La muerte de Carmen Balcells

La muerte de Carmen Balcells

Esta agente literaria tenaz y lúcida fue clave en una época gloriosa de la literatura en español.

21 de septiembre 2015 , 08:35 p. m.

Fue la gran agente literaria del siglo XX. Supo qué libros eran obras maestras antes de que lo tuvieran claro millones de lectores, y consiguió que el mundo entero comprendiera a los autores como los protagonistas de la trama editorial. Nació en Lleida (Cataluña), hace 85 años, en una familia de modestos terratenientes de la comarca de Santa Fe de Segarra. Tiempo después de llegar a Barcelona se convirtió en asistente de un agente literario rumano. Tenía veintiocho años cuando montó su propia agencia. Fue entonces, a finales de los cincuenta, cuando entró en contacto con escritores. Y con el paso de la nueva década fue transformando su lista de representados en un “quién es quién” de la literatura hispanoamericana de todos los tiempos: Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, ni más ni menos, fueron algunos de sus principales autores.

Si puede hablarse de una época gloriosa de la literatura en español, más allá del Siglo de Oro, sin duda esta es el llamado boom latinoamericano. Que, ya que fue no solo una era llena de hallazgos novelísticos, sino también un fenómeno editorial que cambió las reglas del juego –y convenció a millones de lectores nuevos–, tuvo que apoyarse en la tenacidad y la lucidez de Balcells para convertirse en semejante realidad. Ella, que conectó a España con América Latina por la vía de las letras y transformó la figura del agente literario en algo indispensable para los artistas de antes de internet, tenía un olfato insuperable para reconocer poetas clásicos en donde los demás solamente veían escribanos.

Consciente de los retos que enfrenta el mundo editorial en estos tiempos de “hágalo usted mismo”, Balcells se asoció el año pasado con el agente Andrew Wylie, y formó así un imperio infranqueable a favor de sus autores. Murió el domingo. Sus deudos han estado recordando desde entonces su lealtad, su valor. Vargas Llosa, quien cenó con ella hace dos noches, recordó que gracias a Balcells se empezaron a respetar los derechos de los escritores: “Dejará un vacío que nadie podrá llenar”, declaró.

editorial@eltiempo.com

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