Editorial: Por algo se empieza

Editorial: Por algo se empieza

Hay que confiar en que continúe la tónica favorable entre funcionarios de Colombia y Venezuela.

22 de septiembre 2015 , 07:22 p. m.

Es un hecho que las aguas de la relación binacional con Venezuela se salieron de su cauce. Luego de años de esfuerzos conjuntos por reconstruir un ambiente de normalidad, tras los traumáticos episodios que llevaron a un enfriamiento sin precedente en los últimos meses del gobierno de Álvaro Uribe, lo ocurrido después de que Nicolás Maduro decidiera, hace un mes, cerrar los pasos fronterizos a la altura de Cúcuta hizo temer que todo ese trabajo se fuera por la borda.

Tal vez la mejor noticia que surge de la reunión del lunes entre Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro a instancias de los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y de Uruguay, Tabaré Vázquez, es que lo construido en ese lapso se puede rescatar. Junto con la decisión de disponer el regreso de los respectivos embajadores, la novedad más relevante fue la determinación conjunta de retomar la dinámica de las mesas de trabajo entre funcionarios de ambos Estados, iniciativa que data del encuentro entre el mandatario colombiano y Hugo Chávez, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, apenas tres días después del comienzo del primer mandato de Santos. Es importante este paso, pues se trata de una instancia que se había mostrado como la más activa en las relaciones con el país de la revolución bolivariana.

Hay que destacar, igualmente, el cambio en el tono. De las mutuas recriminaciones y afilados dardos de los que fuimos testigos en las últimas semanas se pasó a un diálogo marcado por términos bienvenidos y necesarios, como “serenidad”, “hermandad”, “respeto” y “convivencia”. Es de esperar que se siga avanzando por la senda del desescalamiento, todo lo contrario a lo que sucedía hace apenas una semana, cuando luego de cada declaración de Bogotá y Caracas la cuerda lucía más tensa.

En la contracara tenemos la mala noticia de que la frontera permanece cerrada y, no obstante la hoja de ruta trazada, que permite ser optimistas sobre una pronta normalización, la situación de anormalidad en la zona que perjudica a los habitantes de ambos lados se mantiene. Eso sí, y hay que reconocerlo, el nefasto capítulo de las deportaciones arbitrarias y las casas marcadas parece haber quedado atrás, aunque persisten denuncias de atropellos de integrantes de la Guardia Nacional, algunos de estos muy graves, como el de la denuncia de la muerte de dos indígenas wayús a manos de este cuerpo armado venezolano.

Así las cosas, hay que confiar en que la tónica favorable continúe hoy en la reunión entre funcionarios de las dos naciones, que tendrá lugar en Caracas; una dura prueba, pues se examinarán temas como la lucha contra el contrabando, que están en el ojo de este huracán.

Un ambiente que obliga a avanzar con pies de plomo, pues es bien conocida la distancia que separa los emotivos discursos presidenciales de los acuerdos con repercusión en la vida de los ciudadanos de lado y lado de la frontera. En este contexto, que sigue siendo frágil y crítico, no se ve cómo pueda encajar la iniciativa de tres expresidentes colombianos para conformar un bloque de exmandatarios que denuncie los atropellos ocurridos. De ahí que a estas alturas sea alto el riesgo de que este sea más un obstáculo que un catalizador.

editorial@eltiempo.com

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