Editorial: Hay que planear y escuchar

Editorial: Hay que planear y escuchar

Por atender la falta de patios para buses del SITP, la Alcaldía no puede escoger cualquier espacio.

20 de septiembre 2015 , 08:31 p. m.

Las autoridades de la movilidad en Bogotá están, literalmente, saltando matones, como se dice coloquialmente, para conseguir espacio suficiente que les permita albergar a miles de buses del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP).

Son casi diez mil vehículos que requieren con urgencia un lugar donde estacionar, recibir mantenimiento, chequear recorridos, atender a sus conductores, etc. Toda una logística, en procura de brindar a los pasajeros un mejor servicio, más seguro y eficaz.

En reiteradas oportunidades nos hemos referido a la serie de obstáculos que han tenido que enfrentar los responsables del asunto para sacar adelante el SITP. Entre otros: la chatarrización de buses, la puesta en marcha de la operación, la asignación de rutas, hacer frente a las empresas que se quebraron, el lío de la unificación de tarjetas y la preocupante tasa de accidentalidad e inseguridad.

No obstante todo ello, la integración del servicio se consiguió. Pero, cuando se examina con lupa el resultado final, saltan a la luz inquietantes escollos. Y uno de ellos es, precisamente, la falta de sitios de equipamiento para atender la flota de buses azules, naranjas y demás, claves para que el modelo termine de ajustarse.

El decreto 294 del 2011 dio cinco años para habilitar tales lugares (comprar terrenos y dotarlos de los servicios necesarios); la Alcaldía lo hizo con 66 –no todos lucen hoy en buen estado, como lo reveló este diario en junio– y faltan 96 más, cuyo costo asciende a 4 billones de pesos. Por tanto, hay un afán de la Administración por encontrar más sitios que permitan atender 10.000 buses, hoy dispersos en la ciudad.

No estamos ante un tema menor. No contar con estos lugares está generando inconformismo entre la gente, testigo de cómo se han improvisado estacionamientos de buses azules en zonas residenciales, con todo lo que ello implica: ruido, contaminación, desaseo, deterioro de la malla vial, ventas ambulantes y demás. Los vecinos no se merecen semejante espectáculo.

Este es otro caso de improvisación, que comenzó en el pasado gobierno, cuando se echó a andar el modelo sin reparar en la complejidad que significaba el capítulo de las terminales para el parqueo y mantenimiento de lo que se nos ofreció como ‘la revolución’ del transporte público colectivo.

No por ello el actual gobierno debe actuar con la misma improvisación, sin evaluar la pertinencia, viabilidad y conveniencia de las zonas que se quieren destinar como espacios de equipamiento o como se los quiera llamar. Aquí no se puede actuar a la ligera, sin escuchar e informar a los ciudadanos, que no tienen por qué aceptar que las autoridades adelanten desarrollos urbanísticos que impliquen un alto impacto en la calidad de vida de sus habitantes.

Es lo que tememos pueda ocurrir en el cuadrante comprendido entre la avenida 19 y la transversal 18, y las calles 98 y 99. El Alcalde ha aclarado que no se expropiarán las edificaciones allí instaladas, como la clínica Barraquer, pero el proyecto de marras sí contempla usar terrenos aledaños para un proyecto del SITP, con un impacto devastador. El mismo que hoy sufren vecinos de Engativá, Suba o San Cristóbal. Otra herencia que tendrá que capotear el próximo mandatario de los capitalinos.

EDITORIAL
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