El mundo despide a la editora Carmen Balcells, angular del 'boom'

El mundo despide a la editora Carmen Balcells, angular del 'boom'

La famosa agente literaria representó a más de 300 escritores de habla hispana y portuguesa.

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21 de septiembre 2015 , 07:31 p. m.

Hay en La Diagonal, la avenida que cruza Barcelona desde la montaña hasta el mar, un edificio por el que han pasado buena parte de los grandes escritores en castellano del últimos siglo. Está marcado con el número 580 y es el portal donde, al mismo tiempo, quedan la agencia literaria de Carmen Balcells y el apartamento en el que ella vivía.

En ese portal se han definido durante cuarenta años los asuntos literarios de seis premios nobel: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Miguel Ángel Asturias, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda.

También hay que ir allí para hablar de los derechos de Isabel Allende, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Manuel Vásquez Montalbán, Juan Carlos Onetti, Juan Goytisolo, Eduardo Mendoza, Alfredo Bryce Echenique y Juan Marsé, entre las decenas y decenas de escritores que la agencia maneja con mano firme ante unas editoriales que cada vez quieren menos literatura y viven más al fragor de los best sellers y otros libros de consumo instantáneo.

Carmen empezó a trabajar en los años sesenta bajo la tutela de Vintila Horia, un escritor rumano que poco tiempo después se ganó el Goncourt, el premio literario más importante de Francia y abandonó los negocios como agente.

Después tuvo tratos con Carlos Barral, el editor y dueño de Seix Barral, la casa editorial que también fue artífice de que lo que ahora conocemos como el boom de la literatura latinoamericana. Pasadas de estas dos experiencias, decidió montar su propia agencia y empezó a batallar en un mundo donde al autor no se le reconocía su valía y donde el interés de los editores de otras partes del mundo por la literatura en español era prácticamente inexistente.

Antes de Carmen Balcells, los editores obligaban a los escritores a firmar contratos vitalicios, no había control sobre las cifras de ventas, la mayoría de autores recibían regalías simbólicas o pagos miserables. Carmen trabajó para acabar esos contratos vitalicios, obligó a los editores a ser claros en las cuentas de ventas que presentaban, exigió por contrato que la distribución y promoción de los libros estuviera hecha de forma correcta y profesional. Carmen dignificó la profesión de escritor y ayudó a que grandes autores pudieran dejarnos obras que nos iluminaran por siempre.

Balcells era buena lectora y tenía olfato comercial, tanto que cuando apareció 'Cien años de soledad', ella supo que había llegado el momento de hacer de la literatura latinoamericana una literatura importante y aprovechó el tirón de la obra maestra de García Márquez para poner en el panorama de la literatura mundial a autores como Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa y Cabrera Infante. Con Balcells empezaron las traducciones de obras latinoamericanas a decenas de lenguas, empezó la presencia de libros con nuestras historias en todas las estanterías del globo y empezó la aparición de nombres castellanos en las listas de más vendidos en los países con las industrias culturales más potentes.

Se decía en el mundo literario que negociar con Balcells era hacerlo con Gabo, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, José Donoso y otros genios que protagonizaron el ‘boom’ de la literatura latinoamericana. Archivo / EL TIEMPO

No puedo imaginarme mi vida sin García Márquez, dijo varias veces Balcells para referirse a la relación que la unió hasta la muerte con el premio nobel colombiano. García Márquez y Carmen se crearon mutuamente y mantuvieron una relación que terminó por ser imposible de definir con palabras. ¿Carmen tú me quieres?, le preguntó Gabo un día.

No puedo contestarle eso al autor que pone el 36 por ciento de facturación de mi agencia, respondió la pragmática Carmen que así como era de maternal y colaboradora, tenía nervios de acero y podía ser la más implacable de las negociantes.

Fue gracias al trabajo incansable de esta agente que los escritores del boom pudieron dedicarse a escribir tranquilos.

No solo porque ella cuidaba de que pudieran vivir de sus derechos, sino porque se preocupaba de que tuvieran un lugar cómodo donde habitar y de que sus hijos asistieran a buenos colegios. Carmen cuidaba no solo la imagen literaria y política de sus autores, sino que se encargaba incluso de que sus esposas no se enteraran de los enredos de los escritores con sus amantes o de los hijos naturales que iban dejando en sus correrías por el mundo. Hijos que ella ocultaba con discreción al tiempo que ayudaba a desviar regalías para mantenerlos.

En ese apartamento mítico de Diagonal, 580 no solo se habló durante décadas de derechos de autor. En las cenas que Balcells organizaba para agasajar a sus autores se definieron asuntos políticos trascendentales para el continente, se crearon amistades y enemistades que incidirían en nuestra historia. Se concretaron planes para escribir libros que apuntalaron la consolidación de nuestros imaginarios y se crearon los planes y las estrategias que sirvieron para que nuestros mejores escritores pudieran mantener sus carreras siempre en alza literaria y comercial.

Balcells consiguió que no fuéramos los escritores latinoamericanos los que fuéramos por el mundo buscando un editor, sino que fueran los editores del resto del planeta los que viajaran a Barcelona a buscar nuestros libros. Sentada en su poltrona de la casa de Diagonal hablaba de los autores consagrados y de los nuevos que iba añadiendo a la lista de representados y a unos y a otros los defendía con admiración y tesón. Muchos nombres nuevos han logrado proyectarse en el mundo con su trabajo de las últimas décadas, Roberto Bolaño y Javier Cercas también han sido autores representados por su agencia.

La muerte de Carmen Balcells no es solo la muerte de una agente, es la muerte de toda una época, es el final de nuestro génesis literario. Ella y los autores que representó terminaron de poner las piedras fundamentales de una literatura que ya venía vigorosa de atrás, pero que necesitaba apuntalarse y consagrarse para darnos la seguridad y las certezas que ahora tenemos como escritores. Con su trabajo, Carmen Balcells nos creó a todos, incluso a los que no la tratamos ni la conocimos, incluso a aquellos que la ignoran o critican. La literatura latino americana es hoy un puerto firme del cual partir gracias a la fortaleza que demostró esta mujer cuando tocó alzar la voz y decirle al mundo que al escritorio de su incipiente agencia en la Diagonal estaban empezando a llegar los manuscritos de los mejores libros que se estaban escribiendo en aquel momento en el mundo.

Un día Gabo le preguntó por teléfono: ‘¿Me quieres, Carmen?, ella le respondió: ‘No te puedo contestar a eso, eres el 36,2 por ciento de nuestros ingresos’. Archivo / EL TIEMPO

Reacciones

“Fue mucho más que una agente o representante de los autores que tuvimos el privilegio de estar con ella. Nos cuidó, nos mimó, nos riñó, nos jaló las orejas y nos llenó de comprensión y de cariño en todo lo que hacíamos, no solo en aquello que escribíamos”. Mario Vargas Llosa

“Dejó de existir una mujer capital para el desarrollo de la literatura en el idioma español, por su visión de cómo volverla internacional (...) fue una de las (...) imprescindibles para que el ‘boom’ tuviera la resonancia que tuvo, una mujer admirable”. Jorge Volpi

“(Recuerdo)... la perspicacia como lectora, el talento para los negocios, la generosidad desbordante, la ocurrencia genial, la anécdota extravagante, la lágrima fácil, la risa constante, la autoridad intelectual y moral”. Eduardo Mendoza

“Era magnífica, abundante, sentimental y generosa. Me tomó bajo su ala cuando yo era una aspirante a escritora desconocida que venía del fin del mundo. Le debo mi carrera”. Isabel Allende

SERGIO ÁLVAREZ
Especial para EL TIEMPO
Acerca del autor: Sergio Álvarez ha publicado ‘La lectora’, adaptada para la televisión por el canal RCN y llevada al cine. Otras obras suyas son ‘Mapaná’ y ‘35 muertos’.

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