'Publicar viñetas ofensivas es obligación de los dibujantes': G. Groth

'Publicar viñetas ofensivas es obligación de los dibujantes': G. Groth

El creador de la editorial de cómics 'underground' Fantagraphics habla de Charlie Hebdo.

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24 de septiembre 2015 , 10:41 p. m.

En los años 60, mientras DC y Marvel Comics alimentaban una cultura en la que los niños soñaban con ser hombres de acero incorruptibles, como Superman o Capitán América, surgía en Estados Unidos otro tipo de viñeta, potenciada por los efectos del LSD, que no tenía lugar en los suburbios. Era un cómic subterráneo, que retrataba a personajes más creíbles y se enorgullecía de haber salido de la base social.

Historietas como la de los 'Fabulous Furry Freak Brothers', de Gilbert Shelton, retrataban a tres vagos dispuestos a todo con tal de fumarse toda la marihuana del planeta, mientras Robert Crumb, el creador del gato 'Fritz', desfogaba en el papel toda su obsesión sexual con las mujeres de caderas grandes, pero su pluma también pintaba con veneno la podredumbre de una sociedad en decadencia.

Para finales de los años 70, cada vez surgían más dibujantes que seguían sus pasos, aunque nadie los editara. La famosa revista 'Comic Buyer’s Guide' simplemente descartaba todo lo que no fuera ‘apropiado’, y la revista 'Mad' tenía ya su equipo establecido. Entonces surgió un fanzine alternativo que acogió a los parias: 'The Comics Journal' (1976).

Y este se transformó en la editorial Fantagraphics, que es desde entonces el principal editor de cómics alternativos de ese país.

Gary Groth, uno de los creadores de Fantagraphics (junto con Kim Thompson y Mike Catron), está en Colombia para compartir su experiencia de editor de cómics como invitado al festival Entreviñetas, que se realiza por estos días en la capital y luego, en octubre, se extenderá a Cali y Cartagena.

“Teníamos un compromiso fiel con la idea de criticar el status quo y llevar los cómics a otro nivel –cuenta Groth–, y por unos años pensamos que podríamos lograrlo publicando una revista que reuniera a los dibujantes que estuvieran de acuerdo con nuestra crítica a los cómics masivos y sus limitaciones. Así creamos nuestros propios estándares éticos y de calidad”.

Su lógica era la raíz de todo medio independiente: “Empezamos a publicar los cómics que nosotros queríamos ver, que tenían una dimensión diferente y que realmente le hablaran a la gente”.

Uno de los ejemplos contundentes en la historia rebelde de Fantagraphics es la edición de las viñetas de los hermanos Mario, Gilbert y Jaime Hernández, a partir de 1982.

Hijos de mexicanos, los Hernández, residentes en Oxnard, California, empezaron haciendo un cómic, Love and Rockets, que ellos mismos editaban y copiaban para distribuir entre amigos. Contaban la historia de un grupo de adolescentes chicanos punk, sin expectativas de vida, en un pueblo llamado Palomar. Y no había superhéroes.

De su mano y, por supuesto de la de Crumb, Shelton, así como de Trina Robbins, que proponía una mirada muy diferente de la mujer en su momento, llegaron las censuras y las puertas cerradas en las tiendas porque se metían con temas tabú.

“Necesitábamos estos cómics de los años 60 y 70 –explica Groth, quien estuvo ligado al periodismo gonzo y al escritor y periodista Hunter Thompson–. Ellos estaban tan saturados del tabú al sexo, las drogas y la violencia que al romper esos tabúes les dieron la oportunidad a artistas que en el futuro no tendrían la posibilidad de hacerlo. Las siguientes generaciones se pudieron meter profundamente en la sicología, en el periodismo serio, tomando lo que ellos hicieron y llevándolo más adelante”.

Con el tiempo, se unieron otros dibujantes a la baraja audaz de Fantagraphics que crearon el culto a su alrededor: Daniel Clowes, cuyas historias son básicamente sobre absolutamente nada, retratos de gente común sin principio ni fin determinado, pero que incluso han terminado influyendo en el cine, al que se llevó en 2001 su cómic Ghost World (que lanzó a la fama a Scarlett Johansson); Charles Burns, quien en contrastes de blanco y negro totales creó la novela gráfica Black Hole; el mismísimo Crumb, a quien le editaron toda su colección, incluyendo su ilustración de la historia del blues y una versión ilustrada –a su manera enfermiza– de la Biblia, y Peter Bagge con su Hate Collection (colección de odio).

Y es que hay una peculiaridad técnica en estos cómics alternativos: son de artistas ‘toderos’, que no tienen guionistas ni nadie que les coloree o que haga el trabajo tipográfico.

“No publicamos historias hechas como hacen los cómics masivos, que un escritor hace la idea, otra persona lo dibuja y así (...) Tiene que ser una sola persona detrás. Son individuos que están conectados con la esencia de ser dibujantes de historietas. Son sus visiones singulares del mundo. Eso los hace perfectos”.

Por supuesto, son artistas víctimas de los estereotipos: “El cómic siempre ha sufrido en Estados Unidos, el mercado ha sido siempre considerado como el de un arte adolescente, pero, si superas ese cliché, te encuentras con cómics más literarios, y ahora hay una generación que es un híbrido cultural de cómics por artistas que son completos”.

Kim Thompson (izq.) y Gary Groth, pioneros de Fantagraphics.

‘Charlie Hebdo’: ¿sin límite?

Para Groth, es totalmente justificado el ejercicio editorial de la polémica revista francesa Charlie Hebdo, que ha sido noticia en el último año no solo por la tragedia en sus instalaciones de manos de radicales religiosos, sino por las líneas que cruza y que escandalizan a todo el planeta. La más reciente, la caricatura que envolvió la imagen del niño sirio Aylan Kurdi.

“Cualquier artista debe tener permitido el poner en su obra todo lo que quiera, de la forma que escoja –argumenta Groth–. A veces lo hace horrorosamente, a veces está bien y a veces es brillante, pero, como sea, no puedes ser restrictivo para celebrar la libertad del artista al tomar sus opciones. No se les puede criticar: publicar viñetas ofensivas es prácticamente la obligación de los dibujantes, especialmente de los satíricos”.

Como arte, el cómic está viviendo su mejor momento, asegura Groth, aunque señala la obviedad de que, de esa generación de rebeldes –que todos superan ya los 50 años de edad–, solo unos pocos se mantienen trabajando, pero hay una generación muy dinámica en curso.

“No es un arte costoso, requieres tan solo una hoja de papel y tinta, no necesitas equipo, así que tiene muy buena energía”, afirma.

Sin embargo, como negocio, sigue siendo la misma utopía, pese a que las tiendas se han abierto a sus artistas y que además distribuyen parte del catálogo de los dibujantes clásicos de Disney: “Es difícil (el negocio), siempre lo ha sido y siempre lo será; el próximo año será nuestro 40.º aniversario y sabemos que seguirá siendo igual que antes.

Publicar el tipo de libros que hacemos y mantener los estándares editoriales que desarrollamos es lo más difícil. Todo sería más fácil si publicáramos toda la basura comercial”.

Los cómics de Fantagraphics no se consiguen en Colombia, a menos que se trate de importaciones menores por entusiastas del género, pero su colección se encuentra completa en Amazon y en la tienda virtual fantagraphics.com.

El Festival Entreviñetas se realizará en Bogotá hasta este domingo, con actividades en diferentes bibliotecas de la ciudad, en Cine Tonalá, el Museo de Arte del Banco de la República, La Madriguera del Conejo, Librería Casa Tomada, entre otros espacios.

Toda la información de programación e invitados se puede consultar en www.entrevinetas.com.

Una cita con el arte de los cómics

En este Festival Entreviñetas, que se realiza hasta este domingo (y que en semanas anteriores se celebró en Bucaramanga, Medellín y Manizales, y luego de Bogotá se extiende a Cali y Cartagena) también participan David Schilter (creador de la editorial Kuš! komiksi, de Suiza), Arne Bellstorf (autor para el diario alemán ‘Der Tagesspiegel’), Ana Galvañ (España), Emmanuel Moynot (autor francés de 15 novelas gráficas), Marcel Ventura, Daniel Jiménez Quiroz, Mariana Gil, John Naranjo, Andrezzinho, Juan Pablo Fajardo, Henry Díaz, Juandapo, Katherine Ríos, Johann García, Rodrigo Lucio, Juan Pablo Silva y Juan Francisco Sánchez.

En las otras ciudades han estado invitados como el polémico Joán Cornellá (y sus historietas del absurdo y la muerte).

CARLOS SOLANO
Cultura y Entretenimiento
@laresonancia

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