estudios y las investigaciones económicas, silenciadas por el gobierno regional –la Generalitat–, sin embargo, desmontan en su mayoría la famosa cifra. Es el caso del trabajo realizado por el economista y ex ministro socialista Joseph Borrell y por el ingeniero Joan Llorach, ambos catalanes.

El documento centra su argumento en que el cálculo independentista, al emplear una metodología particular, proporciona un dato que no estima los costos en los que incurre España al suministrar los bienes públicos, ni contempla las economías de escala en la prestación que hace de los servicios públicos, ni valora los cambios negativos producidos por el ciclo económico, que hoy está marcado por una fase recesiva.

En un hipotético escenario de independencia, el argumento independentista expresa que esos costos no superarían los 3.000 millones de euros, deducibles de los 16.000 millones de euros que obtendría. Un análisis ortodoxo de costos, que incluye lo que habría que gastar en organizar una nueva administración recaudadora de impuestos, pertenecer a la Unión Europea, organizar la política exterior y crear la defensa militar, supondría por lo menos 6.000 millones y no 3.000 como se afirma.

De otra parte, los 16.000 millones de euros no son tales. Se trata de una cifra de 2006, anterior a la crisis, mientras los datos más actuales, de 2011, dicen que Cataluña solo aportó al gasto nacional 4.000 millones de euros. El 8 o 9 por ciento del PIB se queda en menos del 6 por ciento. En suma, las cuentas de Artur Mas y Oriol Junqueras, con que tratan de atraer al electorado, son cuentas alegres. Las cuentas alegres del independentismo.

Un elemento clave no ha sido realmente valorado –o no ha querido ser valorado– por las dos agrupaciones políticas soberanistas: la salida de la Unión Europea. La independencia de Cataluña acarrearía no solo la violación de los tratados integracionistas y el rechazo institucional de los países miembros, sino la obligación de solicitar su ingreso como Estado, un proceso que, de resultar exitoso, tardaría por lo menos cuatro años.

Principales razones

¿Qué ocurriría mientras tanto? Tendría que abandonar el euro y crear una nueva moneda de fortaleza incierta; sus bancos más importantes perderían las ayudas que por la crisis reciben del Banco Central Europeo (BCE), y sus productos y servicios dejarían de circular libremente. La independencia, desde la perspectiva europea, sería para Cataluña una catástrofe financiera y comercial.

Lo más paradójico de la pretendida independencia catalana llega del terreno de la banalidad. Mientras los independentistas, según los sondeos, seguramente obtendrían una mayoría en las elecciones regionales de mañana y, teóricamente pondrían en marcha la separación de España, el 60 por ciento de los catalanes quieren tener la doble nacionalidad –española y catalana– y quieren que el Barça siga en la liga española de fútbol. ¿Quién entiende la locura independentista?

Tensa campaña electoral con vistas a la independencia

Cataluña se acerca a su hora decisiva con el cierre, ayer, de la campaña de las elecciones regionales que se celebrarán mañana, en las que los independentistas esperan conseguir una amplia victoria para poner la primera piedra de su separación de España. Sobre el papel, son solo unas elecciones regionales para renovar el parlamento de esta región industrial del noreste de España, de 7,5 millones de habitantes. Pero en las dos semanas de campaña, los líderes nacionales desembarcaron en Cataluña, empezando por el jefe de gobierno conservador Mariano Rajoy, que ayer tuvo un guiño hacia la región. En un video, Rajoy pidió en catalán votar contra los independentistas “Perquè units guanyem (porque unidos ganamos)”. El presidente regional, el independentista Artur Mas, pretende convertir los comicios en un plebiscito a favor o en contra de constituir una nueva República Catalana en 2017, elevando el tenso pulso mantenido con Madrid desde hace tres años. Tras un siglo de desencuentros más o menos intensos con Madrid por la lengua –reprimida durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975)– y la fiscalidad, la paciencia de muchos catalanes se colmó durante la crisis económica. Furiosos por la invalidación parcial en 2010 por el Tribunal Constitucional de un estatuto regional que aumentaba su autogobierno, los nacionalistas pidieron en vano desde 2012 un referendo de autode- terminación. Ante el rechazo del gobierno de Mariano Rajoy, organizaron uno simbólico, sin reconoci- miento oficial, pero en el que lograron 1,9 millones de votos a favor de la independencia, de un total de 2,3 millones de participantes. Ahora buscan una mayoría de escaños en el parlamento regional (68 sobre 135), para lanzar un proceso de secesión, aunque no tengan la mayoría de los sufragios en las urnas.

Grandes fechas históricas

Septiembre de 1977:
Restablecimiento del gobierno regional y vuelta del presidente catalán durante la “transición” hacia la democracia.

25 de octubre de 1979:
Catalanes aprueban su nuevo estatuto de autonomía regional, que define al catalán y al castellano como lenguas.

Septiembre de 2009:
El pueblo de Arenys de Munt, el primer municipio que organiza votaciones simbólicas sobre la independencia.

Septiembre de 2012:
El jefe de gobierno español rechaza negociar una mayor autonomía fiscal para Cataluña.

Noviembre de 2014:
Cerca de 2,3 millones de catalanes votan en un referéndum simbólico.

Septiembre de 2015:
Elecciones regionales anticipadas convocadas por Artur Mas.

Mario Jaramillo*
Especial para EL TIEMPO
* Scholar en economía de la Universidad de George Mason y residente en España

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